“LO QUE DIGA LA GENTE, ESO VAMOS A HACER”
Con esas palabras, estuvo promocionando su encuesta para aumentar las tarifas del Metro de la ciudad de México el Jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, y así estuvo tratando de convencer a los usuarios de que habría absoluto respeto a los resultados que arrojaran los 7 mil 200 entrevistados que deberían hablar por los millones que diariamente viajan en esta parte del Sistema de Transporte Colectivo de la capital del país. Tres empresas con 90 encuestadores se encargarían de aplicar los cuestionarios para tomar (o no) la decisión de subir el costo del pasaje de tres a cinco pesos. Una especie de ejercicio democrático confiado a empresas particulares.
No puedo probar ninguna inclinación indebida por parte de ninguna de las tres empresas encargadas de recabar las opiniones, pero no se me ha olvidado todavía que un tal Ciro Gómez Leyva, estuvo divulgando diariamente y en horario estelar, “tendencias” de las elecciones presidenciales pasadas y, luego, cuando la realidad resultó estar muy alejada de las presuntas previsiones, simplemente dijo que se había equivocado; un “usted disculpe” a millones de mexicanos embaucados. Además, el propio Licenciado Enrique Peña Nieto, sostuvo en su libro, “México, la gran esperanza”, que sólo el 27 por ciento de los mexicanos se siente satisfecho con la democracia en la que vive, así de que nadie deberá espantarse si a la postre resulta que los encuestados del Metro escogieron diligentes y sin chistar, el árbol donde habrían de ser colgados.
Escribo antes del día 5, fecha en que se ha prometido divulgar los resultados del sondeo, desconozco, por tanto, lo que habrá de publicarse y hacerse; no obstante, vale la pena que los capitalinos, los del estado de México y, en general, todos los mexicanos mínimamente críticos, tengan en cuenta algunos elementos que pueden ayudar a valorar la justificación de la medida, la buena fe con la que se solicita la opinión del respetable y las posibilidades que se abren con tan interesante ejercicio.
En cuanto a la justificación de la medida no hay que bucear muy hondo, ni ir al Archivo General de la Nación, por estos días precisamente, la prensa da cuenta de que, sólo como ejemplo, los representantes de los agobiados trabajadores a quienes se solicitan dos pesos más por cada viaje, los tres Diputados miembros de la Comisión de Gobierno de la Asamblea Legislativa del DF, se otorgaron a sí mismos, y como pequeña retribución a su talento y su esfuerzo sin parangón, bonos por 14 millones de pesos en diciembre de 2012. ¿No aliviaría un poco al Metro, una pequeña rebaja a tan abundantes honorarios? Item más. Los banqueros de México, es decir, los bancos extranjeros que operan en México vieron subir sus utilidades en este año nada menos que 16.5 por ciento con respecto al año pasado. ¿No le ayudaría también al mantenimiento y desarrollo del Metro, la aportación de una pequeña parte de estas ganancias como pago de impuestos a este sufrido país? Así de que, en cuanto a la justificación de la medida, lo menos que puede decirse es que -si de verdad es necesario aumentar los ingresos- no se han explorado a cabalidad otras posibles fuentes de recursos, se van, simplemente, sobre el bolsillo del más indefenso.
En cuanto a la buena fe con la que se procede al aplicar los cuestionarios, no creo que la jornada de seudo votaciones por el aumento de las tarifas del Metro resistiera ni siquiera las más laxas medidas de certeza y equidad. Mientras que en los procesos electorales se especifica que debe haber un equilibrio mínimo entre los contendientes para hacer campaña por sus candidatos y programas (eso cuando los tenían, porque, con el Pacto por México, me empiezo a preguntar si no tenemos ya un solo partido y pagamos varios) y toda la propaganda debe ser suspendida y alejada de los centros de votación. En esta original toma de opinión -“que respetaremos”- los adversarios del aumento, no gozaron de financiamiento, ni prensa ni paredes del metro para colgar sus mensajes, ni nada, simplemente en el ejercicio democrático se les avasalló y ¿qué decir de la sugerente propaganda a la vista de los encuestados? Por todos lados estuvieron mensajes como éste: “¿Sabías que…? El costo real de un boleto es de 10.50 pesos y que el gobierno de la ciudad de México pone 7.50 pesos por cada persona que viaja en Metro. Si contamos con mayores recursos tendremos un mejor servicio”. Así es de que con mensajes que empujan la respuesta del encuestado, que lo animan (con mentiras porque no es el GDF el que pone los 7.50 pesos extras sino la población trabajadora del país), en una palabra, que lo manipulan, ¿puede hablarse de una consulta con buena intención?
Pero todo en el mundo tiene su lado negativo y su lado positivo. Hasta la demagogia puede tener alguna utilidad. A unos compañeros y a mí se nos ha ocurrido que aprovechemos el ejercicio de Miguel Ángel Mancera y el GDF para impulsar una consulta ciudadana en todo el país para saber si la población está o no de acuerdo en un aumento generalizado del salario. La propaganda para convencer a los reacios de la bondad de la medida, podría decir más o menos así: “¿Sabías que…? El costo real de la manutención diaria de un obrero y su familia es de 500 pesos y que, para sobrevivir con lo que actualmente se le paga, tiene que mandar a trabajar a su esposa y, no pocas veces, a sus hijos a trabajar y que, aún así, tiene que abstenerse de consumir hasta lo indispensable? Con un salario de 500 pesos diarios, podría adquirir una vivienda digna, vestido adecuado, alimento suficiente, las medicinas necesarias y hasta tomar de vez en cuando unas modestas vacaciones con la familia y proporcionar, por tanto, un mejor servicio”. ¿Qué les parece la iniciativa? ¿La empujamos? Me atrevo a asegurar que la tenemos ganada.