MEMORIA TABASQUEÑA
La presencia feminista en el Primer Congreso de Estudiantes Socialistas de Tabasco
Durante el garridismo, la mujer ocupó un lugar coyuntural en la vida política, cultural y socioeconómica de Tabasco. Hoy sabemos gracias a las múltiples referencias históricas, que su labor no solo se limitó a la familia y la educación, sino que además formó parte activa de las estructuras sociales que delinearon al proyecto garridista.
Así, en el contexto de la realización del Primer Congreso de Estudiantes Socialistas de la República mexicana, realizado los últimos días de julio de 1934, la maestra feminista Ana Santamaría participó como integrante del Comité Organizador y formó parte de un grupo de tabasqueñas que aprovecharon la coyuntura del Congreso como plataforma para plantear sus discusiones sobre el socialismo y la justicia social.
Desde esa perspectiva, entre otras, publicaron artículos: Blanca Lidia Trejo, Carmen Maldonado, Olga González, Eloísa Azcuaga del Valle, Delfina Ferrer, Sara M. de Castillo, Luz S. de Cachón Ponce, María Madrigal de Sánchez. Se trata de escritos que dan cuenta de la mentalidad femenina de la época, en la que se conjuga el anticlericalismo, el socialismo y las demandas de la agenda feminista que tenía sus particularidades regionales.
Por su parte, Olga González O., escribió dos artículos con el mismo título: “La participación de la juventud en la lucha de clases”, el primero de corta extensión fue para el periódico Redención y el otro extenso para la revista La Voz del Estudiante; en el que problematiza cómo desde la escuela la sociología y la pedagogía debe contribuir en la formación de los jóvenes en la adquisición de principios y hábitos que los aleje de la ignorancia, el vicio y el fanatismo religioso, para darles una conciencia de clase que les permita participar con acciones concretas en la sociedad.
Delfina Ferrer nombró su artículo “Renovarse es vivir” en donde señaló que para los revolucionarios, renovarse y evolucionar es una cuestión de vida. Y que en México, era urgente una renovación moral e intelectual que permitiera consolidar la lucha contra los enemigos de la ignorancia, el alcoholismo y el capitalismo; para ella, esas cuestiones eran obstáculo para el progreso, por lo tanto, con la fuerza de la educación, con los ideales del amor, la justicia y la verdad se podría contribuir a consolidar la conciencia de los jóvenes y los niños.
En ese orden de ideas, la profesora Sara M. de Castillo redactó el artículo “Calles y la juventud”, en el que si bien es cierto, realizó una apología de Calles, también habló sobre la necesidad de que el Estado posrevolucionario realizara una revolución psicológica y espiritual, para cimentar la conciencia política y social de las nuevas generaciones. Para la autora, en esta nueva revolución, los maestros deberían ser el elemento clave, porque ellos estaban capacitados para liberar la conciencia de los niños, de los fanatismos de la religión y la ignorancia.
Luz S. de Cachón Ponce por su parte publicó “A la mujer revolucionaria de Tabasco”, texto en el que señaló que la mujer tabasqueña transitaba por los campos del socialismo y que continuamente combatía contra los prejuicios religiosos y sociales, que en Tabasco la mujer había vivido un atraso terrible; que había estado aislada de las ideas de la revolución social y que había estado dominada bajo “el terrateniente negrero, el cura parásito y el extranjero explotador”; que la mujer había sido considerada como un ser inferior, pero que había sido liberada por la revolución y el garridismo. También, que ahora se encontraba floreciendo en la organización y transformación social.
A modo de síntesis resulta pertinente puntualizar que en esta entrega, solo se recuperaron algunos ejemplos de aportaciones de mujeres que escribieron en el contexto del Primer Congreso de Estudiantes Socialistas que se realizó en Tabasco. Son aportes de mujeres que en los libros de historia no están registrados.
Así, en el contexto de la realización del Primer Congreso de Estudiantes Socialistas de la República mexicana, realizado los últimos días de julio de 1934, la maestra feminista Ana Santamaría participó como integrante del Comité Organizador y formó parte de un grupo de tabasqueñas que aprovecharon la coyuntura del Congreso como plataforma para plantear sus discusiones sobre el socialismo y la justicia social.
Desde esa perspectiva, entre otras, publicaron artículos: Blanca Lidia Trejo, Carmen Maldonado, Olga González, Eloísa Azcuaga del Valle, Delfina Ferrer, Sara M. de Castillo, Luz S. de Cachón Ponce, María Madrigal de Sánchez. Se trata de escritos que dan cuenta de la mentalidad femenina de la época, en la que se conjuga el anticlericalismo, el socialismo y las demandas de la agenda feminista que tenía sus particularidades regionales.
Por su parte, Olga González O., escribió dos artículos con el mismo título: “La participación de la juventud en la lucha de clases”, el primero de corta extensión fue para el periódico Redención y el otro extenso para la revista La Voz del Estudiante; en el que problematiza cómo desde la escuela la sociología y la pedagogía debe contribuir en la formación de los jóvenes en la adquisición de principios y hábitos que los aleje de la ignorancia, el vicio y el fanatismo religioso, para darles una conciencia de clase que les permita participar con acciones concretas en la sociedad.
Delfina Ferrer nombró su artículo “Renovarse es vivir” en donde señaló que para los revolucionarios, renovarse y evolucionar es una cuestión de vida. Y que en México, era urgente una renovación moral e intelectual que permitiera consolidar la lucha contra los enemigos de la ignorancia, el alcoholismo y el capitalismo; para ella, esas cuestiones eran obstáculo para el progreso, por lo tanto, con la fuerza de la educación, con los ideales del amor, la justicia y la verdad se podría contribuir a consolidar la conciencia de los jóvenes y los niños.
En ese orden de ideas, la profesora Sara M. de Castillo redactó el artículo “Calles y la juventud”, en el que si bien es cierto, realizó una apología de Calles, también habló sobre la necesidad de que el Estado posrevolucionario realizara una revolución psicológica y espiritual, para cimentar la conciencia política y social de las nuevas generaciones. Para la autora, en esta nueva revolución, los maestros deberían ser el elemento clave, porque ellos estaban capacitados para liberar la conciencia de los niños, de los fanatismos de la religión y la ignorancia.
Luz S. de Cachón Ponce por su parte publicó “A la mujer revolucionaria de Tabasco”, texto en el que señaló que la mujer tabasqueña transitaba por los campos del socialismo y que continuamente combatía contra los prejuicios religiosos y sociales, que en Tabasco la mujer había vivido un atraso terrible; que había estado aislada de las ideas de la revolución social y que había estado dominada bajo “el terrateniente negrero, el cura parásito y el extranjero explotador”; que la mujer había sido considerada como un ser inferior, pero que había sido liberada por la revolución y el garridismo. También, que ahora se encontraba floreciendo en la organización y transformación social.
A modo de síntesis resulta pertinente puntualizar que en esta entrega, solo se recuperaron algunos ejemplos de aportaciones de mujeres que escribieron en el contexto del Primer Congreso de Estudiantes Socialistas que se realizó en Tabasco. Son aportes de mujeres que en los libros de historia no están registrados.