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La Verdad del Sureste

Los de abajo

Púlpito, mesura y las urnas, el complejo arranque electoral en Tabasco


Gerardo de Jesús Rojas López, Obispo de Tabasco
Gerardo de Jesús Rojas López, Obispo de Tabasco

El banderazo de salida del proceso electoral en Tabasco para renovar las alcaldías, regidurías y el Congreso local ha dejado claras las líneas de lo que será una contienda intensa, aunque con fuerzas profundamente asimétricas.
 

Más allá del habitual pragmatismo partidista, este arranque queda marcado por dos factores imprevistos: la irrupción discursiva del clero católico y la estrategia de descalificación de una oposición que parece apostar al ruido mediático ante su evidente debilidad operativa.
 

La declaración del obispo Gerardo de Jesús Rojas López introduce un elemento de tensión que trasciende lo estrictamente electoral para rozar los límites del Estado laico.
 

Al señalar que un político en funciones no debería buscar otro cargo sin haber concluido el actual —calificándolo como un "fraude" para los electores—, el prelado no solo emite un juicio ético, sino que interviene directamente en el debate sobre el llamado "chapulinismo".
 

Esta postura choca de frente con el ordenamiento constitucional mexicano que regula la separación Iglesia-Estado.
 

Aunque el argumento del obispo resuena en ciertos sectores de la opinión pública desencantados con la clase política, su abierta intromisión en los procesos internos de los partidos sienta un precedente complejo para la neutralidad que las instituciones religiosas debieran mantener.
 

El prelado puede alegar en su defensa que los reporteros que acuden a su dominical conferencia de prensa le lanzaron la pregunta y él se limitó a responder. Solo que el jerarca católico no es ningún improvisado o un inexperto; tiene un colmillo largo y retorcido. Sabe muy bien lo que dice y cómo lo dice.
 

Un dato que no hay que perder de vista, a propósito de la intromisión de la iglesia en asuntos políticos. En las recientes elecciones presidenciales de Brasil, la iglesia evangélica jugó un papel preponderante, influyó mucho en el resultado que favoreció al derechista Flávio Bolsonaro; el mensaje a sus feligreses fue que votaran por él y así lo hicieron, a pesar de todo lo que Luiz Inácio Lula da Silva ha hecho como presidente por el gigante sudamericano.
 

Por eso todo lo que diga o haga la iglesia católica en el estado importa, tiene resonancia. Sin embargo, pese a la provocación clerical y las descalificaciones de los partidos opositores, la respuesta de los actores de Morena ha optado por la vía institucional.
 

OPOSICIÓN DERROTADA, BUSCA AYUDA DIVINA
 

El dirigente estatal de Morena, Jesús Selván García, reaccionó con una mesura estratégica. En lugar de engancharse en un pleito estéril con el obispo o con los partidos contrarios, su prudencia busca desescalar la confrontación, manteniendo el foco en la organización interna.
 

El gobernador Javier May Rodríguez por su parte ha marcado una línea de sana distancia respecto a la vida interna de su partido. Su compromiso público de no intervenir en las decisiones de la dirigencia morenista no solo refuerza su perfil como gobernante institucional, sino que le quita banderas a quienes buscan acusar una "elección de Estado" desde el Palacio de Gobierno.
 

El escenario de fondo explica la prisa de la oposición por descalificar el proceso de manera anticipada. Los estudios de opinión y las encuestas más recientes ubican a Morena con una ventaja considerable, consolidándolo como el claro favorito para refrendar su hegemonía en la mayoría de los municipios y el Congreso local.
 

En contraste, los partidos de oposición en Tabasco se perciben desdibujados, fragmentados y carentes de una estructura territorial capaz de competir de tú a tú con la maquinaria guinda. Ante la falta de propuestas sólidas y liderazgos competitivos, la narrativa del agravio y la descalificación parece ser el único camino que les queda.
 

No se trata de una estrategia de victoria, sino de una de control de daños: construir desde ahora la narrativa del "fraude" o de la inequidad para justificar el previsible escenario adverso en las urnas.
 

El arranque en Tabasco anticipa una campaña de contrastes. Por un lado, la apuesta por la estabilidad y el peso de las encuestas; por el otro, el intento de erosionar la legitimidad del proceso desde el púlpito y la trinchera opositora. La ciudadanía tabasqueña tendrá la última palabra, pero el reto de los partidos será convencer con votos, no con descalificaciones, el próximo seis de junio.

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