MEMORIA TABASQUEÑA
HACE 75 AÑOS SE FUNDÓ LA REVISTA JUCHIMÁN DEL INSTITUTO JUÁREZ DE TABASCO
En el presente, la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco publica, de manera electrónica la Gaceta Juchimán, que es un medio a través del cual la UJAT difunde su quehacer administrativo y las actividades de la comunidad universitaria relacionadas con la docencia, la investigación, la difusión de la cultura y la extensión universitaria.
Para los miembros de la UJAT, dicho medio de difusión es un referente que los pone al tanto sobre el acontecer universitario. Pero, la mayoría de los diversos sectores de la universidad ignoran que, la Gaceta Juchimán tuvo su origen en la Revista Juchimán, que se publicó por primera vez en mayo de 1948. También desconocen, que durante más de 25 años, la revista dejó de editarse, hasta que en los ochentas, volvió a imprimirse y difundirse, hasta nuestros días.
EL PROYECTO EDUCATIVO DE SANTAMARÍA PARA EL IJ.
En mayo de 1948 se publicó la Revista Juchimán, se fundó como parte de un proyecto educativo que transformó el funcionamiento educativo, pedagógico y cultural del Instituto Juárez (IJ); como parte de un proceso, en el que Tabasco experimentó cambios significativos en materia educativa, administrativa e infraestructural, con el proyecto político que impulsó el gobernador Francisco J. Santamaría.
Al asumir la gobernatura de Tabasco, Santamaría decidió que su plan administrativo, le diera singular importancia a la educación y a la cultura; por ello, construyó escuelas, creó centros culturales y, en el IJ empezó a impulsar un proyecto que reivindicó la tradición histórica y educativa del plantel, en el contexto de los procesos sociales que Tabasco vivía.
La aplicación de un nuevo modelo educativo para el IJ, se inició con una profunda revisión de su funcionalidad, del quehacer académico de docentes y alumnos y su contribución real a la sociedad local. Con un análisis de la funcionalidad del IJ, se determinó que: la institución debía asumir nuevos compromisos sociales y educativos; debía darse una reforma curricular; y tendría que crear una nueva oferta educativa, en función de las demandas sociales.
Así, el nuevo proyecto partió de una crítica al IJ, porque en ese tiempo, la institución se encontraba ajena a su propia identidad educativa, vivía en una inercia de casi parálisis. Por ello, Santamaría propuso que debía revalorarse su operatividad y volver a fincar en él, las esperanzas de formación profesional para las nuevas generaciones de tabasqueños.
Desde esa perspectiva, se reestructuró el IJ; se atendieron sus necesidades infraestructurales y de material didáctico; se empezaron a cambiar las prácticas pedagógicas; y se integraron nuevos recursos humanos, mientras se capacitaba a los viejos maestros. Todo, en una dinámica en la que se generó un proceso de reinvención del IJ; en el que se revaloró la educación como motor del desarrollo social y se consideró a los maestros como verdaderos apóstoles de la cultura.
Entonces, el IJ fue concebido como una institución coyuntural para el desarrollo de Tabasco. Se refundó la Escuela de Derecho; se realizaron reformas a la enseñanza secundaria y de bachillerato; se consolidó un nuevo proyecto de organización interna, en la perspectiva de que, fuera la base para transformar al IJ en universidad; se diseñaron y realizaron diversas actividades culturales y de recreación intelectual. En ese proceso, se articularon las actividades académicas con la educación física y de convivencia social.
SE FUNDA JUCHIMÁN
En el contexto de ese proyecto, la edición de la Revista Juchimán revitalizó la vida académica y cultural del IJ y de Tabasco, a partir de la publicación de su primer número en mayo de 1948. En la primera editorial de la revista se explicó que, salía a la luz pública como parte de un proceso de renovación, en el que las estructuras funcionales del Instituto se estaban transformando, y en el que los sujetos estaban construyendo nuevas relaciones, para consolidar al IJ como una institución de educación superior.
Textualmente, se publicó lo siguiente: “Renovarse o morir (…) un hálito de vida y esperanza se manifiesta en todos los actos que el Instituto viene realizando, de unas semanas atrás; los catedráticos se ostentan satisfechos y la grey estudiantil se muestra bullanguera y optimista; unos y otros han querido que su entusiasmo trascienda y (…) ¡he aquí el órgano de expresión escogido! Esta modesta publicación que se propone, sencillamente, ser un reflejo fiel de la vida tabasqueña, que el Instituto Juárez se convence, se transforma y se difunde.” (Juchimán. 1948: 3).
Desde su fundación, Juchimán expuso que no buscaba ser un pasquín más, ni sobrevivir acosta de la adulación y la morbosidad; se concibió como una revista que buscaba desarrollar: “…la ardua misión de modelar la conciencia social…”
También, en su momento, sus editores aclararon que, la revista no pretendía constituirse en una especie de empresa mercantil y que buscaba ser autosuficiente y, no depender de interés alguno. Se presentó como un esfuerzo colectivo, académico, cuyas aportaciones individuales deberían expresar el carácter que representaba una casa de estudios como el IJ.
En relación al contenido y al carácter de los trabajos, Juchimán buscó desde sus inicios, publicar trabajos que fueran accesibles a todos los sectores educativos de Tabasco; y desde luego, que pudieran ser entendibles entre los diversos grupos sociales que, sobre todo, confluían en la ciudad de Villahermosa.
La fundación de la revista fue concebida como un medio que le permitiera al IJ generar un intercambio cultural con otras instituciones de educación superior del país, que a través de ella, la Universidad Veracruzana, la UNAM, etc., pudieran conocer el quehacer académico de los miembros del IJ, así como, las diversas formas de pensar de los estudiantes y catedráticos ante problemáticas científicas y sociales concretas.
En los primeros números, la revista tuvo la estructura siguiente: una portada, el sumario general del contenido; contraportada con el nombre de los colaboradores, el costo de la revista, algún anunciante y una breve explicación de la portada.
Después, seguía la editorial, en la que se hacían señalamientos directos sobre algún asunto específico; después se publicaba información sobre la relación que el IJ tenía con otras instituciones educativas; enseguida, se abordaban los asuntos que se daban al interior de IJ, en una especie de cronología.
Posteriormente, se trataba alguna temática, con acotaciones y reflexiones específicas; luego venía la sección literaria, la sección deportiva y se finalizaba con información en la que se exponía los logros estudiantiles. En las últimas tres páginas de la revista, se le colocaba de manera conjunta la propaganda de los anunciantes.
A nivel de contenido, es necesario puntualizar que las secciones de “Intercambio Cultural”, “Glosando el mes que expira…”, “Reflexiones por Ipodemo”, la sección de artículos especiales y la sección literaria, fueron las más ricas.
En los primeros 50 números, que corresponden a los primeros cinco años, los colaboradores de la Revista Juchimán fueron: Mario Claudio Lezcano, Francisco J. Gutiérrez Lomasto, Alicia Delaval, Salvador Neme Castillo, Belisario Colorado Jr., Jorge de la Cerda Ritz, A. Yolanda Buendía, Manuel A. Urrutia, Francisco Armengol Hernández, Juan Antonio Ramos, Vicente Gallegos González, José Manuel Mayans, Bartolo Reynés Berezaluce, Joaquín Cueto, Vidaura García, Ángela Milla, Jorge Ruiz Luque, Agenor González Valencia, Manuel Reyes Montejo, Manuel A. Zurita, Raúl Zepeda S., Darwin Andrade Santamaría, Juan Farelo Sánchez, Fernando Valenzuela Priego, Tilo Ledezma, Amira Méndez Dehesa, Atirsipe Figueroa, Oscar Díaz Ruiz, Salvador Juárez, el Lic. Joaquín Beites, y las aportaciones de José María Gurría Urgell, el Lic. José N. Aguirre Colorado, el Lic. Mario A. Brown Peralta, Dra. Abel Quijano, J. del Carmen Pérez, Carlos Pellicer Cámara, Manuel Antonio Romero, Marlene Romero, Pedro Cesar Ocampo, Dr. Carmen López, Rodolfo Montiel, Bernardo del Águila, Francisco J. Santamaría, Dr. Lamberto Castellanos.
Los trabajos publicados en Juchimán, enriquecieron la formación educativa y cultural de la comunidad del IJ; contribuyeron en la formación intelectual de innumerables ciudadanos, que continuamente leyeron sus números. También cabe señalar, que la revista contribuyó al desarrollo del periodismo de difusión académica en Tabasco, en una época en la que el quehacer periodístico local floreció significativamente con diferentes periódicos y varias revistas.
Así, a 75 años de su fundación, recordamos y revindicamos el significado cultural y educativo de la Revista Juchimán; la reconocemos como producto de una comunidad académica, como un espacio de difusión del conocimiento en el IJ y en Tabasco. Sin olvidar decir que: la Revista Juchimán acercó y relacionó a las distintas generaciones de tabasqueños con el pensamiento educativo de la época; contribuyó al desarrollo de una nueva cultura e identidad intelectual y social a nivel local y regional; en la que confluyeron maestros, abogados, médicos, ingenieros, estudiantes, mujeres y los intelectuales más connotados de Tabasco.
Para los miembros de la UJAT, dicho medio de difusión es un referente que los pone al tanto sobre el acontecer universitario. Pero, la mayoría de los diversos sectores de la universidad ignoran que, la Gaceta Juchimán tuvo su origen en la Revista Juchimán, que se publicó por primera vez en mayo de 1948. También desconocen, que durante más de 25 años, la revista dejó de editarse, hasta que en los ochentas, volvió a imprimirse y difundirse, hasta nuestros días.
EL PROYECTO EDUCATIVO DE SANTAMARÍA PARA EL IJ.
En mayo de 1948 se publicó la Revista Juchimán, se fundó como parte de un proyecto educativo que transformó el funcionamiento educativo, pedagógico y cultural del Instituto Juárez (IJ); como parte de un proceso, en el que Tabasco experimentó cambios significativos en materia educativa, administrativa e infraestructural, con el proyecto político que impulsó el gobernador Francisco J. Santamaría.
Al asumir la gobernatura de Tabasco, Santamaría decidió que su plan administrativo, le diera singular importancia a la educación y a la cultura; por ello, construyó escuelas, creó centros culturales y, en el IJ empezó a impulsar un proyecto que reivindicó la tradición histórica y educativa del plantel, en el contexto de los procesos sociales que Tabasco vivía.
La aplicación de un nuevo modelo educativo para el IJ, se inició con una profunda revisión de su funcionalidad, del quehacer académico de docentes y alumnos y su contribución real a la sociedad local. Con un análisis de la funcionalidad del IJ, se determinó que: la institución debía asumir nuevos compromisos sociales y educativos; debía darse una reforma curricular; y tendría que crear una nueva oferta educativa, en función de las demandas sociales.
Así, el nuevo proyecto partió de una crítica al IJ, porque en ese tiempo, la institución se encontraba ajena a su propia identidad educativa, vivía en una inercia de casi parálisis. Por ello, Santamaría propuso que debía revalorarse su operatividad y volver a fincar en él, las esperanzas de formación profesional para las nuevas generaciones de tabasqueños.
Desde esa perspectiva, se reestructuró el IJ; se atendieron sus necesidades infraestructurales y de material didáctico; se empezaron a cambiar las prácticas pedagógicas; y se integraron nuevos recursos humanos, mientras se capacitaba a los viejos maestros. Todo, en una dinámica en la que se generó un proceso de reinvención del IJ; en el que se revaloró la educación como motor del desarrollo social y se consideró a los maestros como verdaderos apóstoles de la cultura.
Entonces, el IJ fue concebido como una institución coyuntural para el desarrollo de Tabasco. Se refundó la Escuela de Derecho; se realizaron reformas a la enseñanza secundaria y de bachillerato; se consolidó un nuevo proyecto de organización interna, en la perspectiva de que, fuera la base para transformar al IJ en universidad; se diseñaron y realizaron diversas actividades culturales y de recreación intelectual. En ese proceso, se articularon las actividades académicas con la educación física y de convivencia social.
SE FUNDA JUCHIMÁN
En el contexto de ese proyecto, la edición de la Revista Juchimán revitalizó la vida académica y cultural del IJ y de Tabasco, a partir de la publicación de su primer número en mayo de 1948. En la primera editorial de la revista se explicó que, salía a la luz pública como parte de un proceso de renovación, en el que las estructuras funcionales del Instituto se estaban transformando, y en el que los sujetos estaban construyendo nuevas relaciones, para consolidar al IJ como una institución de educación superior.
Textualmente, se publicó lo siguiente: “Renovarse o morir (…) un hálito de vida y esperanza se manifiesta en todos los actos que el Instituto viene realizando, de unas semanas atrás; los catedráticos se ostentan satisfechos y la grey estudiantil se muestra bullanguera y optimista; unos y otros han querido que su entusiasmo trascienda y (…) ¡he aquí el órgano de expresión escogido! Esta modesta publicación que se propone, sencillamente, ser un reflejo fiel de la vida tabasqueña, que el Instituto Juárez se convence, se transforma y se difunde.” (Juchimán. 1948: 3).
Desde su fundación, Juchimán expuso que no buscaba ser un pasquín más, ni sobrevivir acosta de la adulación y la morbosidad; se concibió como una revista que buscaba desarrollar: “…la ardua misión de modelar la conciencia social…”
También, en su momento, sus editores aclararon que, la revista no pretendía constituirse en una especie de empresa mercantil y que buscaba ser autosuficiente y, no depender de interés alguno. Se presentó como un esfuerzo colectivo, académico, cuyas aportaciones individuales deberían expresar el carácter que representaba una casa de estudios como el IJ.
En relación al contenido y al carácter de los trabajos, Juchimán buscó desde sus inicios, publicar trabajos que fueran accesibles a todos los sectores educativos de Tabasco; y desde luego, que pudieran ser entendibles entre los diversos grupos sociales que, sobre todo, confluían en la ciudad de Villahermosa.
La fundación de la revista fue concebida como un medio que le permitiera al IJ generar un intercambio cultural con otras instituciones de educación superior del país, que a través de ella, la Universidad Veracruzana, la UNAM, etc., pudieran conocer el quehacer académico de los miembros del IJ, así como, las diversas formas de pensar de los estudiantes y catedráticos ante problemáticas científicas y sociales concretas.
En los primeros números, la revista tuvo la estructura siguiente: una portada, el sumario general del contenido; contraportada con el nombre de los colaboradores, el costo de la revista, algún anunciante y una breve explicación de la portada.
Después, seguía la editorial, en la que se hacían señalamientos directos sobre algún asunto específico; después se publicaba información sobre la relación que el IJ tenía con otras instituciones educativas; enseguida, se abordaban los asuntos que se daban al interior de IJ, en una especie de cronología.
Posteriormente, se trataba alguna temática, con acotaciones y reflexiones específicas; luego venía la sección literaria, la sección deportiva y se finalizaba con información en la que se exponía los logros estudiantiles. En las últimas tres páginas de la revista, se le colocaba de manera conjunta la propaganda de los anunciantes.
A nivel de contenido, es necesario puntualizar que las secciones de “Intercambio Cultural”, “Glosando el mes que expira…”, “Reflexiones por Ipodemo”, la sección de artículos especiales y la sección literaria, fueron las más ricas.
En los primeros 50 números, que corresponden a los primeros cinco años, los colaboradores de la Revista Juchimán fueron: Mario Claudio Lezcano, Francisco J. Gutiérrez Lomasto, Alicia Delaval, Salvador Neme Castillo, Belisario Colorado Jr., Jorge de la Cerda Ritz, A. Yolanda Buendía, Manuel A. Urrutia, Francisco Armengol Hernández, Juan Antonio Ramos, Vicente Gallegos González, José Manuel Mayans, Bartolo Reynés Berezaluce, Joaquín Cueto, Vidaura García, Ángela Milla, Jorge Ruiz Luque, Agenor González Valencia, Manuel Reyes Montejo, Manuel A. Zurita, Raúl Zepeda S., Darwin Andrade Santamaría, Juan Farelo Sánchez, Fernando Valenzuela Priego, Tilo Ledezma, Amira Méndez Dehesa, Atirsipe Figueroa, Oscar Díaz Ruiz, Salvador Juárez, el Lic. Joaquín Beites, y las aportaciones de José María Gurría Urgell, el Lic. José N. Aguirre Colorado, el Lic. Mario A. Brown Peralta, Dra. Abel Quijano, J. del Carmen Pérez, Carlos Pellicer Cámara, Manuel Antonio Romero, Marlene Romero, Pedro Cesar Ocampo, Dr. Carmen López, Rodolfo Montiel, Bernardo del Águila, Francisco J. Santamaría, Dr. Lamberto Castellanos.
Los trabajos publicados en Juchimán, enriquecieron la formación educativa y cultural de la comunidad del IJ; contribuyeron en la formación intelectual de innumerables ciudadanos, que continuamente leyeron sus números. También cabe señalar, que la revista contribuyó al desarrollo del periodismo de difusión académica en Tabasco, en una época en la que el quehacer periodístico local floreció significativamente con diferentes periódicos y varias revistas.
Así, a 75 años de su fundación, recordamos y revindicamos el significado cultural y educativo de la Revista Juchimán; la reconocemos como producto de una comunidad académica, como un espacio de difusión del conocimiento en el IJ y en Tabasco. Sin olvidar decir que: la Revista Juchimán acercó y relacionó a las distintas generaciones de tabasqueños con el pensamiento educativo de la época; contribuyó al desarrollo de una nueva cultura e identidad intelectual y social a nivel local y regional; en la que confluyeron maestros, abogados, médicos, ingenieros, estudiantes, mujeres y los intelectuales más connotados de Tabasco.