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La Verdad del Sureste

Los de abajo

Territorio frente a escritorio, la validación del método en Comalcalco


Los de abajo

Lo expuesto ayer por el gobernador, Javier May Rodríguez, durante su gira por Comalcalco, invita a un análisis profundo sobre las formas de ejercer el poder y la gobernanza. La cifra puesta sobre la mesa no es menor: 172 audiencias públicas realizadas en igual número de centros integradores a lo largo de dos años.
 

Más allá del dato numérico, este despliegue representa la consolidación de un gobierno de territorio frente al tradicional modelo de escritorio.
 

Este contacto directo le permite conocer de primera mano cómo vive y qué necesita la gente, sin la intermediación burocrática. Cuando un mandatario camina las comunidades, el diagnóstico social deja de ser una abstracción técnica elaborada por asesores y se convierte en una realidad palpable. Esta cercanía dota al diseño de políticas públicas de un sentido de urgencia y realidad que difícilmente se consigue entre las cuatro paredes de un palacio de gobierno.
 

Sin embargo, el punto neurálgico de su pronunciamiento radica en la seguridad. El anuncio de que Comalcalco ha ligado 70 días consecutivos sin homicidios dolosos es un argumento de peso que busca validar la efectividad de la estrategia oficial.
 

Al analizar la evolución de la incidencia delictiva entre 2024 y 2026, esta racha de tranquilidad en el municipio no es fortuita; responde a una desaceleración métrica que los defensores de la estrategia interpretan como el resultado directo de la presencia policial y la atención a las causas sociales.
 

De acuerdo con las cifras oficiales, en 2024 en Comalcalco ocurrieron 130 homicidios dolosos, la cifra bajó hasta 85 en 2025 y actualmente ascienden a 30 en lo que va de 2026. Los números no mienten. Se logró contener la violencia en ese municipio, aunque como dijo el gobernador: es muy temprano para cantar victoria y echar las campanas al vuelo.
 

Falta mucho por hacer en materia de seguridad no solo en Comalcalco sino en todo el estado. Sin embargo, el cero en la estadística de homicidios en esta demarcación es la prueba de que el modelo punitivo-preventivo está rompiendo inercias históricas.
 

Como era de esperarse, este logro no ha estado exento de confrontación política. La oposición ha estructurado una narrativa que choca frontalmente con la agenda del Ejecutivo. Desde su perspectiva, el modelo de audiencias públicas y la constante presencia del gobernador en las calles es percibida con incomodidad.
 

NO CAMINAN, PERO CRITICAN
 

Los bloques opositores suelen criticar este estilo argumentando que desdibuja los canales institucionales y que la cercanía con el pueblo es, en realidad, un ejercicio de campaña permanente diseñado para consolidar bases electorales más que para resolver problemas estructurales de fondo. El león cree que todos son de su condición.
 

A la oposición no le agrada este despliegue territorial porque altera el equilibrio del debate político y desplaza la discusión hacia un terreno donde el mandatario se siente más cómodo, espacio del que desde hace tiempo ellos, sus adversarios políticos, han estado ausentes.
 

Asimismo, sus detractores insisten en mantener viva la narrativa del temor y la inseguridad. Su discurso se enfoca en la brecha entre el dato duro y la vivencia diaria; argumentan que, aunque municipios como Comalcalco muestren una baja en los homicidios dolosos, la percepción ciudadana del miedo no se borra con un reporte estadístico.
 

La numeralia y los días de paz en Comalcalco sugieren que la articulación en territorio está rindiendo frutos tangibles. El reto de la administración será demostrar que este comportamiento no es temporal ni un hecho fortuito, sino una tendencia sostenible capaz de replicarse en el resto del estado. De hecho, hay otros estados que igual no reportan homicidios dolosos por meses.
 

Mientras tanto, Comalcalco queda como el laboratorio donde el gobierno de territorio busca demostrar, con datos y presencia, que su estrategia tiene bases sólidas, obligando a una oposición incómoda a recalibrar un discurso que hoy choca contra la contundencia de los 70 días sin derramamiento de sangre.

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