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La Verdad del Sureste

MEMORIA TABASQUEÑA

EL SIGNIFICADO HISTÓRICO DEL 2 DE OCTUBRE DE 1968


MEMORIA TABASQUEÑA

El 2 de octubre de 1968, en la Plaza de las Tres Culturas, el Estado mexicano decidió brutalmente: a balazos, con asesinatos, allanamientos, detenciones y desapariciones, terminar con las protestas estudiantiles, que se estaban dando en la Ciudad de México desde julio de ese año. Con ello, el gobierno priista dejó ver su rostro autoritario, violento y antidemocrático; pues decidió callar la voz de los jóvenes con las bayonetas y con las balas; y con ello, renunció a reformarse, a transformarse y a crear una apertura democrática ante las demandas de las nuevas generaciones.
Así, porque el movimiento estudiantil de 1968 significa un parteaguas en la historia de México, cada año lo reivindicamos el 2 de octubre, el día de la masacre de Tlatelolco. Recordamos la represión y señalamos cómo a partir de ese hecho, en México inició una resistencia civil y política, que asumieron campesinos, maestros, sindicatos, organizaciones urbanas y estudiantiles, con el fin de cambiar al país y de transformar al sistema político bajo una perspectiva democrática.
Por ello, hoy en plena hegemonía de la Cuarta Transformación, tenemos que decir, que no podemos olvidar las demandas y exigencias del movimiento de 1968; que no podemos dejar de reivindicar la lucha que los jóvenes contra del autoritarismo priista; y que tenemos que mantener en nuestra memoria esa parte de la historia de México, porque sobre el sufrimiento y las vidas de los jóvenes, se sembró la resistencia civil y la lucha política, que permitió desplazar del poder presidencial al PRI y al PAN.
Bajo esa perspectiva, el 68 mexicano tiene su significado histórico a partir de los hechos singulares que se dieron en México, pero no podemos dejar de interpretarlo como parte de un proceso mundial, en el que los jóvenes asumen una postura anti-sistémica ante el capitalismo y el socialismo real. Porque fue parte de una rebelión de la juventud contra todo el status quo de la época; contra la guerra de Vietnam; contra la falta de derechos civiles; contra el racismo y la Guerra Fría; contra la marginación, la discriminación y autoritarismo de los modelos de desarrollo. Fue una impugnación generacional contra los sistemas políticos, sus gobiernos e instituciones, que no eran capaces de garantizar el cumplimiento cabal de las libertades civiles básicas; y un desarrollo social, con justicia, equidad y sin corrupción.
Por ello, mientras en nuestro país se sigan violando los derechos humanos; la vida pública y política no se dé bajo la democracia; mientras las políticas públicas y los proyectos de desarrollo económico, no nos garanticen bienestar social, equidad y eliminen la desigualdad social, seguiremos recordando y revindicando el 2 de octubre. Seguiremos recordando las marchas y protestas de los estudiantes en Tabasco, Michoacán, Puebla, Veracruz y, desde luego, en la ciudad de México. Seguiremos gritando: ¡Libertad a los presos políticos!; ¡Castigo a los represores y responsables de los desaparecidos!; ¡Justicia y democracia! y ¡No más represiones a los estudiantes!
Sobre todo, no olvidaremos la máxima enseñanza de los estudiantes del 68, que la voz de los jóvenes, de las nuevas generaciones, no puede ser sometida a burocratismos clientelares, a formas y actos represivos y autoritarios, porque eso significa castrar la creatividad, las esperanzas y las aspiraciones de un país, significa eclipsar el futuro de una sociedad.
Por lo expuesto, los invito a repensar el movimiento estudiantil mexicano de 1968, como parte de un proceso histórico significativo, que define e incide en nuestro presente. Por eso, debemos estudiarlo y hacer que se conserve en la memoria de las nuevas generaciones.




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