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La Verdad del Sureste

Inundación en Tabasco: Tapar la tragedia con un dedo



Dirigente Estatal del Movimiento Antorchista de Tabasco

Hay fenómenos naturales que son inevitables, que el hombre no puede modificar. La ciencia ha ido descubriendo en que fenómenos de la naturaleza y de que modo puede intervenir, pero la gran mayoría de ellos ocurren sin que el hombre pueda hacer nada para alterarlos; el carácter objetivo de los desastres naturales que golpean a la humanidad es un hecho incontrovertible. 
    Lo que no es ajeno o exterior a la conciencia del hombre, y por ello no es independiente de su voluntad y de su acción, también ha variado y ha dependido de los avances en la ciencia, de los ingenios tecnológicos y de la capacidad organizativa de los grupos humanos; la respuesta del hombre a los desastres naturales es, aunque poco a poco, cada vez más eficiente.
    Pero hay otros factores que determinan este elemento subjetivo, precisamente por ser subjetivo: la conciencia, la voluntad y los intereses económicos y sociales de los mismos hombres. Nadie ignora ni nadie deja de condenar las horrendas acciones de determinados grupos humanos contra la naturaleza (y contra la humanidad misma) con tal de obtener jugosas ganancias, cosa perfectamente posible y consecuente con esta economía de mercado, con esta sociedad en la que, como dijo mi compadre, el hombre amanece diario a dos cosas: a despellejar a los otros y a no dejarse despellejar de los otros. Con los desastres naturales y nuestra respuesta a los mismos no podía ocurrir de otro modo y esto no es menos incontrovertible. 
    Por ello nos encontramos con hechos u omisiones de personas e instituciones tan absurdamente inexplicables y sólo entendibles por la falta de esa conciencia, voluntad e interés hacia los afectados por esos desastres.
    Lo que ocurre en Tabasco, golpeado por las lluvias atípicas de noviembre, diciembre y principios de enero y las anegaciones provocadas, no se puede explicar de otro modo: Las lluvias son inevitables, los efectos desastrosos de las mismas y el auxilio a los afectados sólo son nuestra culpa en la medida en que tengamos capacidad de respuesta, tecnológica e institucional, pero también en la medida de nuestra conciencia, voluntad e interés por hacerlo.
    Todo esto me viene a la mente al observar el desastre y la respuesta de los gobiernos municipales, estatal y federal, en contraste con la respuesta del pueblo de Tabasco, sobre todo de los afectados. Puntualizo brevemente:
    Las presas estaban en focos amarillos desde principios de noviembre, los pronósticos meteorológicos alarmantes, desde octubre. Las primeras anegaciones se presentaron desde finales de octubre, los primeros desbordes de causes, lagunas y vasos, desde la primera semana de noviembre y se desataron, en prácticamente todos los lugares afectados, desde el 22 de diciembre. En contraste, las primeras “visitas” de las autoridades a los lugares afectados (con las excepciones de los ayuntamientos de Nacajuca y de Huimanguillo, que a los tres días estaban repartiendo despensas) se vieron hasta finales de diciembre, con algunas despensas para la foto, y de ahí hasta este año; El Secretario de Gobernación, Lic Miguel Ángel Osorio Chong, vino hasta el 7 de enero.
    Las comunidades afectadas, inmediatamente solicitaron el apoyo del gobierno estatal, de la forma correcta, con solicitudes, listas, fotos, comisiones, antesalas, etc. El Gobierno no sólo les ignoró, sino que les quiso “dar manejo” rebotándolos en las diferentes dependencias y sin la intención de atender las peticiones. Lo mismo hicieron los ayuntamientos de Centro, Centla, Macuspana y Jonuta, quienes además podían echarle la culpa al gobierno del estado como pretexto a su falta de respuesta. El Ayuntamiento de Centro, además, tuvo la osadía de culpar a “la Lluvia (lo que más bien se tomó como burla y no como una simpleza) y a la gente por no recoger su basura”. Esto último si resultó una verdadera burla, ya que las colonias del municipio de centro llevan años solicitando la limpieza de drenes y vasos reguladores. Y ni que decir del cárcamo de rebombeo de Gaviotas Sur, que está funcionando con una sola bomba reparada, siendo que ya había venido el gobernador y el presidente de Centro a anunciar con bombo y platillo una inversión millonaria y que ya se tenía una bomba nueva y más potente, que no se colocó por negligencia. La única bomba funcionando no dio abasto y la bomba vieja, aun instalada, no se pudo echar a andar “por falta de Diésel”. El resultado: más de 10 mil personas anegadas de aguas negras.
Los colonos de Gaviotas Sur fueron a solicitar bombas móviles para desalojar el agua y… se las negaron. Fueron ellos los que, como pudieron, limpiaron la entrada del cárcamo para que pudiera desalojar el agua más rápido; de todos modos, la mayoría de ellos pasó la “nochebuena” en aguas negras. 
    En vista de la desgracia y de la falta de atención de las instituciones, los afectados comenzaron a manifestar su descontento cerrando carreteras y denunciando en las radiodifusoras. El 3 de enero los habitantes de 28 comunidades de Centla marcharon bajo el agua y se manifestaron frente a palacio estatal hasta que alguien les atendió y les ofreció respuesta; el lunes 6 de enero, Gaviotas Sur marcha con 700 personas, también bajo el agua, hasta que se les recibe en palacio sólo para hacerles lo mismo que a los de Centla: rebotarlos de oficina en oficina y sin respuesta a sus demandas. Un funcionario de la Secretaría de Gobierno se atrevió a afirmar que detrás de las manifestaciones había intereses políticos; nunca demostró esos intereses políticos, pero si demostró, sin darse cuenta, que la actitud del gobierno del estado ante esas manifestaciones sí estaba viciada por intereses políticos. Esto coincide con las versiones que han corrido en Centla y Centro, según las cuales los ayuntamientos han amenazado a los delegados diciendo que los que participen en estas manifestaciones coordinadas, “no van a recibir ningún apoyo”
    Los burlados, anunciaron nuevas movilizaciones. Eso, y probablemente la visita del Lic. Osorio Chong al siguiente día, hicieron que el gobierno rectificara y les enviara unas brigadas médicas y unas despensas, que los colonos y campesinos aceptaron, pero advirtiendo, en una posición digna, que yo aplaudo, que “no querían despensas, sino obras hidráulicas que previnieran futuras anegaciones y el apoyo del Fonden”. Ya se han hecho supervisiones de los 3 niveles de gobierno y se prometieron reuniones de trabajo colegiadas para revisar las obras que solicitan los colonos. Una de esas reuniones, la más importante, se realizará el lunes 13 de enero, por lo que los colonos de Gaviotas Sur, a quienes ya se le unieron los de Gaviotas Norte, La Manga III, los 3 sectores de El Monal, los 2 de Armenia y Valle Verde, así como la Francisco Villa de Indeco, entraron en tregua en sus manifestaciones. 
    Es necesario insistir en la necesidad de que “le caiga el veinte” al gobierno, porque no se mira que haya comprensión, sobre todo del estatal y los municipales al incumplir con la modernización del cárcamo, tener abandonados desde hace 18 años drenes y vasos reguladores, no atender oportunamente a los afectados, burlarse de ellos, acusarlos de manipulación política, amenazarlos con negarles el apoyo por organizarse para luchar y no querer resolver sino entregando unas cuantas despensas (¡resulta insultante la actitud del municipio de Centro que repartió 50 despensas en una colonia con más de 10 mil afectados!) o declarar, como el Coordinador Estatal de Protección Civil, César Burelo Burelo, que hay “60 mil afectados”, cuando estos son ya más de 260 mil: ¡quien se lo va a creer si solamente en un sector de Gaviotas son más de 10 mil y en Simón Sarlat, siendo una sola de las más de 50 comunidades afectadas del municipio, son más de 6 mil habitantes! Mejor hubiera sido que se quedara callado.
    Hago votos sinceros porque esas reuniones traigan resultados a los afectados, pues serían resultados para todo el estado. La reunión del lunes y las ulteriores deberán dar frutos en obras que si bien no puedan evitar los desastres naturales, contribuyan a atenuar sus efectos negativos. Eso es lo que debe hacer el gobierno, y no intentar hacer lo que no se puede: tapar la tragedia con un dedo. No se lo van a permitir los afectados, que ya demostraron que ellos sí tienen conciencia, voluntad e interés para que se resuelva.

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