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La Verdad del Sureste

Los de abajo

Entre la suspicacia y la "falsa bandera",

el enigma de la amenaza a Kathia Bolio


Fachada de la dirigencia estatal del PAN
Fachada de la dirigencia estatal del PAN

A medida que surgen detalles sobre la supuesta amenaza telefónica recibida por la dirigente estatal del PAN en Tabasco, Kathia Bolio Pinelo, el pasado lunes 30 de septiembre, la versión oficial del blanquiazul genera más suspicacias que certezas.
 

Según la propia panista, la llamada ocurrió mientras se encontraba en su casa en Mérida, Yucatán, ciudad donde radica la mayor parte del tiempo y desde la cual se desplaza de manera eventual a Tabasco para atender la agenda partidista.
 

"No regreses al edén", asegura que le advirtió una voz masculina. El interlocutor se identificó como miembro de un "cártel", aunque sin precisar a qué organización criminal pertenecía. Ante esto, la interrogante surge de inmediato: ¿Por qué un grupo delictivo de alto impacto se tomaría la molestia de amenazar a una política que permanece casi siempre ausente del estado?
 

Si se tratara de una lideresa que recorre activamente los 17 municipios, que estuviera consolidando una estructura sólida, recuperando la membresía partidista o despertando un auténtico interés ciudadano, la historia sería creíble.
 

Sin embargo, Acción Nacional en Tabasco opera hoy como un partido testimonial: no cuenta con registro local oficial, su militancia es escasísima y apenas roza el 2% de la preferencia electoral. Con ese peso político, ¿qué riesgo real podría representar para que el crimen organizado decida amagarla? La narrativa simplemente no cuadra.
 

De acuerdo con reportes periodísticos, tras recibir la llamada, Bolio acudió a la Fiscalía General de Yucatán a interponer una denuncia. El asunto saltó a la luz pública ese mismo 30 de septiembre, cuando Víctor Hugo Sondón Saavedra, representante del PAN ante el Consejo General del INE, expuso el caso en plena sesión del órgano electoral, detonando la cobertura en los medios tabasqueños.
 

A partir de ahí, los tiempos parecen fríamente calculados. El 3 de octubre el PAN estatal emite un comunicado formal denunciando el hecho. El 5 de octubre, el Comité Ejecutivo Nacional (CEN) fija su posicionamiento.
 

Hoy 7 de octubre, Kathia Bolio reaparece en Tabasco para ser entrevistada en el principal programa radiofónico de la entidad, donde desmenuzó los pormenores del presunto amago.
 

Durante la entrevista, y ante una pregunta intencionada, Bolio Pinelo dio por sentado que la intimidación es consecuencia directa de sus críticas al gobierno de Javier May y de sus señalamientos hacia Andrés Manuel López Beltrán, hijo del expresidente de la República.
 

Esta afirmación busca sembrar la narrativa de que la amenaza proviene directamente de las esferas gubernamentales, encajando a la perfección en la estrategia sistemática de la oposición de etiquetar a los gobiernos de Morena como "narcogobiernos".
 

La hipótesis del amago político pierde fuerza al contrastarla con el día a día del estado. En Tabasco, el gobernador es objeto diario de descalificaciones y calumnias por parte de diversos actores políticos con un peso específico muy superior al de Bolio, y ninguno ha recibido una llamada similar.
 

En las redes sociales, el tono contra Javier May raya en el exceso: insultos, burlas e incluso expresiones racistas y clasistas emitidas por sectores que se pretenden de alcurnia, pero que solo destilan resentimiento. Si todo lo que hace el gobierno es criticado con ferocidad sin que haya represalias, ¿por qué ensañarse con la dirigencia del PAN?
 

En el argot militar existe el concepto de "falsa bandera": un ataque premeditado que comete un actor para culpar a su adversario y generar una reacción pública en su contra. En el plano local, ¿a quién le interesa el trabajo del PAN como para intentar frenarlo? A nadie. La urgencia real del partido parece ser la búsqueda de notoriedad.
 

El silencio cómplice de la oposición
 

Cuando la oposición tabasqueña —llámese PRI o PRD— aborda la inseguridad, suele atribuir toda la responsabilidad a la administración actual, pero sufre de una amnesia deliberada sobre el origen del problema.
 

Personajes como Miguel Barrueta o Rafael Acosta León jamás han responsabilizado a Adán Augusto López Hernández por el daño colateral que causó al estado. Guardan un silencio sepulcral sobre Hernán Bermúdez Requena, a pesar del cúmulo de evidencias que lo señalan como el presunto creador y líder de la organización criminal "La Barredora" mientras encabezaba la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana. Ese mutismo se parece mucho más a la complicidad que a una simple omisión.
 

La Fiscalía General del Estado de Tabasco (FGET) tiene la obligación de investigar a fondo el origen de la llamada para deslindar responsabilidades si el amago resulta real. No obstante, resulta sintomático que apenas este miércoles la dirigente panista haya acudido a ratificar la demanda, cobijada por la "chiquillada" opositora. El retraso evidencia lo que ella misma ha declarado: que Tabasco es un estado que pisa solo de manera eventual.
 

Este episodio ocurre casualmente en vísperas del arranque formal del proceso electoral local que culminará el 6 de junio de 2027. Parafraseando a la propia Kathia Bolio, en la política no existen las casualidades. Existe la presunción de que lo que realmente se busca con este asunto es sembrar el discurso de la violencia para enrarecer los comicios y construir, desde ahora, la justificación de lo que apunta a ser una estrepitosa derrota en las urnas.
 

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