La herencia del endeudamiento
“A las buenas costumbres nunca me he acostumbrado”, reza un verso de una canción de Joaquín Sabina. Entonces, cuando las malas costumbres tardan años o aun toda una vida, se vuelven normas.
Vemos con tristeza que la mala costumbre de generar deudas en gobiernos estatales y municipales se convirtió en un vicio ineludible de las últimas décadas del siglo pasado a la fecha. Podemos mencionar el caso particular del municipio de Jalapa que arrastra con la cruz del endeudamiento público desde hace más de treinta años.
La bola de nieve se tornó insoportable durante la administración de Antonio Priego Jiménez, puesto que se dedicó a desviar recursos del erario jalapaneco no precisamente para llevar a cabo las obras necesarias de mejoramiento ni el progreso del municipio. La gente se cansó del cinismo y la desfachatez de este personaje que no culminó su trienio y que supuestamente fue “juzgado” por la justicia tabasqueña.
La comunidad jalapaneca decidió castigar al partido que desde siempre había gobernado esta región y por primera vez la tradición priista sintió el desprecio de la gente que creía ciegamente en estas siglas. El cambio de régimen lo encabezó Luis Deyá Oropeza y el Partido de la Revolución Democrática (PRD).
Fue éste un cambio que traía la esperanza para el municipio serrano.
No obstante, al alcalde izquierdista le tocaría el régimen granierista-mayancista, y por lo tanto, el pueblo desobediente no obtendría los recursos necesarios para llegar a buen puerto.
La deuda ocasionada por el desvío de recursos del famoso Toño Priego aumentó y el cabildo liderado por Luis Deyá naufragó para dar paso al renacimiento del dinosaurio que representa actualmente el biólogo Ovidio Hernández Pérez. Claro está, que ese partido que vocifera ser “nuevo” aplicó las viejas prácticas antidemocráticas de la compra del voto y el mapacheo efectivos, estuvo detrás de dañino regreso. Hay PRI para rato.
El alcalde Ovidio Hernández acusa a la administración perredista de Luis Deyá como la principal causante de la escasez de recursos para invertir en obra pública y solicita al Congreso del Estado de Tabasco la autorización de una nueva deuda para el pueblo de Jalapa. ¿No hay leyes que obliguen a los alcaldes a sanear las deudas de los municipios y no empeorar la situación económica de éstos?
El Partido Revolucionario Institucional (PRI) alentó el dicho de que “entre gitanos no se leen las manos” pues se heredan unos a otros las deudas, pactan y realizan convenios. Es una verdadera maquinaria de empobrecer ciudadanos para asegurar su clientela.
Como resignación para algunos ciudadanos no queda más que repetirse a sí mismos que “más vale malo conocido que bueno por conocer”; sin embargo en casos como el del municipio de Jalapa esta máxima no hace más que hundir en el olvido y el rezago a su población. La nostalgia de la administración del extinto Luis Felipe Oropeza Luna es la única que vive en la memoria de lo que algún día fue el progreso del pueblo jalapaneco.
Un pueblo que merece un menor destino.