Los de abajo

Entre el comercio y el disfraz electoral: la peligrosa pirueta de la CANACO

 


El terreno político de Tabasco de cara al 2027 ha comenzado a registrar sus primeros conflictos éticos, y el más reciente tiene como escenario a la Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo (Canaco Servytur) Villahermosa. 

 

Lo que debió mantenerse como un organismo de representación empresarial y fomento económico ha terminado por prostituirse en un burdo trampolín político, vulnerando no solo la confianza de sus agremiados, sino violando flagrantemente la legalidad.

 

El llamado de la presidenta de la Canaco local, Leidi Susana León Sánchez, para integrar un "frente común opositor" en contra de Morena es, jurídicamente, un suicidio institucional. 

 

El Artículo 4 de la Ley de Cámaras Empresariales y sus Confederaciones es tajante: estos organismos son de interés público y tienen estrictamente prohibido participar en actividades partidistas.

 

Al pretender usar las siglas de la Canaco como un búnker de la oposición, León Sánchez no solo torció la ley, sino que arrastró el prestigio de los comerciantes al fango de la disputa electoral.

 

Sin embargo, detrás de esta supuesta "cruzada ciudadana" no hay una auténtica preocupación empresarial, sino los hilos de un operador que conoce a la perfección el juego sucio de la política local: Evaristo Hernández Cruz. 

 

El polémico exalcalde de Centro, hoy flamante coordinador político del Partido Verde Ecologista de México (PVEM), ha vuelto a hacer gala de su pragmatismo maquiavélico. 

 

Fue él quien tejió las pláticas en lo oscurito con Susana León para ofrecerle una candidatura bajo las siglas del tucán, operando una jugada de tres bandas para desestabilizar la plaza.

 

Es aquí donde la indignación de Morena, verbalizada con precisión por su representante electoral Roberto Romero del Valle, cobra total validez. 

 

Romero del Valle calificó el hecho como una "incongruencia" monumental: ¿Cómo se puede convocar a un frente para derrocar a Morena y, al mismo tiempo, aceptar con una sonrisa una candidatura del PVEM, un partido que se dice aliado histórico de la llamada Cuarta Transformación?

 

La realidad es incómoda pero evidente: en Tabasco, el PVEM no actúa como un socio leal; opera abiertamente como un adversario emboscado que devora posiciones a costa del partido guinda. 

Mientras a nivel nacional se toman la foto de la unidad, en lo local el Verde se ha convertido en el refugio y matriz de los intereses que buscan descarrilar al oficialismo.

 

Ante este escenario de simulación, la dirigencia estatal de Morena no puede ni debe quedarse de brazos cruzados. Sería un error de cálculo mayúsculo normalizar la traición disfrazada de estrategia interna. 

 

Es momento de que Morena le exija cuentas claras y enérgicas al dirigente estatal del PVEM, Diego de la O.

 

Diego de la O debe responder por qué su partido se presta a este juego sucio y por qué tolera que sus coordinadores, como Evaristo, pesquen en el río revuelto de las cámaras empresariales violentando la legislación. 

 

Si el PVEM quiere mantener los privilegios y posiciones que le otorga la alianza con el partido en el poder, debe comportarse con la altura y la ética que un pacto político exige. 

Ahora le toca a Morena poner las reglas sobre la mesa frente a un aliado que, en el pecado de la ambición, está entregando las evidencias de su propia deslealtad.

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