LOS DONES DE LOS DIOSES
Los hombres en su mayoría luchamos para conseguir objetivos de diversa índole. Hay quienes procuran riquezas y a eso destinan energías y tiempo. También los que en aras de la sabiduría estudian, investigan, discuten y analizan la naturaleza y los fenómenos sociales. La mayoría se plantea vivir en familia, en un ambiente de tranquilidad. Los menos tienen aspiraciones más ambiciosas, como cambiar el curso de la historia, su entorno, casi siempre pensando en el bienestar de sus conciudadanos.
Esta es la tarea más difícil de todas porque a diferencia de las otras tiene que ver con personas que a su vez tienen objetivos encontrados al propio y es ahí que se dan las luchas del poder, que suelen ser cruentas, largas y desgastantes. Y como en todo alguien vence y es entonces que se pueden producir los errores que más tarde o más tempranos traerán consecuencias inimaginables, por lo general, en sentido contrario a los inicialmente buscados. Alcanzar un objetivo o ganar una batalla casi nunca signifi ca el triunfo, los logros alcanzados siempre requieren de nuevos logros porque esto es la esencia de la vida, como el depredador que caza a su presa y la devora pero que tiene que procurar, para poder seguir subsistiendo, atrapar nuevas presas.
Aníbal Barca, El Cartaginés, uno de los generales más grandes de la historia, luchó siempre para derrotar a los romanos, era esa la razón de su vida. Roma había arrebatado la vida de su padre y de su hermano y además limitado las rutas comerciales de Cartago en el mar Mediterráneo. Obsesionado por ello, batalla tras batalla, los fue derrotando, cruzó Los Alpes con cien mil soldados, caballos y elefantes y enfrentó a las legiones romanas en territorio italiano en la batalla de Cannas, la más gigantesca de la antigüedad, ejemplo jamás superado de la estrategia militar. Aníbal los pulverizó. Por fi n, Roma, el objetivo de su vida, quedó frente a él, inerte, indefensa. Sus generales le insistieron en destruirla, él se negó rotundamente, siendo ésta una de las decisiones más inexplicables y que habría de cambiar el curso de la historia. Marahabal, su principal lugarteniente, ante su negativa, le dijo: “Es claro que los dioses no dan todos sus dones a una sola persona.
Tú sabes Aníbal conquistar victorias, pero no sabes qué hacer con ellas”. Tras esta batalla Roma se recuperó y derrotó a Aníbal en Zama, destruyó Cartago hasta no dejar piedra sobre piedra, esterilizó sus campos, quedando solo un vago recuerdo de esta extraordinaria civilización. De ese tamaño fue el error de Aníbal que no supo qué hacer con el triunfo logrado. La izquierda en Tabasco ganó una batalla, la más importante de su historia. De ninguna manera se ha ganado la guerra, ésta continúa y hay que actuar sabiendo que son muchas expectativas que cumplir, tareas que realizar, retos que vencer y que existe una oposición poderosa que va en sentido contrario a los intereses de este gobierno y de la gente, por eso es vital prepararnos desde ahora para las nuevas batallas que vendrán, las cuales, de perderse, podrían dejarnos en situación similar a la de Cartago.