Los de abajo
Rocha Moya, aplastado por su propia audacia
El efímero retorno de Rubén Rocha Moya al Gobierno de Sinaloa concluyó con una nueva solicitud de licencia por tiempo indefinido ante el Congreso local, fulminado por el deslinde de su propio partido y un severo manotazo en la mesa por parte de la presidenta de la República.
La crisis política del mandatario estatal, bajo investigación judicial y los señalamientos en Estados Unidos, que el Departamento de Justicia no ha podido probar hasta ahora, escaló a niveles insostenibles en menos de 48 horas.
Lo que pretendía ser una audaz maniobra de reinstalación para recuperar el fuero constitucional terminó convirtiéndose en su definitivo juicio de desalojo político por parte de la llamada Cuarta Transformación.
El viernes por la mañana, Rocha Moya irrumpió en la escena sinaloense con un video que pretendía emanar victoria. Tras 112 días de una primera licencia obligada por los sismos informativos de la justicia estadounidense, el político sinaloense anunció que reasumía la gubernatura "con la frente limpia y en alto".
El hecho de que hasta hora el gobierno estadounidense no ha podido entregar las pruebas que lo incriminen con el Cártel de Sinaloa, le hizo suponer que podía regresar sin más a la gubernatura sinaloense.
El gobernador calculó que el peso de las siglas de su movimiento bastaría para cobijar su retorno. El cálculo fue desastroso. Todo mundo cuestionó ese repentino retorno. Sintió todo el peso del reproche desde todos los frentes de la 4T.
La respuesta de la dirigencia nacional y de gobernadores no fue de solidaridad, sino de un fulminante deslinde institucional.
Primero, la Secretaría de Gobernación atajó el golpe aclarando que la reincorporación respondía a una decisión "estrictamente personal". Minutos después, el partido Morena emitió un frío comunicado manifestando que ni siquiera habían sido informados del movimiento.
El golpe de gracia llegó desde la cuenta oficial de la presidenta de México. Con la precisión quirúrgica de quien dicta una sentencia política sin necesidad de citar el nombre del condenado, la mandataria lanzó máximas lapidarias: La ambición desnuda del poder por el poder", "el poder sin principios se vuelve arrogancia" y "el poder sin límites se convierte en abuso".
Para el entorno presidencial, la maniobra de Rocha Moya no solo representaba un desacato a la disciplina del movimiento, sino un lastre intolerable para la narrativa de honestidad que busca proyectar el Ejecutivo federal.
En la lógica del nuevo régimen, los activos individuales jamás deben pesar más que la estabilidad del proyecto colectivo.
El sábado, la soledad del gobernador se tornó absoluta. Los 23 gobernadores emanados de Morena suscribieron un inusual y severo pronunciamiento exigiéndole "madurez y responsabilidad", advirtiendo que las agendas de facción atentan contra la lealtad al pueblo.
Figuras internas del partido, legisladores e incluso la base militante criticaron abiertamente lo que calificaron como un intento burdo de garantizar impunidad.
Sin el cobijo de la Federación, repudiado por la dirigencia nacional y cercado por la exigencia de la oposición que demandaba su desafuero inmediato, Rocha Moya firmó su rendición 34 horas después de haber cantado victoria.
Su carta al Congreso del Estado de Sinaloa solicitando licencia con carácter indefinido fue el último trámite de un derrumbe político anunciado.
El Congreso estatal aprobó por unanimidad la separación del cargo este domingo. Mientras las comisiones legislativas preparan la sesión extraordinaria para ungir una nueva gubernatura interina, el mensaje que queda flotando en el ambiente político nacional es claro: en el tablero del poder actual, nadie es lo suficientemente indispensable como para comprometer la credibilidad presidencial.
Rocha Moya intentó salvarse usando el escudo del movimiento, y terminó aplastado por el peso de su propia audacia.