Los de abajo
Soberanía mexicana no es moneda electoral estadounidense
La relación bilateral entre México y Estados Unidos vuelve a tensarse bajo el peso de la retórica incendiaria. Donald Trump ha lanzado una nueva andanada contra nuestro país, recurriendo al gastado argumento de que los cárteles controlan el territorio mexicano.
Su amenaza es directa y agresiva: afirma que, sin importar la postura de las autoridades locales, fuerzas estadounidenses entrarán por tierra y aire para combatirlos en suelo nacional. Sin embargo, detrás de este despliegue de fuerza verbal no hay un diagnóstico serio sobre la seguridad regional, sino una profunda urgencia política nacida al otro lado de la frontera.
Esta agresividad discursiva está estrechamente vinculada al proceso electoral estadounidense y no a la realidad compleja de México.
El Partido Republicano enfrenta un escenario sumamente adverso en las elecciones legislativas, donde corre el riesgo real de perder la mayoría a manos de los demócratas. Este panorama es el resultado directo del desgaste provocado por la propia administración de Trump, cuya gestión ha acumulado reveses tanto en el ámbito doméstico como en una política exterior errática y aislacionista.
En este contexto de vulnerabilidad, el ataque a México funciona como un distractor estratégico. Es una fórmula conocida: ante el riesgo inminente de una derrota electoral, se busca fabricar un enemigo externo para cerrar filas y apelar al nacionalismo más radical.
UN PROVOCADOR E IRRESPONSABLE
No importa la sensatez del argumento; pareciera que el mandatario gringo naranja ha descifrado que, incluso si declara estupideces, sus simpatizantes más fieles le aplaudirán de todos modos. El verdadero objetivo de enfocar sus baterías contra el vecino del sur es puramente pragmático: intentar recobrar el protagonismo perdido y movilizar el respaldo ciudadano que se le escapa en las encuestas.
Frente a esta provocación que vulnera el derecho internacional, la respuesta institucional del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum ha sido inamovible: respeto absoluto a la soberanía nacional.
Al respecto, la mandataria ha fijado una postura de Estado que es tan clara como digna: colaboración sí, subordinación e injerencia, no.
Sheinbaum lo ha repetido insistentemente: México está dispuesto a trabajar de manera conjunta con Estados Unidos para solucionar problemas que, por su naturaleza binacional, requieren un esfuerzo compartido.
Pero también ha dicho con toda claridad: la cooperación legítima exige el respeto irrestricto a la soberanía; el combate al crimen organizado jamás puede ser la coartada para justificar el intervencionismo ni para someter la dignidad nacional a los cálculos de las urnas estadounidenses.
MÁS ABAJO
Vino a Tabasco el escritor David Toscana a presentar su libro “El ejército ciego”, y nuevamente se colgó Gabolibros (Lavo libros, dicen algunos por aquello del dinero caliente) para poner su expendio en instalaciones del municipio, como lo ha hecho repetidas veces en la UJAT, como si no hubiera librerías con recursos públicos como la “José Carlos Becerra” o Educal que requieren más promoción. Dentro de poco tiempo seguramente instalarán una sucursal en la Universidad Olmeca, otra de las sedes del Marqués y la Marquesa, que extienden sus tentáculos (ay mojo pulpo de los teclados),