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La Verdad del Sureste

MEMORIA TABASQUEÑA

Jorge Luis Jiménez Pérez y el oficio de la encuadernación en Tabasco Laura Viridiana Díaz Rodríguez y José Prisciliano Hernández Hernández


MEMORIA TABASQUEÑA

En Tabasco, la administración y organización de las bibliotecas y archivos históricos se vuelve eficaz, si las personas que trabajan al interior de estos espacios son capaces de trabajar de la mano con los libros, documentos y acervos históricos; esto es, si desde las diferentes profesiones y especialidades que existen para el manejo del patrimonio documental, son capaces de conservar en óptimas condiciones y poner a disposición del público, los archivos y documentos que contienen la historia de nuestro estado.
Así, en Tabasco han existido hombres y mujeres con la suficiente capacidad para atender las necesidades de los acervos históricos y para valorar la importancia del documento para el conocimiento de nuestro pasado. Por ello, es importante recuperar las vivencias y experiencias de aquellos tabasqueños y tabasqueñas, que cotidianamente, con su quehacer contribuyen al rescate, resguardo y conservación del patrimonio histórico documental de los tabasqueños.
Personajes que en diferentes niveles y con trabajos específicos en catalogación, restauración y encuadernación, nos permiten consultar, leer y valorar aquellas evidencias testimoniales de nuestra memoria histórica. Me refiero a esas personas que usualmente no las vemos cuando visitamos una biblioteca o un archivo, pero sí podemos ver su labor a través de un libro, de un periódico, de una fotografía o mapa, en óptimas condiciones y disponible para su consulta.
Por tal motivo, a manera de celebración de su cumpleaños, el 1 de diciembre del año en curso, entrevistamos a un tabasqueño que, con su conocimiento, trabajo y aprecio por la conservación de los libros y documentos históricos de nuestro estado y que son resguardados por nuestra alma máter: Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, cotidianamente ha contribuido en el rescate de nuestra memoria histórica documental, específicamente nos referimos al profesor: Jorge Luis Jiménez Pérez, quien es (quizá) la única persona en todo Tabasco, que sabe cómo encuadernar libros y documentos históricos que forman parte de colecciones especiales.
Actualmente es encuadernador del Proyecto Integral de Rescate y Aseguramiento del Material Biblio-hemerográfico de la Colección Especial Francisco J. Santamaría. Proyecto que promueve el rector de la UJAT: Lic. Guillermo Narváez Osorio.
Datos biográficos
Jorge Luis Jiménez Pérez, nació el 19 de diciembre de 1954 en Villahermosa, Tabasco; es hijo de Marconi Alberto Jiménez de la Cruz (qepd) y Eudivina Pérez A.; y es hermano del profesor Ignacio Jiménez Pérez. Siendo oriundo de la capital villahermosina, realizó los últimos tres años de primaria en la escuela “Manuel Sánchez Mármol”; durante ese periodo, entre los 10 y 12 años, vendió diferentes periódicos: “El hijo del garabato”, “Presente” y “Diario de Tabasco”.
Desde 1968, mientras estudiaba en la secundaria “Rafael Concha Linares” y hasta 1973, año en que terminó sus estudios en la Escuela Preparatoria Plantel 1, fue aprendiz del impresor Mario Enrique Menéndez, quien tenía su taller en la calle Rosales, esq. con Morelos, en la capital tabasqueña; con él aprendió a manejar los tipos móviles (piezas de metal que contienen una letra o caracter invertido y que se usan para la impresión de textos), él se encargaba de la composición de textos y en general, de todo lo relacionado con la imprenta.
En ese contexto de los movimientos estudiantiles que se manifestaban en Tabasco, de finales de los 60´s y principios de los 70´s, Jiménez Pérez decidió irse a estudiar en la Facultad de Medicina de la UNAM. Así, en enero de 1974, con solo 19 años, llegó al D. F., donde fue recibido por un amigo; como él mismo señala, gracias al apoyo de esa amistad, pudo aprender a usar el transporte público y a desplazarse en ese lugar, que era completamente diferente a su natal Villahermosa.
Sin embargo, su estancia en la carrera de Medicina fue corta, ya que como Jiménez Pérez declaró, tuvo que vivir en la Casa del Estudiante Tabasqueño sin apoyos económicos y padeciendo continuas carencias de todo tipo. Por ende, todas esas circunstancias de precariedad lo obligaron a abandonar sus estudios universitarios.
En ese contexto, a finales de 1975, y gracias a la experiencia que había adquirido en su terruño; consiguió trabajo en una pequeña imprenta particular en la capital mexicana. Esta etapa de su vida se vuelve vital porque nos permite comprender el quehacer del profesor Jorge Luis J. P., esencialmente porque a partir de esta época, todo su trabajo y formación educativa se centró en los conservación y tratamiento de libros y la palabra impresa. Mientras aun trabajaba en una imprenta particular, en el año de 1977 se enteró que en la Escuela Nacional de Artes Gráficas (ENAG), se estaba impartiendo la carrera en Técnico Linotipista. Ese mismo año se inscribió en la carrera, y junto a otros compañeros de Tabasco como Juan Molina Becerra, solicitó y recibió una beca del Patronato para la Asistencia de Estudiantes de Provincia en el Distrito Federal, A. C., gracias a esta beca que recibió hasta el 79, pudo solventar una parte de sus gastos, aunque continuó viviendo en la Casa del Estudiante Tabasqueño. A partir de 1980, mientras estudiaba el 3er año de la carrera, obtuvo un empleo como administrativo y posteriormente como docente en la Secundaria Técnica #10, en el taller de imprenta. Así pasó el resto de sus estudios universitarios: trabajando en las mañanas y estudiando en las tardes. Será hasta 1985 que se tituló con la tesis “Linotipo. Máquina para Composición Tipográfica”.
Jiménez Pérez continuó trabajando en la docencia, aunque eso no le impidió laborar temporalmente, en 1984, en un taller de imprenta que dependía de “El Universal”. Posteriormente, en noviembre de 1985 y hasta 1997, volvió a esa etapa de aprendiz, siendo discípulo del Sr. Juan Carlos Hernández en el taller particular de encuadernación y marroquinería “Hernández”, en el D. F.
A pesar del tiempo, el trabajo y de las amistades que había generado en la capital mexicana, el profesor Jiménez Pérez nunca olvidó su tierra y su familia. Por tal motivo, a partir de 1997 pidió permiso en su trabajo y, en una de sus visitas a Tabasco, decidió “buscar suerte”, como él mismo reconoce. Se acercó a las bibliotecas de Villahermosa para ver qué había y en especial, qué podía hacer por los libros; y aunque sin éxito alguno al principio, no desistió de su búsqueda, para poder desarrollar su profesión en Tabasco.
Así, el momento llegó, cuando visitó la biblioteca José Martí, allí dialogó con el entonces jefe de la biblioteca, el historiador Raymundo Vázquez Soberano; se pusieron de acuerdo y Vázquez Soberano lo recomendó para que trabajara biblioteca; ya que les hacía falta alguien con la formación suficiente en la encuadernación, el cuidado y atención que requieren los documentos históricos.
Aunque tuvo que volver al D. F., gracias a la muestra de su trabajo como encuadernador, el 1 de marzo de 1998 recibió la llamada que le hizo regresar y vivir permanentemente en Tabasco: había sido contratado como encuadernador de la biblioteca José Martí.
Hoy, a 23 años de acumulación de saberes y experiencia práctica, el profesor Jorge Luis, sigue trabajando en algo que le apasiona y le ha permitido autorrealizarse. Desde entonces, también contribuye en la protección y conservación de nuestra memoria histórica; considerando siempre: que aún le falta mucho por aprender de su noble oficio. Por ello, los invitamos a conocer y valorar el quehacer de un tabasqueño que con pasión y compromiso, vive con el lema de: “por el libro, con el libro y en el libro.”
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