“Me quedé sin nada por pelear”
Bryan Reyes Rodríguez fue asegurado horas antes del inicio de los disturbios el 1 de diciembre, y sus familiares han denunciado tortura
Ciudad de México (26 diciembre 2012).- Afuera de las oficinas del Gobierno del Distrito Federal, en el plantón de la sección 9 del CNTE, acampa María del Carmen Rodríguez, quien afirma haber perdido todo su patrimonio durante la lucha por la liberación de su hijo, Bryan Reyes Rodríguez.
La mujer, originaria del Estado de México, abandonó su hogar y trabajo para concentrarse en la liberación de los 14 detenidos del 1 de diciembre.
“Económicamente es muy difícil; yo vengo de fuera y dejé mi trabajo, en el que había invertido hasta mi camisa. A partir del 1 de diciembre cerré todo, me quedé sin nada.
“Estoy peleando por la libertad de mi hijo a todo lo que da. Mi cuerpo se cansa, pero mi corazón y mi espíritu me dicen que debo estar de pie hasta que mi hijo esté afuera, hasta que todos los chicos estén libres”, dijo la mujer de 54 años.
Bryan Reyes Rodríguez fue asegurado horas antes del inicio de los disturbios el 1 de diciembre, y sus familiares han denunciado públicamente actos de tortura al momento de su detención. Fue consignado de manera separada al resto de las 69 personas inicialmente detenidas en la Agencia del Ministerio Público 50.
Actualmente espera un juicio sumario, en el cual se presentarán los testimonios que lo desligan de los disturbios ocurridos ese día.
Mientras tanto, junto a otros cuatro compañeros, Reyes Rodríguez inició una huelga de hambre para exigir al Gobierno del Distrito Federal la liberación incondicional de todos los detenidos.
“Lo desnudaron, lo golpearon terriblemente en sus brazos y sus partes íntimas, y le dieron toques eléctricos”, dice su madre entre lágrimas, “a él no lo agarraron agrediendo, no lo agarraron con piedras, no lo agarraron con demás compañeros. Mi hijo está en huelga de hambre porque esto es injusto”.
Confía en que los legisladores de la ALDF deroguen, en la semana, el artículo 362 del Código Penal, acción que brindaría libertad inmediata a los presos. Si es que el conflicto sigue, a Rodríguez le preocupan las repercusiones que tendrá la huelga sobre la salud de su hijo, al que describe como un joven delgado, sin la resistencia necesaria para aguantar la encomienda.
Lamenta que a Bryan le destrozaran la vida, pues la detención deja planes truncos como la boda de él con su novia de Alaska, o un viaje a Canadá en el que se iba a dedicar a la música.
Sabe por sus cartas que el joven está desesperado adentro del Reclusorio Norte, pero no lo ha ido a visitar en una semana por permanecer en los plantones y marchas, pidiendo su liberación. Dice preferir pelear por él afuera, que acompañarlo adentro.
“Yo me fui el 1 de diciembre con lo que traía puesto, y no he vuelto.
“Aunque me tenga que venir a vivir fuera del Reclusorio, no me voy a ir. Quiero a mi hijo libre y sin problemas, eso es todo”, condena.