Los zombis
Importado de Haití, el mito de los “zombis” -muertos vivientes que vagan por las calles- ha tenido un gran éxito en las pantallas. Desde las películas de “El Santo”, que lo mismo venció a vampiros que a zombis, hasta la serie de televisión que tiene al filo de la cama a millones de ojos. Es posible que la leyenda de los zombis –fundamentalmente por su apariencia- esté asociada con la esclavitud y la opresión que se vivió en Haití. La ausencia de ritos funerarios luego de su muerte hace que los zombis sean “muertos sociales” ya que carecen de la capacidad para interrelacionarse con los demás, y cuando lo hacen sólo es para causar pánico.
También se dice que otra característica que tienen es su imposibilidad de articular diálogos coherentes. Como sea, lo cierto es que la tradición de los zombis proviene de las prácticas del vudú en las que, según la opinión generalizada, el uso de ciertas toxinas hace que las personas sufran estados catalépticos; como si estuvieran muertos. Pero a pesar de lo establecido por los científicos, la existencia de los zombis quedó demostrada con la concurrencia simultánea en suelo nacional de tres muertos vivientes: Carlos Salinas, Ernesto Zedillo y Felipe Calderón. Un perfecto guión para película de terror.
De cabeza siniestra, Salinas es la encarnación de los demonios. Sus pequeños ojos miran como los ojos de la serpiente cuando va a cazar a su presa al tiempo que mueve sus quijadas para ajustarlas. Clava los colmillos y el veneno inoculado recorre el cuerpo de la víctima hasta que el corazón deja de latir. Es la hora de tragar el cuerpo.
Cuando Salinas estaba en la presidencia imaginó que su mandato se prolongaría por 24 años. Supuso que sus sucesores le serían leales cómplices en lo económico y que mantendría un poder político sobre ellos. Pero no fue exactamente así; al menos no en la parte del control político. Por motivos no suficientemente explicables, Zedillo pronto marcó distancia de Salinas y envió al reclusorio a su hermano favorito. Dados los antecedentes de Raúl Salinas, este hecho no causaría sorpresa en un Estado democrático de derecho, pero México no es el caso.
Ernesto Zedillo continuó con las políticas económicas iniciadas en el gobierno de Miguel de la Madrid: menos Estado y más mercado, receta que al día de hoy no reduce el número de pobres en nuestro país y sí, por el contrario, ha aumentado las desigualdades económicas y sociales. Si al inicio de los gobiernos neoliberales sólo había unos cuantos mexicanos en la lista de los súper millonarios planetarios, hoy esa lista se ha multiplicado e incluso tenemos el dudoso honor de tener a uno de los más acaudalados. Todo gracias a las políticas privatizadoras que alcanzaron su clímax en el salinismo, a pesar de que en sus ladrillos –que se venden en librerías como si fueran libros- culpe a Zedillo.
Es cierto que el llamado “error de diciembre” se dio al inicio de la administración zedillista y también es cierto que en su primer año de gobierno la devaluación se acumuló al 120%, pero la realidad es que eso sólo se explica por la contención económica que Salinas disfrazó hasta el final para no perjudicar su imagen. A unas semanas de que dejara Los Pinos, se dio una gran fuga de capitales hacia los Estados Unidos. Por supuesto, Zedillo tampoco tiene las manos limpias. Tal vez pocos recuerden que al inicio de su mandato Zedillo intervino la supuesta autonomía del Poder Judicial Federal y reestructuró, como le vino en gana, la Suprema Corte de Justicia. Pero eso sí, ahora en tierras mexicanas vino a aplaudirle a Peña –ya lo había hecho en el Foro de Davos- y a darle clases de “estado de derecho y más estado de derecho”. Si Salinas privatizó la banca, Zedillo fue el encargado de ponerla en manos de extranjeros. El resultado: dichos bancos –primordialmente los españoles- obtienen sus mayores ganancias de los ahorradores nacionales.
Y de Calderón… ¿En verdad merece que le dediquemos algunas líneas a quien llevó a una pelea sin estrategia a los cuerpos armados nacionales y consideró que las miles de muertes de civiles eran solamente “daños colaterales”? ¿A qué vinieron los tres zombis?