ESTADO MEXICANO: ¿ESTADO FALLIDO?
La construcción del régimen político constitucional en México no ha sido tarea fácil.
Pasamos por un proceso de independencia de la corona española, por la lucha encarnizada entre liberales y conservadores, entre federalistas y centralistas, por intervenciones francesas y estadounidenses, por imperios, por dictaduras, por la primer revolución social del siglo XX, por una fraticida lucha postrevolucionaria que se apaciguó con la consolidación de un régimen presidencialista de un partido hegemónico único, por distintos movimientos sociales emblemáticos a partir del movimiento estudiantil de 1968, la participación ciudadana derivada del sismo de 1985 y el creciente nacimiento de una oposición al régimen que culminaron con una fallida alternancia presidencial a partir del año 2000.
Si bien hemos tenido momentos fugaces de democracia, participación ciudadana, confianza en las instituciones y eventuales acciones gubernamentales exitosas, cierto es también que hoy vemos, con profunda pena, una evidente involución de nuestro sistema político que, en mi particular opinión, ha devenido en un estado fallido.
Hoy vemos con tristeza, el regreso de un sistema centralista, el regreso de un régimen presidencialista, el regreso de matanzas y ejecuciones masivas, leáse Tlatlaya, en el Estado de México y Ayotzinapa e Iguala, en el Estado de Guerrero, (¿Se habían ido?), el regreso de desapariciones forzosas (¿Ya no había?), el descrédito en un sistema judicial que a cada rato cambia de opinión en “nuevas reflexiones” en donde no hay percepción de una justicia pronta, expedita e imparcial, la falta de respeto a la investidura legislativa y presidencial son cada vez mayores.
Somos testigos y formamos parte de una sociedad volcada a la efervescencia tecnológica y material (pendientes del modelo de teléfono nuevo, de la moda, del producto milagroso, etc.), pareciera que los valores de la familia (base de la sociedad) y de la convivencia social han ido cambiando. Hoy la tecnología nos aleja de los cercanos y nos acerca de los lejanos.
No podemos soslayar la enorme influencia de los medios masivos de comunicación y las actuales llamadas redes sociales, hoy por hoy son un factor determinante en la vida diaria e incluso en la toma de decisiones. Pareciera que estamos en un proceso de evolución hacia la “mediocracia”.
Hoy pareciera que no existe un sello distintivo entre los diversos gobiernos, pareciera que las acciones gubernamentales exitosas son cada vez más remotas, pareciera que el ejercicio del poder es una mera rutina.
No parece haber solución a la crisis económica por la que estamos atravesando, los precios de los productos básicos siguen al alza, la gasolina, el gas y la luz lejos de disminuir (nota: promesa no cumplida) han seguido incrementándose.
Eso si, en medio de toda ésta crisis, nuestro flamante y culto presidente de la república estrenará el avión considerado como el más caro del mundo (se estima vale 6 mil 308 millones de pesos, nada más) ningún, que se lea bien, ningún jefe de estado en el planeta, ni siquiera de la potencias del llamado primer mundo, tiene un avión como el que, en breve, usará el presidente de nuestro país acompañado de su “gaviota”. El colmo: pueblo pobre, gobierno rico. Se estima que de los casi 120 millones de mexicanos, la mitad vive en la pobreza.
¿Qué podemos hacer? Expresar nuestra inconformidad, ser críticos, ser propositivos, procurar hacer el bien en lugar del mal, procurar evitar a los demás un perjuicio y buscar el beneficio común. Exijamos a través de los mecanismos de participación ciudadana lícita transparencia y rendición de cuentas a quienes nos gobiernan. Fomentemos valores en nuestros hijos y en los demás. Combatamos la apatía y el conformismo.
Quien esto escribe fue protagonista de los juegos en la calle, de las canicas, del balero, del trompo, de la educación escolar del reglazo, del jalón de orejas y del “gizaso”. Formo parte de una generación de la cultura del trabajo diario y del esfuerzo, estoy cierto que somos los más que pensamos en un cambio y con romper con ésta inercia negativa, de un régimen fallido.
A la reflexión!!
Mario Alberto Gallardo García.
Abogado (UJAT)
Esp. en Der. Constitucional (UNAM)
Mtro. en Derecho (EPED)
Correo: [email protected]