Marionetas modernas Por Gabriel Hernández García
17 Febrero 2014
De creer a las televisoras y a diferentes medios de comunicación, en este país todo está bien, y en caso contrario seguramente se es un desadaptado social, un frustrado o un loco que anda queriendo tergiversar la realidad. A mí, tal situación no me resulta tan creíble.
Por ejemplo, en el Estado de Michoacán se presenta una situación muy singular. Desde hace varios meses, pero sobre todo en los últimos, los medios de comunicación han dado una gran difusión a los famosos grupos de autodefensa y “guardias comunitarias”, ciudadanos que, cansados de los abusos robos y extorsiones a los que estaban sometidos por parte de los “caballeros templarios” y/o de otros grupos delincuenciales, se rebelaron ante esta situación e iniciaron una organización y unión para enfrentarlos violentamente.
De acuerdo a la información dada a conocer, en un primer momento el Estado Mexicano se opuso a la existencia de dichas guardias argumentando que el uso de la fuerza era y es, en cualquier parte del mundo, monopolio del Estado. Posteriormente nos fuimos enterando que el estado, a través del ejército no se atrevió a desarmarlos y enfrentarlos y por último decidió incluirlos en una figura legal denominada “guardias rurales”.
Las malas lenguas, que siempre existen, sostienen que dichas organizaciones no han surgido ni existen espontánea y naturalmente, sino que se trata de grupos de composición heterogénea en los que hay ciudadanos honestos, individuos pagados por gente poderosa e, incluso, gente del mismo tipo que se pretende eliminar, todo esto con el conocimiento y connivencia del gobierno federal.
¿Cuál es la verdad? sin embargo surgen muchas interrogantes ¿Quién o cómo puede armar, a tanta gente con armas exclusivas de uso del ejército y dotarlos del parque necesario? ¿De quiénes son los vehículos y quienes pagan la gasolina y alimentación de quienes participan en los grupos de autodefensa y/o guardias comunitarios? Y, lo que más llama la atención, es el la información en el sentido de que al movilizarse los grupos de autodefensa y entrar a un municipio controlado por los caballeros templarios sólo se menciona que hubo unos cuantos disparos, algún herido y rara vez un muerto. ¿Será que los caballeros templarios no opusieron resistencia y salieron huyendo como conejos en cuanto supieron de la presencia y acercamiento de las guardias de autodefensa? ¡Que raro!
Por otro lado también los medios de comunicación nos informan, del enorme prestigio internacional que México ha obtenido a raíz de las reformas energética, educativa, laboral, etc., que se han estado aprobando en las últimas fechas. Con ello o como consecuencia de estas reformas se presume del reconocimiento, como el mejor Secretario de Hacienda del mundo, del Lic. Luis Videgaray Caso. Convivo y conozco al sector de los más desprotegidos de este país, e incluso la misma televisión ha dado testimonio de entrevistas a campesinos zacatecanos que han expresado textualmente que “Nunca, en toda su vida, habían estado tan pobres como ahora” y no son los únicos. Luego entonces, si las reformas nos han hecho tanto bien al grado de reconocerse mundialmente ¿quién tiene la razón o dice la verdad?
La misma visión optimista y tranquilizadora se nos da también en la lucha contra el narcotráfico, y contra la delincuencia organizada, según esto, todo va bien y no hay nada de que preocuparse. La percepción del pueblo difiere mucho de esta visión bonita y agradable pues trasciende de múltiples formas que las cifras de los muertos, no son muy distintas a las del sexenio anterior. También aquí la pregunta es ¿qué ha mejorado?
La verdad es que la televisión y la gran mayoría de los medios de comunicación, sólo nos dan a conocer aquello que las instancias gubernamentales y de poder, solo la información de lo que se considera que debemos saber. ¡Nada más¡
La verdad objetiva no se nos dice. Es como si asistiéramos a una comedia teatral en la que solamente se nos cuentan las cosas tal y como el dramaturgo quería que las viéramos y de acuerdo al enfoque que él quiso darle. Nos corresponde a nosotros aceptar el papel de ser sólo espectadores.