La ignominiosa historia de Madrazo no se olvida Parte XXIII

Tabasco vivió en crisis por la corrupción y el saqueo que caracterizó a su sexenio

Parte XXIII

 

El sexenio de Roberto Madrazo Pintado se caracterizó por ser un régimen autoritario, antidemocrático, represor, despilfarrador y profundamente corrupto. En esa administración aumentó la pobreza entre los tabasqueños y surgieron nuevas camadas de ricos. Con él inició la debacle de Tabasco, cuyos efectos perniciosos aún se resienten en la actualidad.
    No hubo obra pública de trascendencia, pero sí de relumbrón. La obra pública fue para los empresarios amigos y aliados, quienes fueron favorecidos con los mejores contratos, en pago por sus buenos servicios prestados cuando se rebelaron, por interés, al gobierno federal y evitaron que renunciara a la gubernatura en los días aciagos de enero del 95.
    Fue en su gobierno donde se comenzó a incubar la delincuencia organizada, y la común floreció como nunca: tenía licencia para asaltar, robar, matar, también por los “valiosos servicios” prestados en el desalojo de plaza de armas. La inseguridad se vivía y se sufría a diario. La policía se hacía de la vista gorda, y los ciudadanos, en la indefensión.
    La procuración de justicia se utilizó como instrumento de venganza o de ajuste de cuenta. Se vendía, además, al mejor postor. Impunidad total para quienes cometían delitos, sobre todo si eran aliados y amigos del gobierno madracista, y la aplicación de la ley sin miramientos a quienes tachaban de enemigos.
    En lo social, solo repartió dádivas y se aprovechó de la necesidad y el hambre de la gente para tenerla como reserva electoral en tiempos de elecciones. Las cifras no mienten. Los niveles de pobreza y marginación crecieron en su sexenio.
    El campo se abandonó a su suerte. Con Madrazo comenzó el declive de las principales actividades agropecuarias. No hubo apoyo a campesinos, productores, a los verdaderos trabajadores del campo, la ayuda y el financiamiento se repartió con fines políticos, acaparados por las centrales campesinas afines.  
    n lo político, prevaleció la represión y el autoritarismo como instrumento para acallar voces críticas y sofocar movimientos y protestas sociales, lo que sumió al estado en una ingobernabilidad permanente.
    Actores políticos, dirigentes y militantes de oposición, mayoritariamente del PRD, taxistas, trabajadores, campesinos, ciudadanos, y hasta priistas, sufrieron en carne propia la represión política ejercida a través de la fuerza pública comandada, primero por el general Zavala Medina, y después, por Roberto Vidal Méndez.
    Este último personaje es el encargado de armar, por instrucciones de Roberto Madrazo, los grupos de choque con el que se pretende reventar la elección extraordinaria del próximo domingo en el municipio de Centro.
    Es decir, a madrazos quieren generar condiciones para una nueva anulación, por eso le apostaron, como estrategia principal, a la guerra sucia, a sembrar el miedo con el tema de la inseguridad, la misma que prevaleció durante los sexenios priistas que antecedieron al gobierno perredista, actualmente en funciones.
    Vidal Méndez ha recurrido, como en el sexenio madracista, a pandilleros para armar su estrategia desestabilizadora. Quieren generar acciones delincuenciales para tratar de inhibir el voto o de reventar la elección si el resultado no le favorece a la candidata de su partido, el PRI. Así operaban en las elecciones cuando estaban en el poder y podían hacerlo con total impunidad.   
    Como Salinas, el maratonista tramposo de Berlín aplicó el “ni los oigo ni los veo”, a pesar de que todos los días se plantaban en plaza de armas o frente a la Quinta Grijalva, para exigir justicia, el cumplimiento de promesas de campaña, el respeto a sus derechos labores y una larga lista más de reclamos.
    Un gobierno insensible a las necesidades de la gente, al justo reclamo social. Puso oídos sordos a las exigencias de justicia, a los atropellos a los derechos humanos. Pisoteó la ley a su antojo y escamoteó los recursos a los gobiernos perredistas, que por derecho les correspondían.
    Sin autoridad moral, con el estigma de tramposo y simulador marcado en la frente, Madrazo Pintado enfrentó el descrédito que significó el escándalo generado por las cajas de la infamia, como sólo él lo sabe hacer: con un cinismo insultante, negando lo innegable. Además, desafiante, pendenciero.
    Bajo su gobierno se vivía en Tabasco el mundo del revés. Los malos eran quienes denunciaban las trapacerías y los buenos quienes las cometían. Eran los manifestantes quienes agredían a los antimotines y estos solo se defendían. A la cárcel iban a dar los que protestaban y exigían sus derechos, no los que robaban.
    Descubierto el despilfarro de 237 millones de pesos en su campaña, urdieron un maquiavélico plan para acusar al PRD de preparar acciones desestabilizadoras para tener al estado como rehén y frenar su desarrollo.
    Lo que pretendían sus operadores, era que los perredistas cayeran en el garlito, cometieran una pifia y así poder cobrárselas con represión y cárcel. Hasta acusaron a los perredistas de hacerle al “espionaje”, de “interceptar” llamadas de la cúpula priista.
    “Nosotros jamás vamos a actuar como ellos. No somos iguales ni tenemos un comportamiento salvaje como lo tuvieron los priistas el 19 de enero”, dijo el entonces dirigente estatal del PRD, Darvin González Ballina.
    Ese era el tratamiento que Madrazo Pintado le daba a quienes consideraba sus “enemigos”. Ahí estaba la Procuraduría General de Justicia del Estado para vengar afrentas, monumento a la impunidad, a la corrupción.
    Su titular, Andrés Madrigal Sánchez, tenía “negros antecedentes” de corrupción y una averiguación previa en su contra por el presunto delito de abuso sexual, según consignaron periódicos de nota roja de aquel tiempo. Además, se le acusaba de brindar protección a delincuentes y lenones.
    En tan solo ocho meses de gobierno madracista, la Procuraduría había recibido 39 recomendaciones de la Comisión Estatal de Derechos Humanos por violación a los derechos humanos, por dilación y vicios de procedimientos en las averiguaciones previas, entre otras arbitrariedades.
    En 27 recomendaciones se involucraba a Oscar Hernández Carbonell, quien era director de averiguaciones previas; 10 a Gregorio Arias Pérez, director de averiguaciones previas foráneas, “por brindar protección al jefe de la banda de roba carros Marco Polo Jack Chevillón Morales; y 6 a Hernán Bermúdez Requena, director del CRESET, por violación a los derechos humanos de reclusos.   
    Ese era el perfil de quienes trabajaban con Madrazo. Imagen y semejanza suya. De la misma calaña, miembros de la misma pandilla mafiosa, como calificó a su gobierno Andrés Manuel López Obrador.
    Por eso le resultó fácil a Madrigal Sánchez dar carpetazo al Tabascogate y dejar impunes a los responsables de ese monumental despilfarro con el que cometieron el fraude electoral del 94, incluido su jefe, principal artífice de ese robo a los tabasqueños.
    Madrigal Sánchez servía a los intereses de Madrazo, el maratonista tramposo de Berlín. Fue abogado defensor de los políticos madracistas demandados en múltiples ocasiones por cometer ilícitos contra la ciudadanía.
    Ninguno piso la cárcel, solo sus “enemigos”, como a los trabajadores de limpia pública del Ayuntamiento de Centro, que encarceló durante cuatro meses por exigir respeto a sus derechos laborales y reinstalación inmediata a sus puestos de trabajo de donde fueron echados por el alcalde Jesús Taracena Martínez, de manera arbitraria e injusta.
    Como aquí pusieron oídos sordos a sus reclamos, marcharon a la ciudad de México. Aquí y allá elevaron sus protestas, se pusieron en huelga de hambre. En lugar de buscarles una solución, los metieron a la cárcel, acusados de “secuestro”.  
    El asunto pasó a manos de la Secretaría de Gobernación. Subió la presión y, por arte de magia, a tres de los trabajadores encarcelados les “desaparecieron” el delito de secuestro. Casualmente “alguien” les pagó la fianza y abandonaron el Crecet.
    Ni su abogado defensor ni los familiares pusieron el dinero. Fue Madrazo. Ya sabía que Gobernación le iba ordenar dejarlos en libertad, pero, desafiante, solo liberó a tres. Dejó a uno en la cárcel y el asunto se volvió a tensar, a complicar.
    “Esto demuestra que Madrazo maneja a su antojo el Poder Judicial del Estado, y antepone la política a la procuración de justicia”, dijo Rafull Terán Sánchez, dirigente del llamado Frente Amplio de Lucha Democrática, el organismo que defendió a los trabajadores de los atropellos cometidos por Madrazo y su pandilla.
    Fue otro cantar para quienes participaron en la rebelión priista del 19 de enero, sobre todo si de empresarios y amigos se trataba. Para ellos hubo privilegios, prebendas, contratos, jugosos dividendos.
    Se hicieron negocios en alta en el gobierno madracista. El imperio de la corrupción, lo llamó López Obrador en su libro “Entre la historia y la esperanza”. En esa obra puso al descubierto “como un grupo muy reducido de personas han saqueado el estado y han sido en parte responsable de la situación tan angustiante que se vive, es decir, la pobreza que afecta a la mayor parte del pueblo”.
    La crisis que vivió Tabasco en el sexenio madracista, fue resultado de la galopante corrupción y saqueo que lo caracterizó. Por eso nadie cree ya en su palabra, carece de valor. Por eso la pregunta adquiere, hoy en día, mayor vigencia: ¿Tú le crees a Madrazo? Yo tampoco.
 

 

 

 


  

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