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La Verdad del Sureste

Los que menos tienen Antonio Solís Calvillo


 

Los que menos tienen han pasado por generaciones dando la batalla desde la pobreza. Y lo digo así porque el sólo hecho de vivir en esas condiciones, con limitaciones de todo tipo, es ya un heroísmo. Y si en este grupo creciente hay de todas las edades y condiciones, pues todavía hay quienes tienen marginación doble, sea por la avanzada edad o por la discapacidad que tienen, sea congénita o adquirida.
    Por eso desde la izquierda, el planteamiento ha sido luchar por mejores condiciones de vida, en todas las variantes, siendo una de ellas mitigar la marginación, asegurando lo básico como la alimentación, la educación pública y el sistema de salud.
    En una reunión que tuvimos como PRD municipal el año antepasado en la comunidad La Jagua, del municipio de Centro, nos encontramos, aparte del problema general de la pobreza, con dos casos: el de una pareja de ancianos invidentes, sin familiares, viviendo de la solidaridad de los vecinos; y unos niños sin registro de nacimiento, que por ese hecho no recibían los libros gratuitos en la escuela primaria.
    Estas dos muestras, como botón de la desesperanza, y de la marginación extrema, raya en el delito de abandono de persona; y en este caso al no haber familiares por parte de los ancianos, seguro que esta responsabilidad cae en el gobierno, sea municipal o estatal. Y en el caso de los niños, de sus padres, y por extensión, de sus maestros. 
    Allí dije que un solo ser humano abandonado significa que algo anda mal en las relaciones de gobierno con la sociedad, para decirlo de una manera demasiado suave. 
    Y bien es cierto, proliferan los antivalores. Y parece que vamos cada vez peor, en declive, ahondando la decadencia. Bien sabemos que no solo es asunto del sistema educativo, si no del modo de producción en el que se privilegia la mercancía y la ganancia por sobre el trabajo del hombre y su justa retribución. Pero eso abordaré en otro artículo. 
    Por eso uno de los planteamientos de la campaña anterior del PRD, tanto a los gobiernos municipales como estatales, fue la de implementar programas sociales para los en extremo marginados, como son los discapacitados.
    Y no basta que sean programas como en el gobierno de Andrés Granier Melo, que dio “gato por liebre”, al implementar el programilla de “Te da más”, para luego convertirlo en “Te da menos”, Y luego quedó en “Te da Nada”. O en el descaro del programa de Bonos por fatiga, que primero negaron y luego reconocieron con el que se asignaban cantidades fabulosas de dinero fácil.
    La verdadera izquierda política no tiene dudas. Se tiene que trabajar para todos, pero sobretodo por los que menos tienen. Esto significa que se debe atender el campo, la industria, la educación pública, la iniciativa privada, la atención de caminos y carreteras, y garantizar la seguridad de los ciudadanos, para atraer turismo e inversiones. Pero en este conjunto se tiene que atender a discapacitados, ancianos y madres solteras. 
    Por supuesto que el desorden administrativo del sexenio anterior fue tal que maniató el primer año de gestión gubernamental del presente gobierno estatal. Y bien es cierto que en este segundo año las cosas no andan boyantes, pero este programa de Corazón amigo, en el que se anuncia el apoyo a los más marginados entre los marginados, es muestra de que se está en el camino correcto.
    Y algo que se debe reconocer. Y comunicar para que se sepa. Lo fácil hubiera sido contratando préstamos a la banca privada, y que el dinero anduviera rolando a los cuatro vientos y a las cuentas privadas de los altos funcionarios a como lo hacían de manera irresponsable y criminal los gobiernos anteriores. 

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