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La Verdad del Sureste

MATANDO Y SALANDO


 

Agradezco al buen amigo Carlos Pérez Mendoza la hospitalidad que brinda a esta columna con la que me propongo acudir diariamente a una cita con los heroicos hacedores de La Verdad del Sureste, los lectores y lectoras.
    Quienes vieron nacer este modesto diario hace más de veinte años saben de qué les hablo. Un impreso que ha remado contra la corriente para abrirle paso a la esperanza de voces distintas, de enfoques diversos, plurales. Un diario que ha contribuido a construir la democracia. Que ha sido y debe seguir siendo la voz del pueblo.
    Lo dicen quienes de esto saben más que su modesto escribidor: un periódico se distingue por quienes lo leen, por quienes comentan y comparten sus noticias, sus opiniones. Desde aquella obscura época en que la prensa tabasqueña tenía un solo color y una sola tonada, cuando personajes ahora colocados en el basurero de la historia como Roberto Madrazo y Manuel Gurría (¡quieren regresar!) perseguían a la oposición, La Verdad del Sureste fue un faro en el camino.
    Otros lectores más jóvenes se incorporaron a la lectura de este sencillo pero aguerrido medio. Una manera de acompañarnos en la ruta.
    Como también se integraron a la larga batalla, a las inacabables jornadas, para construir un México y un Tabasco más justo.
    No me refiero a quienes ahora que ya no están en el poder descubrieron su vocación justiciera y añoran el retorno del PRI, sino a quienes están decididos al sacrificio de comodidades para que otros semejantes nuestros tengan por lo menos lo indispensable.
    Este escribidor quiere, como lo ha hecho desde otras trincheras al igual que miles de anónimos ciudadanos, acudir ahora a esta cita. Contribuir a esclarecer, poner en blanco y negro, subrayar, llamar la atención, reflexionar, no pocas veces ironizar, sobre lo que sucede, se dice, se pretende en la política local y global. De la calle, la colonia, el poblado, el país, el mundo.
    Desde esta columna pretendemos ser la voz colectiva. Un medio para que se exprese el pueblo anónimo que piensa, que construye, que decide, que participa.
    Como bien se ha dicho: tonto es quien cree que el pueblo es tonto.
    Por eso iremos a las calles, a los campos, a los espacios abiertos y a los entretelones del poder a cosechar todo lo que pueda ser de utilidad para la información y reflexión de los queridos lectores y lectoras. Iremos a recoger lo que la inteligencia del pueblo nos aconseje. Nos leeremos aquí, en nuestra Verdad, de lunes a viernes si usted no tiene otra cosa más importante qué hacer.

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