Los de abajo
AMLO agita el tablero con “Pueblo” y desata la ira de sus detractores
La sorpresiva reaparición en video del expresidente Andrés Manuel López Obrador para presentar su más reciente libro, significativamente titulado Pueblo, ha vuelto a sacudir el tablero político nacional, demostrando que su retiro físico no implica, ni de lejos, una ausencia de peso ideológico.
La virulenta reacción de sus opositores y detractores —que pasaron en minutos de la descalificación al insulto destemplado— no es más que el síntoma de una vieja herida que se resiste a cerrar: la pérdida definitiva del monopolio de la narrativa histórica.
Lo que verdaderamente crispa a los ideólogos del viejo régimen es que López Obrador mantenga intacta su capacidad para diseccionar las taras del pasado. En su obra, el tabasqueño no se tienta el corazón al catalogar el periodo de seis sexenios que le antecedieron —desde Miguel de la Madrid hasta Enrique Peña Nieto— como un "neoporfirismo prianista", una oligarquía disfrazada de democracia que desmanteló los bienes de la nación.
Para los herederos de esa época, escuchar la verdad de boca de quien los derrotó en las urnas sigue siendo un trago intolerable. Sin embargo, el punto más agudo de su mensaje radica en la advertencia sobre el panorama global: el riesgo latente del neofascismo.
Al señalar que las derechas modernas ya no operan bajo los viejos manuales, sino mediante estrategias extremas de odio y polarización, el expresidente encendió las alarmas de aquellos sectores que se ven retratados en ese espejo.
En lugar de procesar la crítica como un llamado a la cordura democrática, la respuesta de la oposición ha sido encarnar precisamente aquello de lo que se les acusa: una furia ciega, incapaz de articular propuestas racionales.
LA MEJOR DEL MUNDO
A la par de sus advertencias, los cálidos elogios vertidos hacia la presidenta Claudia Sheinbaum, a quien calificó en el texto como "un gran orgullo, ejemplo de honestidad y rectitud" y "la mejor presidenta del mundo", desarmaron por completo el discurso opositor que apostaba por una ruptura en el movimiento de transformación.
Al blindar la legitimidad de su sucesora desde la autoridad moral que aún ostenta, López Obrador ratifica que el proyecto continúa firme, lo que incrementa la desesperación de una oposición huérfana de liderazgo popular.
Resulta imprescindible rescatar la aguda observación del exmandatario sobre el giro que han dado los espacios virtuales. Aquellas que alguna vez llamó "benditas redes sociales" hoy juegan, bajo su óptica, un papel perverso y manipulador, habiendo sido capturadas por algoritmos y presupuestos diseñados para propagar desinformación tóxica, de manera similar a las viejas técnicas de propaganda de Goebbels.
La respuesta en plataformas digitales a la presentación de Pueblo —plagada de linchamientos mediáticos y verdades a medias— no hizo más que darle la razón: la conversación digital ha sido emponzoñada por quienes temen al debate de las ideas.
Con Pueblo, López Obrador demuestra que la jubilación política no es sinónimo de silencio. Su pluma sigue teniendo la virtud de definir los términos del debate nacional y, sobre todo, de recordarles a sus adversarios que, aunque les moleste el concepto, en una auténtica democracia el soberano sigue siendo el pueblo.