Falacias
Hace unos 2,300 años, Aristóteles deslumbraba por una inteligencia sin igual. Tanta fue su aportación a la construcción del razonamiento correcto que a partir de sus Tratados de Lógica podemos derivar una forma de calificar al gobierno de Peña Nieto: un gobierno de falacias. Calificativo que no supone una novedad pues el residente de Los Pinos lleva en sus genes la historia del periodo jurásico. Si la política y los políticos, en general, sufren de desprestigio, es a causa de la forma en la que se ha construido nuestra historia, muy especialmente la historia del Siglo XX en la que un solo partido dominaba la escena pública. Para los gobiernos tricolores la traición y la mentira son recursos sistemáticos en los que, además, son expertos.
Tal y como era su obligación constitucional, el 8 de septiembre el gobierno federal envió a la Cámara de Diputados la Iniciativa de la Ley de Ingresos y el Proyecto de Presupuesto de Egresos, más un conjunto de disposiciones a las que se les ha denominado ‘Paquete económico’ o ‘Reforma hacendaria’. Casi un mes antes Peña Nieto había enviado a la Cámara de Senadores la propuesta de ‘Reforma energética’; sin embargo, hasta el momento de escribir esta colaboración no se encontraba en la agenda del Senado la discusión de dicha propuesta. ¿Acaso la olvidaron? Mediante la ‘falacia del hombre de paja’ se construye una posición fácil de refutar pero con la segunda intención de poner en entredicho al adversario.
No es solamente un distractor, sino algo más complejo. En los días recientes veíamos cómo la discusión del ‘Paquete económico’ se centraba en propuestas fácilmente refutables: el IVA en colegiaturas, rentas de casa habitación e hipotecas. Ante el reproche generalizado, el gobierno federal argumentaba falazmente que esa propuesta retomaba las demandas históricas de la izquierda en materia de redistribución de la riqueza vía los impuestos. Y la ‘izquierda responsable’ caía en el engaño… o fingía el engaño.
Así, el verdadero fondo de la ‘Reforma hacendaria’ propuesta por el ejecutivo federal ha pasado casi desapercibido: el inicio de las acciones para la privatización del petróleo. Si se observa el contenido del ‘Paquete económico’, Peña Nieto propone una Ley de Ingresos sobre Hidrocarburos, ley que tiene el propósito de abrir brecha para la instauración del sistema de los contratos de utilidad compartida ya que modifica el actual régimen fiscal de Pemex –el motivo falaz por el cual se dice que tiene pérdidas- hacia uno en el que Pemex tribute en un esquema similar al de otras empresas.
Y si bien la entrada en vigor de esta nueva ley está prevista para 2015, contradictoriamente el mismo ordenamiento establece la posibilidad de que Pemex pueda solicitar –durante 2014- la migración de las asignaciones petroleras que actualmente tiene, a contratos de utilidad compartida. Por esa razón se abre un boquete económico que el gobierno busca tapar vía el aumento de los impuestos. No es casualidad que la cantidad que el gobierno pretende recaudar con el incremento impositivo sea casi equivalente a la pérdida que Pemex va a tener cuando aplique su nuevo régimen fiscal. La ‘Reforma energética’ no se entiende sin un mecanismo fiscal que compense la caída de la recaudación proveniente de Pemex ya que esta empresa ahora va a ser contribuyente de un régimen que, a diferencia de lo que ahora ocurre, le va a dejar una mayor cantidad de recursos para sí. ¿De qué otra forma podría convencerse a un inversionista de participar en la industria del petróleo si no es con la muestra de una mayor equidad fiscal? El gobierno federal argumenta que la mayor recaudación va a redundar en beneficios sociales para la población, tales como una nueva Ley de Pensión Universal y la Ley del Seguro de Desempleo, pero son dos falacias más. La pensión, supuestamente universal, no lo es porque –a diferencia de lo que ocurre en el DF- no va a ser un beneficio que se extienda a toda la población; por ejemplo, solamente se dará a quienes cumplan 65 años a partir de 2014, es decir, si una persona cumple 66 o 75 años en 2014 no tendrá derecho a la pensión. Por su parte, el seguro de desempleo se va a pagar únicamente a los trabajadores que coticen en alguno de los sistemas de seguridad social ¡con recursos del propio trabajador! ¿Así o más falaces?