MEMORIA TABASQUEÑA
Tabasqueñas en la Exposición Colombina de Chicago de 1893
La historia de la presencia de Tabasco en las Exposiciones Universales del siglo XIX y principios del XX, aún no se ha escrito completamente, porque de manera organizada no se ha reflexionado sobre el papel que desempeñaron los hombres y las mujeres que participaron en las diferentes exposiciones que se realizaron en Europa y en Estados Unidos. Especialmente, porque hoy podemos conocer que existieron diferentes mujeres, la mayoría de clase alta, que participaron como exponentes, concursantes y como encargadas de seleccionar los objetos más significativos para ser expuestos en ferias locales o bien en exposiciones extranjeras. Hecho oculto por la historia oficial, ya que tradicionalmente solo se reconoce el trabajo de Arcadio Zentella y de José Narciso Rovirosa Andrade, porque fueron los encargados de elaborar los catálogos de productos de Tabasco para las exposiciones de Nueva Orleans (1882), París (1889), de San Luis Misuri (1904).
Por ello, en esta ocasión, les comparto este trabajo sobre las mujeres del Porfiriato, que en representación de Tabasco, participaron en la selección de productos femeninos para que se presentaran en la Exposición Colombina de Chicago que se realizó desde el 1 de mayo hasta el 30 de octubre de 1893.
En el siglo XIX, periodo marcado por el avance de la “industrialización” en Europa, se gestaron las Exposiciones Universales; aunque en este continente ya existía una larga tradición en la realización de ferias y exposiciones, donde se dieran a conocer los resultados de la agricultura, objetos de arte y el avance de la tecnología; estos eventos tendrán su propia caracterización histórica a partir de ese siglo, específicamente porque confluyó la necesidad de la expansión del mercado, la explotación de recursos materiales, todo bajo el esquema político del liberalismo. Bajo esas condiciones, en México durante el Porfiriato se acrecentó la necesidad del gobierno de proyectar ante el extranjero una imagen como país productor de materias primas, con mano de obra y abierto a la inversión extranjera.
Todo lo anterior propició que se organizaran a nivel regional grupos de intelectuales, políticos, productores y aquellos que poseían los medios económicos, para elegir los productos agrícolas u objetos que mostraran las cualidades físicas, medioambientales, socioeconómicas y culturales de los estados como Tabasco, con la finalidad de que se presentaran en las Exposiciones ya sea en Nueva Orleans (1882), París (1889), Chicago (1893) y en San Luis Misuri (1904). En ese sentido, las mujeres de las clases altas empezaron a incursionar en la organización, selección de los materiales y productos manufacturados por las mismas mujeres para que formaran parte de lo que se exponía fuera del país.
En el caso de Exposición Colombina de Chicago, se destinó todo un edificio exclusivo para los objetos femeninos, ese lugar fue nombrado “El Edificio de la Mujer”. Este hecho significativo propició que en nuestro país se creara el 8 de julio de 1892 la Junta Directiva de Señoras de México a cargo de Carmen Romero Rubio de Díaz y con el apoyo del Secretario de Fomento el Ing. Manuel Fernández Leal. A partir de ese año se convocó a las mujeres que tenían cercana relación con los mandatarios estatales y los grupos hegemónicos locales para que organizaran sus propias Juntas Directivas y a su vez se encargaran de seleccionar los objetos más representativos de la creatividad femenina.
En Tabasco la junta directiva quedó integrada por 16 mujeres: como presidente fue Luisa G. de Kerlegand, como Secretaria: Casiana Casasús de Graham y como Tesorera: Juana de D. Campos de Suzarte. Para las comisiones de pintura, música, literatura, cerámica, tejidos y bordados, participaron: Sara Maldonado, Consuelo Sánchez de Pellicer, Sofía Nieto de Correa, Josefina Payró de la Fuente, Daría A. de Alday, Genoveva Gil de Trilles, Juana Ramos de Cámara, Josefa A. M. de Maldonado, Ángela Payró, Rita Cámara, Estela Sánchez de Sosa, Josefa Jiménez de Nieto y Ana Reguera de Anzorena.
Por cuestiones de espacio, solo me resta decir, que estas mujeres expresaron su propia concepción de lo femenino desde una visión elitista y que no contempló a las mujeres de otras condiciones sociales ni de origen indígena. Con su participación en la Junta Directiva de Señoras, también nos confirman cómo las mujeres de la élite se encargaron de legitimar el proyecto porfirista.
Por ello, en esta ocasión, les comparto este trabajo sobre las mujeres del Porfiriato, que en representación de Tabasco, participaron en la selección de productos femeninos para que se presentaran en la Exposición Colombina de Chicago que se realizó desde el 1 de mayo hasta el 30 de octubre de 1893.
En el siglo XIX, periodo marcado por el avance de la “industrialización” en Europa, se gestaron las Exposiciones Universales; aunque en este continente ya existía una larga tradición en la realización de ferias y exposiciones, donde se dieran a conocer los resultados de la agricultura, objetos de arte y el avance de la tecnología; estos eventos tendrán su propia caracterización histórica a partir de ese siglo, específicamente porque confluyó la necesidad de la expansión del mercado, la explotación de recursos materiales, todo bajo el esquema político del liberalismo. Bajo esas condiciones, en México durante el Porfiriato se acrecentó la necesidad del gobierno de proyectar ante el extranjero una imagen como país productor de materias primas, con mano de obra y abierto a la inversión extranjera.
Todo lo anterior propició que se organizaran a nivel regional grupos de intelectuales, políticos, productores y aquellos que poseían los medios económicos, para elegir los productos agrícolas u objetos que mostraran las cualidades físicas, medioambientales, socioeconómicas y culturales de los estados como Tabasco, con la finalidad de que se presentaran en las Exposiciones ya sea en Nueva Orleans (1882), París (1889), Chicago (1893) y en San Luis Misuri (1904). En ese sentido, las mujeres de las clases altas empezaron a incursionar en la organización, selección de los materiales y productos manufacturados por las mismas mujeres para que formaran parte de lo que se exponía fuera del país.
En el caso de Exposición Colombina de Chicago, se destinó todo un edificio exclusivo para los objetos femeninos, ese lugar fue nombrado “El Edificio de la Mujer”. Este hecho significativo propició que en nuestro país se creara el 8 de julio de 1892 la Junta Directiva de Señoras de México a cargo de Carmen Romero Rubio de Díaz y con el apoyo del Secretario de Fomento el Ing. Manuel Fernández Leal. A partir de ese año se convocó a las mujeres que tenían cercana relación con los mandatarios estatales y los grupos hegemónicos locales para que organizaran sus propias Juntas Directivas y a su vez se encargaran de seleccionar los objetos más representativos de la creatividad femenina.
En Tabasco la junta directiva quedó integrada por 16 mujeres: como presidente fue Luisa G. de Kerlegand, como Secretaria: Casiana Casasús de Graham y como Tesorera: Juana de D. Campos de Suzarte. Para las comisiones de pintura, música, literatura, cerámica, tejidos y bordados, participaron: Sara Maldonado, Consuelo Sánchez de Pellicer, Sofía Nieto de Correa, Josefina Payró de la Fuente, Daría A. de Alday, Genoveva Gil de Trilles, Juana Ramos de Cámara, Josefa A. M. de Maldonado, Ángela Payró, Rita Cámara, Estela Sánchez de Sosa, Josefa Jiménez de Nieto y Ana Reguera de Anzorena.
Por cuestiones de espacio, solo me resta decir, que estas mujeres expresaron su propia concepción de lo femenino desde una visión elitista y que no contempló a las mujeres de otras condiciones sociales ni de origen indígena. Con su participación en la Junta Directiva de Señoras, también nos confirman cómo las mujeres de la élite se encargaron de legitimar el proyecto porfirista.