Los de abajo
El nuevo fracaso de Adán Augusto
La política es de tiempos, pero sobre todo, de mensajes. El Senado de la República acaba de enviar una señal nítida y contundente que resuena con fuerza desde la Ciudad de México hasta el trópico: el poder de Adán Augusto López Hernández hacia el interior de la llamada Cuarta Transformación se está desmoronando de manera acelerada.
Su más reciente intento de demostración de fuerza terminó en un rotundo fracaso al no poder imponer a su incondicional, Óscar Cantón Zetina, en la presidencia de la Mesa Directiva, perdiendo la posición ante el mexiquense Higinio Martínez.
Para los analistas que siguen de cerca las entrañas del partido oficial, el desenlace era predecible. En los pasillos de la alta política nacional existía un consenso tácito: nunca iban a dejar pasar a Cantón Zetina, y mucho menos arropado por la sombra de Adán Augusto.
La postulación nació muerta no solo por las dinámicas del centro, sino por el desgaste de una figura que ha convertido la interlocución en un recurso agotado. Analistas políticos confirman lo que ya se nota en el vacío de las votaciones: Adán Augusto ha dejado de ser un interlocutor confiable para la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.
Aquella época donde el tabasqueño destrababa acuerdos y operaba con manga ancha ha quedado en el pasado; hoy, su peso político estorba más de lo que concilia.
Por su parte, la figura de Óscar Cantón Zetina personifica una constante en la política local: el arte de ubicarse, de manera casi matemática, en el lado incorrecto de la historia.
El historial de Cantón es el de un camaleón que siempre salta al barco equivocado justo antes de que este encalle, una necedad pragmática que explica por qué, a pesar de sus eternas aspiraciones, siempre le ha ido mal en sus proyectos personales o, mejor dicho, sus ambiciones personales.
Su alianza actual no es la excepción. Intentar alcanzar la cumbre senatorial de la mano de un operador en decadencia como López Hernández era una crónica de un fracaso anunciado.
El trasfondo de este revés es profundamente local, pero de impacto nacional. Tanto el exsecretario de Gobernación como el propio Cantón Zetina se han dedicado a tejer alianzas y operar de manera sistemática para golpear y desestabilizar en Tabasco el proyecto del gobernador Javier May Rodríguez.
El intento de Adán Augusto por colocar a Cantón en la Mesa Directiva del Senado no era una simple búsqueda de representación legislativa; era un intento desesperado por construir un búnker político para mantener vigencia, retener privilegios y seguir operando el fuego amigo contra el gobierno tabasqueño.
Sin embargo, su estrepitosa caída de la coordinación de la bancada morenista meses atrás —hoy en manos de Ignacio Mier— ya había dejado claro el rumbo de las cosas: un legislador sin el control del grupo parlamentario difícilmente puede dictar condiciones, y mucho menos pretender heredar posiciones de relevancia institucional.
La estrepitosa derrota en la Mesa Directiva sella el destino de un grupo político que pecó de soberbia. Obligado a ver los toros desde la barrera y reducido a un simple voto en el escaño, Adán Augusto comprueba que el teléfono directo con el poder presidencial se ha desconectado de forma definitiva.
Mientras tanto, Cantón Zetina suma una raya más al tigre de sus derrotas históricas. En Tabasco y en la capital del país el mensaje quedó nítido: el grupo que intentó boicotear a Javier May hoy no es más que una facción debilitada, desplazada y desarmada frente a la realidad del nuevo régimen.