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La Verdad del Sureste

Héctor Alejandro; Tempux Edax, una búsqueda constante

“No temo que me califiquen de obscuro, sino de aburrido”


Convencional no es. Desde la mirada profunda, que siempre pregunta. “No, es no quedarme quieto” dice, mientras nos sentamos en el sofá de Galería Alkhimia.
Originario de Villahermosa, Tabasco, Héctor Alejandro Hernández García estudió en CEIBA (Centro de Interpretación de las Bellas Artes) con el maestro Rogelio Urrusti.
Domina tinta y papel. Dice: “hay una memoria en lo que más se ejecuta, es lo que más se te impregna; hago óleo, acrílico, grabado no mucho porque soy medio ermitaño…”
Pregunta.- ¿Tempux Edax es tu primera exposición?
Héctor Alejandro.- No. Antes me reprochaba porque exponía pocas veces, porque soy un artista desde hace más de 20 años, pero mi producción no es vasta. Desde el principio he tenido la idea de exponer algo que valga, que cuente algo, que sacuda a alguien. No cosas comunes y acumular exposiciones sin tener una respuesta. Quiero decir algo con lo que expongo, ahora ya me perdoné, ya entendí, porque cuando empecé yo quería hacer una obra de acá, grande… pero es un camino más lento. Llevo 20 años tratando de exponer una historia que le diga algo a la gente.
Pregunta.- ¿Qué me quieres contar en Tempux edax?
HA.- En “el tiempo devorador” el hilo conductor de esta exposición es el representante de un ente, no es un ojo como tal, que te observa. En un principio pensé que ese ojo era Dios que te está observando y juzgando. Con toda la modernidad, empecé a ver que con las redes sociales, los seres humanos, ya suplantamos a Dios. Ahora todos están observando a todos; es la vulneración de la intimidad. Ya no le tenemos tanto miedo a Dios, sino al linchamiento social.
Pregunta.- Un cambio de perspectiva…
HA.- La gente está entendiendo de lo que trata, de la vigilancia, del castigo y eso para mí es importante. Yo quiero que el espectador encuentre diálogos. Tengo la satisfacción de que se acercan y me cuentan qué le dice mi trabajo. Es la finalidad: estoy comunicando.
Pregunta.- El planteamiento de la obra es un trasfondo social…
HA.- Sí, es la sociedad actual, lo que pasa. Son conceptos como el amor, la muerte, el paso del tiempo y todos envueltos en eso de juzgar. La única constante en el mundo: todo es perecedero. La entropía, ese principio que se aplica a estas cosas, todo lo que está ordenado, su única finalidad es degradarse. Como el cuerpo humano que es perfecto en su funcionamiento, pero que tiene un fin. Entonces mis personajes se enamoran, incluso hacen brujería, hacen supercherías, son seres comunes y corrientes.
Pregunta.- Háblame de esta alegoría, le comento mientras señalo un caracol.
HA.- Siempre me ha acompañado, el caracol, la concha marina que está soñando, aprisionada su vida y los ojitos siempre vigilando. Me movió una pieza de Silvio Rodríguez, “Canción de invierno”; habla de una mujer adulta que está sola, y yo saco de eso mi propia interpretación. Una mujer que no hace lo que tiene que hacer porque está juzgada, encerrada en su caparazón. Y así cada pieza, tiene una referencia, como en su momento la lectura de “Pedro Páramo” me movió hacer las piezas de las estaciones. El diálogo con la obra de otros lo incorporo en mi trabajo.
PROVOCAR ES FÁCIL
“No tengo miedo que me señalen de obscuro, sino de pintor aburrido –dice en respuesta a una interrogante-. Por eso en mi vida no he expuesto mucho porque quiero darle algo a la gente. Si te fijas no hallas en mi trabajo cosas obscenas, porque la provocación es fácil. Cháirez y su “Zapata”, provocar es tan simple. No quiero hacer eso. Que el debate sea la técnica y qué historia te cuento. Me defino como artista visual porque navego por etapas. El camino ha sido duro para que la gente se acostumbre a ver algo que no es habitual aquí donde hay mucho costumbrismo. Si hago un pejelagarto con muchos colores a la gente le va encantar y probablemente lo compren al precio que yo le ponga, pero ¿qué les estoy contando? Estoy llegando al límite del dibujo, quiero volver a pintar.
Héctor es un artista que pregunta constantemente lo que observa, y se pregunta a sí mismo. Disciplinado en el trazo, definido por una técnica aplicada sin miedo, en el dibujo no hay equívocos. ¿Estudió? Sí, lee y abreva ideas que explota con las temáticas de un tiempo que todo lo devora, que fenece en circunstancias que suelen ser incluso tremendamente cotidianas. Su universo está constituido por etapas, influenciadas según sus vivencias, su mirada que se extiende en lo cotidiano. Esa fuerza que le habita, se escudriña en su trabajo, la interrogante constante que le lleva a trazar un camino…hoy de tinta y dibujo.
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