Las simulaciones de Llergo Latourniere
El abogado priísta Mario Llergo Latourniere continúa su querella contra el DIF estatal por tráfico de influencias, específicamente contra Sergio López por haber otorgado contratos millonarios a un familiar. Son acusaciones que el Llergo Latourniere tendrá que comprobar con los documentos legales que las autoridades le soliciten.
Sin embargo, este abogado parece dedicarse a buscarle las piedras en los zapatos del gobierno actual.
De acuerdo al actuar de las huestes de partidos políticos, los priístas durante más de ochenta años han cultivado e institucionalizado ciertos conceptos como “información reservada o privilegiada”. Esto lo sabe muy bien el abogado en cuestión.
Tal información privilegiada la originaron varios de los funcionarios del exgobernador Andrés Granier, entre ellos la profesora Beatriz Luque Greene (Secretaria de Educación); Fabián Granier Calles, con sus múltiples escándalos de tráfico de influencias; Luis Felipe Graham Zapata (Secretario de Salud); Héctor López Peralta (Secretario de Obras Públicas); José Sáiz Pineda y muchos otros exfuncionarios granieristas que cambiaron su residencia a otras entidades del país, principalmente la península yucateca.
La máscara de Mario Llergo Latourniere, de ir detrás de la justicia y su aplicación correcta, es cuestionable, pues la justicia no pertenece a un partido o fracción política, no es bandera de intereses particulares sino que ésta se aplica a todo individuo perteneciente a cualquier grupo social o cofradía. Y el letrado en cuestión lo sabe perfectamente.
No obstante, el tono incisivo de sus acusaciones no hace más que demostrar la búsqueda de la revancha partidista. Los gobiernos priístas han avanzado apoyados en los vicios arriba mencionados y conocidos por los ciudadanos. No puede haber honestidad probada sólo con acusaciones hechas por el abogado Mario Llergo, es decir, él ha callado demasiada corrupción dentro del régimen que ahora no gobierna en Tabasco; por lo tanto, no posee la credibilidad necesaria para señalar culpables y su modo de actuar no es más que irónico para sí mismo y el partido político al que pertenece.
Para acusar, en el caso de Llergo Latourniere, no sólo basta con las “pruebas” que él presente jurídicamente, sino aquí también se trata su ética profesional. Es decir, acusa supuestos ilícitos al bando opuesto pero calló y no reconoce ilícitos cometidos por sus correligionarios políticos. ¿Es esto congruente? Quien acusa debe tener las manos completamente limpias, o por lo menos seguir los procesos jurídicos correspondientes.
Mario Llergo ha sido juez y parte dentro de su partido y sin embargo había vivido en el silencio. En este diario se ha recordado el escándalo de las petunias, aquellas macetas adquiridas durante la administración municipal pasada. Ahora es juez contra el gobierno de Arturo Núñez pero fue cómplice de la corrupción del gobierno granierista. Es un juez que ha vivido del cinismo y una calidad moral cuestionable de acuerdo a la ética profesional; es demasiado evidente el rencor sectario al convertirse en el “yo acuso” contra un gobierno nuñista que tiene la responsabilidad de sanear las arcas públicas del estado de Tabasco después del saqueo del equipo de secretarios granieristas. El señor Mario Llergo es uno más de aquellos simuladores que se han erigido críticos del gobierno de Arturo Núñez Jiménez, pero fueron cómplices de un desfalco que ahora tiene que pagar el pueblo de Tabasco.