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La Verdad del Sureste

Los de abajo

Claudia Sheinbaum, liderazgo inquebrantable ante una oposición sin brújula


Los de abajo

El escenario político mexicano vive una paradoja que raya en lo absurdo. Mientras las cúpulas de la oposición tradicional, agrupadas en lo que popularmente se conoce como el PRIAN, y sus voceros mediáticos despliegan diariamente una campaña de descalificaciones orientada a minar la gestión de la presidenta Claudia Sheinbaum, la realidad de los datos y la percepción ciudadana caminan en un sentido radicalmente opuesto.

La narrativa del fracaso que intentan imponer no solo carece de eco en la sociedad mexicana, sino que se estrella de frente contra un liderazgo que ya trasciende fronteras.

Recientemente, mediciones internacionales de firmas de opinión pública como CB Global Data han confirmado que Claudia Sheinbaum encabeza el ranking de aprobación ciudadana entre los mandatarios de América Latina, superando a figuras de gran peso regional.

Este reconocimiento exterior no es fortuito; refleja una forma de gobernar que combina solidez técnica, comunicación constante y el seguimiento de un proyecto de nación ampliamente respaldado.

En el ámbito doméstico, el fenómeno es igualmente contundente. Diversas encuestas nacionales sitúan su aprobación en torno al 69% y 70%, niveles de popularidad excepcionales que blindan su gestión contra la hostilidad de sus detractores.

Lo que resulta especialmente revelador —y lamentable— es la naturaleza de los ataques proferidos por los sectores de oposición. Incapaces de construir una alternativa programática o de debatir ideas con rigor, muchos de sus críticos han optado por el camino de la descalificación personal basada en el género.

UN MACHISMO HITÓRICO E HISTÉRICO

El sesgo misógino latente en las narrativas que pretenden restarle autonomía o cuestionar su capacidad de decisión por el simple hecho de ser mujer evidencia el atraso ideológico de un sector que se resiste a aceptar los nuevos tiempos de participación democrática.

Lejos de desgastar la figura presidencial, esta estrategia ha terminado por exhibir la debilidad discursiva de una oposición que carece de propuestas de fondo para el país.

El contraste es mayúsculo. Por un lado, una mandataria enfocada en la gobernabilidad y en la consolidación de políticas públicas con un amplio respaldo social e internacional; por el otro, una dirigencia partidista opositora atrapada en el rencor político y en tácticas obsoletas que no logran conectar con las mayorías.

La paradoja de nuestra realidad política actual se resume de forma clara: México tiene hoy una presencia presidencial fuerte y respetada, ante una oposición visiblemente disminuida y carente de brújula.

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