MEMORIA TABASQUEÑA
Manuel Sánchez Mármol: un liberal olvidado por el Estado y las nuevas generaciones
Cuando una sociedad olvida y solo recuerda pequeñas imágenes de su pasado, esa sociedad no tiene una claridad histórica de desarrollo a través del tiempo; es una sociedad sin conciencia histórica e incapaz de reconstruirse en el presente, refrendando su sentido de pertenencia en un espacio históricamente determinado; porque no tiene certeza de su cultura e identidad. Porque el olvido y la falta de mecanismos precisos que nos permitan recordar nuestra historia, nos impiden tener un conocimiento y una comprensión de lo que somos, del quehacer histórico de nuestros bisabuelos, nuestras abuelas y nuestros padres.
Las sociedades que no recuerdan su pasado, que no se lo enseñan a las nuevas generaciones, como un saber y con prácticas sociales que nos permitan establecer lazos de convivencia ciudadana, de toma de conciencia y de compromiso social, son sociedades que viven bajo mecanismos de alienación, que engendran prácticas de control, de coerción y de enajenación; que son la base del autoritarismo, la antidemocracia y de la injusticia social. Porque olvidar, forma parte de un proyecto en el que recordar quién es quién en la sociedad, a partir de sus relaciones, prácticas, hechos y su historia, no conviene para los que ejercen el poder.
En Tabasco, en los últimos años, se olvida y se recuerda al son de una diversidad de prácticas; en un proceso en el que se recuerda y difunde el pasado a partir de una perspectiva oficialista, que pragmáticamente aborda la historia de las distintas generaciones de tabasqueños. Desde esa posición, se realizan actividades diversas para recordar y reivindicar la historia local; en las que participan aficionados a la historia, estudiantes de historia y expertos en estudiar y sistematizar el pasado: historiadores. En ese proceso, las omisiones y olvidos sobre el desarrollo de nuestra historia, y de sus protagonistas, es recurrente. En ese contexto, el pasado 25 de mayo, el día de su natalicio, se olvidó recordar a un intelectual y liberal tabasqueño como Manuel Sánchez Mármol.
Para quienes estudiamos, enseñamos e investigamos en el campo de las ciencias sociales en Tabasco, nos es imposible no recordar y reivindicar al licenciado Manuel Sánchez Mármol, no solo porque fue el fundador del primer centro de Educación Superior en Tabasco: el Instituto Juárez, institución de la que nace la UJAT; sino además, porque su práctica académica se dio en el contexto de un proceso en el que las ciencias sociales se enseñaron y difundieron desde la perspectiva del positivismo, el historicismo y la dialéctica. Porque su práctica administrativa se dio reivindicando el conocimiento social, como un elemento significativo para la administración de la sociedad.
Dicho lo anterior, los notarios y los abogados deberían ser los más interesados en recordar y reivindicar a Manuel Sánchez Mármol, porque él fue el responsable de elaborar los primeros planes de estudio de las carreras de Notariado y Jurisprudencia en el Instituto Juárez; de los que también fue su primer maestro. Los juristas en general, deberían recordarle a las nuevas generaciones, que en los albores del Porfiriato, el coordinador de las reformas de todo el sistema jurídico local, también fue Sánchez Mármol.
Los que estudian la sociología, la educación, la literatura y la ciencia política, tampoco pueden ignorar al originario de Cunduacán Tabasco; porque sus análisis sociales y su pasión por la economía política lo llevaron a hacer precisiones sobre los fenómenos sociales que vivió Tabasco, desde la generación de la Reforma hasta los inicios de la Revolución Mexicana. Sus aportaciones en la literatura y la educación han sido estudiadas parcialmente, a pesar de que sus obras perduran hasta nuestros días. Y su quehacer político aún no ha sido sistematizado y narrado, como parte de la historia de los liberales críticos, que lucharon contra los conservadores, el intervencionismo europeo y, que después, se incorporaron al Porfiriato.
Desde la historia, debemos recordar y reivindicar al licenciado Manuel Sánchez Mármol de manera integral; debemos investigar su vida como parte de los procesos históricos que le tocó vivir; con el interés de explicar su quehacer social, que nos permita comprender sus vivencias, sus relaciones y sus acciones, como elementos que definen su cultura e identidad colectiva y personal, en la dinámica de sus intereses y proyecto social.
Por ello, no podemos dejar de proponer que al abordarse su trayectoria académica y política, también se estudie su infancia en Cunduacán (1839-1853), sus estudios en Mérida (1853-1859), la etapa en la que definió su postura liberal, en el contexto de la Guerra de Reforma (1858-1861); su posición como ideólogo y de lucha contra la intervención francesa (1863-1867); su papel como administrador y político (1864-1876); su etapa como reformador jurídico, académico y dirigente de instituciones locales (1877-1892); su papel como diputado federal, maestro, representante de casas comerciales y senador (1892-1912). Sin olvidar que también fue esposo y padre de familia. Ya que solo al estudiar cada uno de estos aspectos de su vida, es posible comprender en su justa dimensión el quehacer y la personalidad de Manuel Sánchez Mármol.
Y también, en ese estudio, no se debe ignorar su papel como editor y articulista en periódicos, revistas y como autor de libros; porque a través de la lectura de su obra podemos conocer aspectos subjetivos como: su forma de pensar, los gustos, aspiraciones y siendo más específicos, la forma en que entendió y definió el contexto social e histórico en que vivió. Porque Sánchez Mármol desarrolló sus capacidades intelectuales y literarias desde la juventud; por ejemplo, en 1860 empezó a publicar en “La Guirnalda” su novela El Misionero de la Cruz y, en 1861 publicó, en colaboración con Alonso de Regil y Peón, la Antología de Poetas yucatecos y tabasqueños.
Es importante destacar que, en el campo de la política, Sánchez Mármol también usó su habilidad con la pluma, para defender las ideas liberales en el periódico “Águila Azteca”. También, refrendó su posición y perspectiva política cuando escribió “La Venganza de una Injuria”, cuando fundó en Yucatán, con José Peón Contreras y Manuel Roque Castellanos, el periódico de Sátira Política: “La Burla” y en 1890, al fundar “La Aspiración Social”, periódico del Partido Liberal Radical de Tabasco, en el que enfrentó a los conservadores, que apoyaban a Porfirio Díaz.
No dejamos de recomendarle al interesado en la vida y la obra de Sánchez Mármol, otras de sus obras ya publicadas, entre las que destacan: En el Periódico Ilustrado: El Gran Baile de Trajes; colaboró en El Repertorio Pintoresco, de Crescencio Carrillo y Ancona; También colaboró en El Álbum Yucateco y El Disidente; en 1871, publicó Brindis de Navidad; en 1882 publica Pocahontas; en 1892, publica La Pálida, que después fue titulada Juanita Souza, cuando se publicó en otra edición de 1901; es autor de Letras Patrias, en la obra México y su Evolución Social; en 1903, publicó Antón Pérez. Y en 1906, cuando ocupó su sitio en la Academia Mexicana de la Lengua como socio numerario, en la silla XI, publicó su última novela Previvida. Y desde luego, queda como reto a los historiadores, recuperar sus artículos, discursos, informes, etc., dispersos en diversas fuentes.
Y para ubicar lo que el propio Sánchez Mármol expresaba sobre la ciencia y el saber, es importante leer el próximo texto, que fue escrito de su puño y letra, en el contexto de la fundación del Instituto Juárez: “Por la ciencia el hombre es lo que ha llegado a ser; sin ella, fuera inferior al bruto; pues mientras que el hombre nace impotente e incapaz de todo, el bruto cuenta desde el primer día de su existencia con un organismo adaptable a la satisfacción de todas necesidades. Contra esta superioridad de la bestia, tiene el hombre la facultad de perfeccionarse; tiene la inteligencia. Provisto de ella sola, cayendo y levantando por entre las tinieblas de la ignorancia, hallando un tropiezo en cada error, un obstáculo en cada preocupación, va siempre adelante en pos de la adquisición del bien y de la verdad, divinos ideales encendidos por la mano del creador en los horizontes de la vida, como ineficientes fanales.”
Aunque positivistas, las concepciones de Sánchez Mármol deben entenderse como críticas y como parte de un proceso que permite a los habitantes de Tabasco iniciar el camino para recobrar su humanidad, contra las sin razones y violencias que emanan de la ignorancia.
Por sus aportaciones, la historia de Sánchez Mármol y de Tabasco: su cultura y los procesos sociales que definen la identidad del tabasqueño, no pueden seguir olvidándose o recordándose, en la dinámica de un pragmatismo cultural, que no es capaz de trasmitirle a los jóvenes de hoy, una conciencia histórica, que les oriente en la dinámica de asumir sus responsabilidades ciudadanas, con valores y principios, que les permitan reconocerse y convivir con un sentido de pertenencia a Tabasco.
Por ello. Debemos mantener en nuestra memoria, el recuerdo de nuestros antepasados, que como Manuel Sánchez Mármol, contribuyeron y se responsabilizaron de nuestra historia.