MEMORIA TABASQUEÑA
LA PRIMERA BIBLIOTECA PÚBLICA DE TABASCO
El 20 de julio pasado se conmemoró en México el día del bibliotecario y, en Tabasco, casi fueron nulos los eventos, para reivindicar y reconocer la labor diversa, que innumerables trabajadores de las distintas bibliotecas realizan cotidianamente. Por ello, en honor a ellos, les voy a exponer cómo se fundó la primera biblioteca en San Juan Bautista en 1878, por el esfuerzo de los masones de la Sociedad de Amigos del Estudio, que se habían integrado como logia ese mismo año de 1878.
En Tabasco, el proyecto de los seguidores de Porfirio Díaz en Tabasco se empezó a consolidar entre 1877 y 78; en ese tiempo, los tabasqueños vieron cómo una nueva clase política ejercía una hegemonía e impulsaba varios cambios sustanciales en San Juan Bautista y las principales cabeceras municipales; como parte de un acuerdo, en el que liberales radicales y moderados, pactaron con algunos conservadores y establecieron un nuevo gobierno, que sentó las bases del porfirismo en Tabasco.
En ese gobierno se articularon los intereses que representaban Simón Sarlat Nova, Manuel Sánchez Mármol, Manuel Foucher, León Alejo Torre, etc., con su ejercicio político y administrativo, se renovó el poder legislativo y judicial, se realizó una reforma jurídica que actualizó los códigos locales y, se concretó una reforma educativa, que permitió crear el Instituto Juárez de Tabasco, el primer centro de Educación Superior de la entidad.
Así, el establecimiento de la primera biblioteca popular de Tabasco, que los miembros de la Sociedad de Amigos del Estudio llamaron: José Eduardo de Cárdenas, es uno de los antecedentes de la fundación del Instituto Juárez y es, un elemento significativo, que nos remite a la mentalidad positivista de la clase política e intelectuales tabasqueños, que creían que el aprendizaje, la ciencia, el estudio y, por ende, los libros, eran el motor de una sociedad civilizada y en vías del progreso. Por esa razón, el lema de la Sociedad de Amigos era: Ilustración y Progreso.
El 5 de mayo de 1878 fue inaugurada la primera biblioteca pública de Tabasco, para reivindicar el triunfo juarista sobre los franceses, participaron en el evento el gobernador Simón Sarlat Nova, su operador político: Manuel Sánchez Mármol, Eusebio Castillo, Felipe J. Serra y los representantes de la Sociedad de Amigos: León Alejo Torre, Juan S. Trujillo, José María Ochoa, Manuel Foucher, Lorenzo Ponz, Marcial M. Moreno, maestros de las distintas escuelas y ciudadanos en general. También, ese día se pronunciaron discursos, para señalar el significado histórico, cultural y educativo que tenía la nueva biblioteca. Entre otras cosas se expuso lo siguiente:
Que la biblioteca contribuía al desarrollo intelectual del pueblo, a través del beneficio de la lectura y, que las sociedades de progreso eran comunidades ilustradas, instruidas y orientadas por el estudio.
Manuel A Zapata, a nombre de la Sociedad de Amigos señaló: que el establecimiento de la biblioteca era “…la realización de una empresa gloriosa, que de parias desheredados de una generación enfermiza, nos transforma en atletas vencedores de una causa inmortal, la causa del progreso humano.”
Para Zapata la biblioteca era un instrumento civilizador, que generaría conciencia entre los tabasqueños, porque los vincularía a la historia intelectual de la humanidad, a través de la lectura de Aristóteles, Galileo, Newton, Kepler, Descartes, Voltaire y Rousseau. Porque a través de los libros, las nuevas generaciones podrían comprender las innovaciones de la ciencia, los avances tecnológicos y desarrollarían la inteligencia.
El gobierno de Simón Sarlat Nova se comprometió a sostener la biblioteca con 30 pesos mensuales y el pago de un asistente, que atendería a los visitantes de la biblioteca; lo que puede considerarse como el primer bibliotecario público de Tabasco.
A partir de julio de 1878, la biblioteca empezó a estar abierta en horario matutino y nocturno, cerraba hasta las 10 de la noche, para que los ciudadanos que trabajaban, pudieran acudir a ella, después de cumplir sus labores cotidianas. Entre 1879 y 1890, la biblioteca logró acumular un acervo de más de 1000 libros y, a ella, acudían maestros, estudiantes y ciudadanos, que sabían leer y escribir, unos cuantos privilegiados, miembros de las oligarquías locales.
En 1883, la biblioteca empezó a ser administrada por la Sociedad de Artesanos, masones del rito escoces, al que pertenecía el propio Simón Sarlat y León Alejo Torre. Al mismo tiempo, que el Instituto Juárez, empezó a crear su propia biblioteca.