Este cuento se acabó
@UTufigno
Erase una vez un príncipe venido de tierras lejanas, tan lejanas como Atlacomulco. Este príncipe, que en realidad era un batracio transformado en príncipe por el hechizo de la televisión, tejió un reino de fantasía a su alrededor y parecía tener más magia que el Rey Midas –e incluso que el propio Carlos Slim- pues todo cuanto deseaba se convertía en realidad. Incluso, con la ayuda de un poderoso encantamiento que sonaba algo así como “Monex”, logró que los súbditos del reino perdieran la memoria y contrajeran una ceguera casi permanente. Así, el príncipe tocó los cielos y hasta fue considerado como “el príncipe del año” por parte de la comunidad que reina sobre todos los reinos.
Todo era felicidad en el reino del príncipe que reinaba acompañado por quien había sido la reina de los calendarios, pero eso no le importaba ya que no le prestaba atención a nada que tuviera letras. Bueno, hasta en el reino se llegó a decir que los numerosos libros que se podían ver en la biblioteca del príncipe en realidad eran parte de la decoración pues los compraba por metro cuadrado y con pastas de colores en combinación con la decoración del palacio real, mismo que había sufrido modificaciones pero de las cuales no daba cuenta el príncipe por su alta dosis de humildad y no quería hacer sentir mal a sus súbditos.
Este príncipe, a pesar de ser noble como debe ser, no cabalgaba en un caballo de raza árabe o en un caballo pura sangre pues eso hubiera sido signo de egoísmo, algo que él no tenía; por eso, para compartir sus escasos bienes terrenales aceptó la compra de un pequeño avión –nada ostentoso- en el cual podían transportarse cómodamente decenas de súbditos junto con él. ¡Qué mejor forma de compartir con los suyos!
Pero ocurrió un día, como suele ocurrir en todos los cuentos, que la tragedia llegó al reino. Las sombras se apoderaron del día y las noches se hicieron aún más oscuras; el silencio también se hizo cada vez más presente e incluso podían notarlo quienes habían estado sordos. A cada quien le llega su momento y había llegado la hora de la calamidad para el príncipe. Pero no era el momento de hacer reflexiones filosóficas -que de todas maneras no las hubiera podido hacer el príncipe-, sino que había que actuar porque la imagen del príncipe, construida a imagen y semejanza de un guión de telenovela, se derrumbaba. ¿Qué hacer?
Sé que ustedes, estimados lectores, se preguntarán ¿qué fue lo que pasó en el reino de la fantasía? Les contaré: sucede que en el reino del príncipe había otra serie de príncipes menores que tenían el contacto más inmediato con los súbditos del reino.
En otros reinos del mundo a esos principados menores le llamaban federalismo bajo principios democráticos, palabras que no se conocían en el reino del príncipe de nuestro cuento y por eso no entendía cuando le preguntaban por estos conceptos. Explicarles lo anterior es importante para que entiendan la tragedia del reino de la fantasía. Prosigo: un día, en uno de los principados más pobres del reino, un grupo de súbditos que se alistaba para participar en una marcha -que anualmente se organizaba el 2 de octubre- fue interceptado por policías de ese principado menor, policías que parecían obedecer a un grupo de la delincuencia organizada que estaba al servicio de un príncipe menor, o quizá era al revés, pero da igual. El caso es que a 43 súbditos se los llevaron con rumbo desconocido.
Unos días después de la desaparición de los 43 súbditos, el príncipe sólo pareció reaccionar cuando desde otros reinos le preguntaron por lo sucedido. Pero era demasiado tarde para el príncipe. La noche terminó por caerle encima cuando fueron encontradas varias fosas clandestinas que contenían a decenas de cuerpos, tal vez de los súbditos desaparecidos, quienes eran estudiantes de una escuela normal que siempre había sido incómoda para los príncipes de dicho reino; incluso se dice que cuando el príncipe presentó su primera propuesta educativa del reino, en sus planes estaba desaparecer esta escuela normal. Y así se acaba el cuento del príncipe del reino de la fantasía.