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La Verdad del Sureste

Martha Lilia y los espacios públicos


(Foto: Jorge Hernández)
(Foto: Jorge Hernández)

Algunos amigos y conocidos me han preguntado qué opino de la participación en actividades públicas de la profesora Martha Lilia López Aguilera, esposa del gobernador de Tabasco, Arturo Núñez Jiménez. Si bien la polémica –inducida muchas veces de manera perversa- apareció desde el inicio de la actual administración, recientemente se ha vuelto a retomar inclusive con expresiones tan soeces como las vertidas por Gerardo Priego Tapia, ex candidato al gobierno por el Partido Acción Nacional. Pero cada cual da la medida de lo que es por medio de sus palabras.    Para expresar un juicio sobre el quehacer público de cualesquier persona sea hombre o mujer, lo primero que debe uno plantearse es si la conducta se ajusta a la legalidad o no. En este caso específico, hasta el momento ninguno de quienes critican la presencia pública de la maestra López Aguilera han encontrado supuestos fuera de la norma legal. Porque no hay comportamiento que deba ser sancionado. Todas las expresiones contrarias a esa presencia están más bien basadas en juicios de valor y prejuicios con un evidente corte machista o antifeminista.
    Hay sin duda opiniones de buena fe, basadas en una tradición cultural en la que el Gobernador –en Tabasco nunca ha habido una Gobernadora- es el protagonista del poder. Hasta se acuñó un término para denominar el proceder del sujeto en el poder en México y su conducta dadivosa y proteccionista: paternalismo. No maternalismo. Estos juicios, le comento, derivan quizá de la buena fe, pero responden a un concepto que debe ser superado por la evolución de las relaciones en la sociedad y ser vista a la luz de aquella comunidad que pretendemos construir: una comunidad de iguales, de mismos derechos y obligaciones.
    Quienes hemos seguido de cerca el movimiento democrático y democratizador en Tabasco podemos dar fe de la importancia de la participación de la mujer. El propio Andrés Manuel López Obrador, líder político y moral de multitudes, ha valorado públicamente los valores que están representados en la mujer y logró que en el gobierno que encabezó en el Distrito Federal las féminas tuvieran amplios espacios de participación. Mal se vería desde la izquierda que el debate –cierto o falso- sobre el presunto protagonismo de la profesora López Aguilera estuviera centrado en su condición de mujer o de esposa. Por el contrario, esa presencia cercana al gobernador Arturo Núñez es no sólo un mensaje de equidad sino también de solidez en el núcleo familiar, célula básica de la sociedad.
    Aunque la actividad de Arturo Núñez fue más visible por los cargos que había desempeñado antes de quedar al frente de la administración estatal, tanto en el gobierno federal como en el poder legislativo, sería mezquino ignorar que la profesora Martha Lilia tiene su propio espacio labrado con esfuerzo en organizaciones altruistas, espacios formales e informales, y ahora como presidenta del Consejo Consultivo del DIF Tabasco.
    La respuesta resulta obvia a la interrogante sobre la participación de la profesora Martha Lilia en actividades públicas: no sólo está permitida por la ley sino que debe ser aplaudida e imitada por más mujeres y celebrada por los varones. Precisamente un gobierno, un movimiento que se propone el cambio, tiene que combatir las conductas y los argumentos conservadores y retrógrados. Más espacio para las mujeres, más libertad responsable y creativa para el conjunto de la sociedad sin distinción de sexo.

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