La mejora del salario real
Doctor en economía por el Colegio de México (COOLMEX) con estancia en investigación en la Universidad de Princeton, fue catedrático en el Centro de Investigación y Docencia económica y articulista en la revista económica Trimestre Económico.
El salario real mide la capacidad que tiene el salario nominal (que se mide en pesos y centavos) de adquirir productos. De esta suerte, en la medida en que suben los precios de los productos, la capacidad de adquisición del salario nominal baja. Los economistas aseguran que el salario nominal está directamente relacionado con la productividad del trabajo.
Creo, sin embargo, que en nuestro país, a reserva de un estudio minucioso que refleje que la productividad del salario y el salario devengado no se corresponden, el salario nominal no está directamente ligado con la productividad en la medida en la que la Comisión Nacional de Salarios Mínimos ha fijado el salario, que desde los años 90 a la fecha oscila alrededor de 55 pesos.
En la actualidad se encuentra en 60 pesos, y con ese parámetro se miden todos los demás salarios que reciben los trabajadores en nuestro país. En virtud de que no hay indicios, cuando menos en el corto plazo, de incrementar el salario nominal, puesto que han señalado que se pretende democratizar la productividad, lo que no ha de resultar de la noche la mañana, el Gobierno mexicano, encabezado por su presidente Enrique Peña Nieto, ha planteado una estrategia indirecta. Se pretende realizar una serie de reformas estructurales, así se les llama, con las cuales se busca reducir el costo de la vida por la vía del aumento de la eficiencia en la producción y el aumento de la oferta, que conllevan, en ambos casos, bajar el precio efectivo de los productos como el gas, la luz eléctrica y la gasolina.
El aumento de la competitividad en sectores estratégicos como el de las telecomunicaciones; la explotación de los yacimientos de gas natural y del petróleo en aguas profundas; el apoyo a las micro, pequeñas y medianas empresas que lograría, según se dice, que mayores sectores de la población alcancen una mayor productividad; la seguridad universal; el seguro del desempleo; la pensión universal, entre otros, éstos son los elementos que sentarán las bases para disminuir el precio de la vida y mejorar el salario real.
Desde el punto de vista técnico, basado naturalmente en el uso de modelos econométricos (modelos económicos con el uso de principios estadísticos) y matemáticos; estructurados con la lógica matemática y los principios de la economía moderna, parece viable lo planteado en el Plan Nacional de Desarrollo por las diferentes secretarías de Estado y por el propio Presidente es viable; finalmente, lo declaran, adecuado a las necesidades de desarrollo del país. No estaría bien pretender que sea la realidad la que se ajuste a los modelos económicos como aquellos economistas que fundan a ciegas sus conclusiones en los resultados de los modelos, no toman en cuenta las necesidades de la gente y se quedan tan tranquilos cuando la realidad no coincide con lo planteado por el modelo teórico.
Ésa es mi verdadera preocupación: que los modelos con los que se plantea la política económica del país no correspondan a la realidad y que luego se use como argumento (explícito o implícito), que la realidad no se ajustó al modelo.
Fundo mi preocupación en lo que actualmente ocurre. Se ha dicho que el petróleo es de los mexicanos, pero según la Administración de Información de Energía, (EIA, por sus siglas en inglés), órgano del departamento de energía de Estados Unidos (EE. UU.), “que los precios promedio de la gasolina Magna y Premium de ese país (EE. UU.) son aún más bajos que los que utiliza la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) como referencia internacional”. “Los precios de la gasolina Magna en México se cotizan hoy en 12.02 pesos por litro, y según la SHCP, la cotización promedio en Estados Unidos de su similar es de 11.95 pesos. La EIA registra un monto equivalente a 11.33 pesos. Mientras que la diferencia de Hacienda es de 0.07 centavos (0.58 porciento), la de la EIA es de 69 centavos (6.1 por ciento)”. (El Universal, 30-11-13)
Se ha señalado que la recaudación de este año no es la esperada, debido a una baja en el Impuesto al Valor Agregado (IVA), y un precio del petróleo más bajo de lo pronosticado. En la misma medida en la que la recaudación baje el gasto programado dejará de ejercerse, con las consecuencias que ya conocemos.
De aprobarse la reforma energética en los términos en que se plantea, ¿vamos a observar una mejora verdadera del salario real? ¿Bajará el precio de la luz y el gas, como se dice ahora en los medios de comunicación o se trata sólo de una campaña mediática para ajustar las leyes a los intereses de los poderosos del nuestro y de otros países, garantizando la energía que requiere, por ejemplo, nuestro poderoso vecino país del norte? La burra no era arisca, la hicieron así los palos; el pueblo se hace estas preguntas porque ya no cree que las promesas que hoy le hacen vayan a cumplirse mañana.
Por eso es necesario que la mejora del salario real sea efectiva y acompañada de una mejora del salario nominal; las empresas mexicanas deben invertir en tecnología para hacerse más competitivas y no basar su nivel de competencia (de por sí inferior a muchos países), en los peores salarios pagados en un país de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos y con una de las jornadas de trabajo más largas del mundo.
En nuestro país se obtiene plusvalía absoluta por pagar al trabajador menos de lo que vale su fuerza de trabajo; por eso es justo que bajen los precios de los productos que inciden en el salario real.
También se debe reconsiderar la política de los bajos salarios, pues nuestros niveles de competitividad han caído como consecuencia de la falta de inversión ante la propensión marginal a invertir de los empresarios en México (del 20 por ciento, dos de cada 10 pesos que ganan). Las dificultades del país nos obligan a ver que las cosas sí deben cambiar y que la mejora en los bolsillos de la gente tiene que ser una realidad y no quedarse en la propaganda.