Incendio en penal de Honduras deja más de 350 muertos
Cuerpos calcinados abrazados a los barrotes, al parecer víctimas de la larga demora de los guardias en abrir las celdas, denunciada por defensores de los derechos humanos, fueron la escena descrita por sobrevivientes y autoridades
HONDURAS .- Más de 350 reos murieron calcinados o asfixiados en un incendio hoy en el penal de Comayagua, en el centro de Honduras, afirmó el ministro de Seguridad, Pompeyo Bonilla, sin descartar que la cifra aumente. Cuerpos calcinados abrazados a los barrotes, al parecer víctimas de la larga demora de los guardias en abrir las celdas, fue la escena descrita por reclusos sobrevivientes y por forenses y autoridades que ingresaron al amanecer a la prisión, ubicada 90 km al norte de Tegucigalpa.
Hay “más de 350 muertos, es un aproximado, no descartamos que sea un poco más, pero estamos verificando para dar una información oficial y exacta de la cifra de esta tragedia”, dijo Bonilla al dar el balance de lo que ya constituye el peor incendio en una cárcel en todo el mundo en la última década. Defensores de derechos humanos denunciaron negligencia y demoras en abrir las puertas de los reclusos. Se debe hacer una investigación exhaustiva”, dijo Andrés Pavón, presidente del Comité para la Defensa de los Derechos Humanos en Honduras. “Mi hijo se asfixió allí.
Los guardias no les abrieron la puerta para que murieran quemados. Si hubieran abierto la puerta se hubieran salvado. Había una gran balacera cuando los reos desesperados querían salir”, denunció Johel Leonidas Medina, 69 años. Aterrados por las llamas, los reos que lograron salir de sus celdas debieron además sortear disparos al aire de los guardias que, según testimonios, creyeron que se encontraban frente a un intento de fuga del penal, en cuya entrada está inscripta la frase “Hágase justicia aunque el mundo perezca”.
“La gente quería salir por el portón, pero nadie nos abría, levantamos entre todos las láminas del techo y saltamos por el techo, y saltamos un muro”, contó Fabricio Contreras, de 34 años, a quien salvar su vida le costó un tobillo quebrado, en el hospital Santa Teresa (Comayagua). El siniestro habría comenzado hacia las 22:50 locales del martes (04:50 GMT del miércoles) por causas aún desconocidas, y fue controlado por los bomberos unas tres horas después. En un mensaje al país en cadena de radio y televisión, el presidente Porfirio Lobo anunció la separación temporal de las autoridades penitenciarias para garantizar una investigación eficaz de las causas del incendio.
Desesperados, unos 300 familiares, que denunciaron una reacción tardía de los bomberos y del resto de las autoridades, se enfrentaron con la policía a pedradas, clamando por información de los reclusos en las afueras del penal. La histeria se desató al ser leída una lista de sobrevivientes: los familiares rompieron el cerco del penal y se agolparon en el patio frontal, lo que provocó el repliegue de los agentes, que controlaron los disturbios mediante disparos al aire. El secretario de la Organización de Estados Americanos, José Miguel Insulza, pidió a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) enviar una delegación a Honduras para investigar el incendio.
Hay “más de 350 muertos, es un aproximado, no descartamos que sea un poco más, pero estamos verificando para dar una información oficial y exacta de la cifra de esta tragedia”, dijo Bonilla al dar el balance de lo que ya constituye el peor incendio en una cárcel en todo el mundo en la última década. Defensores de derechos humanos denunciaron negligencia y demoras en abrir las puertas de los reclusos. Se debe hacer una investigación exhaustiva”, dijo Andrés Pavón, presidente del Comité para la Defensa de los Derechos Humanos en Honduras. “Mi hijo se asfixió allí.
Los guardias no les abrieron la puerta para que murieran quemados. Si hubieran abierto la puerta se hubieran salvado. Había una gran balacera cuando los reos desesperados querían salir”, denunció Johel Leonidas Medina, 69 años. Aterrados por las llamas, los reos que lograron salir de sus celdas debieron además sortear disparos al aire de los guardias que, según testimonios, creyeron que se encontraban frente a un intento de fuga del penal, en cuya entrada está inscripta la frase “Hágase justicia aunque el mundo perezca”.
“La gente quería salir por el portón, pero nadie nos abría, levantamos entre todos las láminas del techo y saltamos por el techo, y saltamos un muro”, contó Fabricio Contreras, de 34 años, a quien salvar su vida le costó un tobillo quebrado, en el hospital Santa Teresa (Comayagua). El siniestro habría comenzado hacia las 22:50 locales del martes (04:50 GMT del miércoles) por causas aún desconocidas, y fue controlado por los bomberos unas tres horas después. En un mensaje al país en cadena de radio y televisión, el presidente Porfirio Lobo anunció la separación temporal de las autoridades penitenciarias para garantizar una investigación eficaz de las causas del incendio.
Desesperados, unos 300 familiares, que denunciaron una reacción tardía de los bomberos y del resto de las autoridades, se enfrentaron con la policía a pedradas, clamando por información de los reclusos en las afueras del penal. La histeria se desató al ser leída una lista de sobrevivientes: los familiares rompieron el cerco del penal y se agolparon en el patio frontal, lo que provocó el repliegue de los agentes, que controlaron los disturbios mediante disparos al aire. El secretario de la Organización de Estados Americanos, José Miguel Insulza, pidió a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) enviar una delegación a Honduras para investigar el incendio.