MEMORIA TABASQUEÑA
LA ESCUELA SOCIALISTA
En la historia de la educación mexicana, las ideas, los argumentos, las prácticas y la planeación educativa, desde una perspectiva socialista, se sintetizó y oficializó en 1934, cuando se realizó una reforma constitucional al artículo tercero, que fue aprobada por la cámara de diputados, de senadores y las legislaturas de todos los estados. Así, legalmente, el 28 de noviembre de 1934, en México se implantó un sistema educativo socialista, que empezó a aplicarse a partir del primero de diciembre de ese año y, que duró hasta 1946.
El presidente de México que impulsó dicho proyecto, fue el general Lázaro Cárdenas del Río, que solo sintetizó una serie de demandas, prácticas y realidades educativas que ya se daban en México, bajo la perspectiva de la educación laica, racionalista y cooperativista y, desde luego, de la educación socialista, que se practicaban en varios estados de la república desde la Constitución de 1917. Aunque cabe señalar, que la promoción, defensa y argumentación, del proyecto legislativo de la educación socialista, fue defendido en la cámara de diputados y senadores, por los legisladores tabasqueños, sonorenses, veracruzanos y de otros estados, en dónde ya había escuelas racionalistas y socialistas.
Parte del contenido del artículo tercero constitucional, que legalizó la educación socialista en México, fue el siguiente:
“La educación que imparta el Estado será socialista, y además de excluir toda doctrina religiosa combatirá el fanatismo y los prejuicios, para lo cual la escuela organizará sus enseñanzas y actividades en forma que permita crear en la juventud un concepto racional y exacto del universo y de la vida social.”
La reforma estableció que los estados, los municipios y la federación eran los únicos autorizados para impartir la educación primaria, secundaria y normal; reafirmó, que la educación primaria sería obligatoria y, que el estado la daría gratuitamente. También señaló que, el Estado podía otorgar permisos, para que impartieran esa educación algunos planteles particulares, siempre y cuando se apegaran a los siguientes criterios:
“I.- Las actividades y enseñanzas de los planteles particulares deberán ajustarse, sin excepción alguna, a lo preceptuado en el párrafo inicial de este artículo, y estarán a cargo de personas que en concepto del Estado tengan suficiente preparación profesional, conveniente moralidad e ideología acorde con este precepto. En tal virtud, las corporaciones religiosas, los ministros de los cultos (…) y las asociaciones o sociedades ligadas directamente o indirectamente con la propaganda de un credo religioso no intervendrán de forma alguna en escuelas primarias, secundarias o normales, ni podrán apoyarlas económicamente.
II.- La formación de planes, programas y métodos de enseñanza corresponderá en todo caso al Estado.”
En resumen, el proyecto de la educación socialista que oficialmente, empezó a coordinar el funcionamiento del sistema educativo mexicano, a partir de 1934, buscó formar a las nuevas generaciones con contenidos que provenían de una experiencia social concreta: la Revolución Mexicana, los movimientos reaccionarios y contrarrevolucionarios de la década de los veinte, como la rebelión de Adolfo de la Huerta, la Guerra Cristera, el asesinato de Obregón, la crisis del capitalismo, etc.
También, con contenidos pedagógicos, que provenían de prácticas educativas que se opusieron a la cultura conservadora, elitista, discriminatoria y excluyente de los darwinistas y evolucionistas positivistas. Con principios filosóficos y educativos, que provenían del laicismo educativo del siglo XIX y, que se reivindicaron bajo una perspectiva social en la reforma educativa de la Constitución de 1917.
Así, como parte de un proceso de reivindicación y transformación social, la educación socialista impulsada por el gobierno del general Cárdenas, también se alimentó de una experiencia histórica concreta, de ejercicios, prácticas y relaciones pedagógicas realizadas, en Sonora, Tamaulipas, Yucatán, Veracruz, Tabasco, el Distrito Federal, etc. La Educación socialista aprobada en México en 1934, fue producto de una lucha social, de prácticas pedagógicas y de teorizaciones educativas, que ubicaron, que dicha perspectiva debía impulsarse en todo el país, para consolidar el proyecto del estado posrevolucionario.
Desde luego, que la idea de utilizar esa tendencia educativa, para formar a los mexicanos contra los dogmatismos y los vicios, con principios de solidaridad, ética y conciencia social, utilizando el conocimiento y la técnica para propiciar el desarrollo individual y colectivo, asustó a los conservadores, a las oligarquías y a los grupos religiosos que, en el contexto de la Segunda Guerra mundial, solo les quedó replegarse y amortiguar su resistencia al proyecto cardenista.
El presidente de México que impulsó dicho proyecto, fue el general Lázaro Cárdenas del Río, que solo sintetizó una serie de demandas, prácticas y realidades educativas que ya se daban en México, bajo la perspectiva de la educación laica, racionalista y cooperativista y, desde luego, de la educación socialista, que se practicaban en varios estados de la república desde la Constitución de 1917. Aunque cabe señalar, que la promoción, defensa y argumentación, del proyecto legislativo de la educación socialista, fue defendido en la cámara de diputados y senadores, por los legisladores tabasqueños, sonorenses, veracruzanos y de otros estados, en dónde ya había escuelas racionalistas y socialistas.
Parte del contenido del artículo tercero constitucional, que legalizó la educación socialista en México, fue el siguiente:
“La educación que imparta el Estado será socialista, y además de excluir toda doctrina religiosa combatirá el fanatismo y los prejuicios, para lo cual la escuela organizará sus enseñanzas y actividades en forma que permita crear en la juventud un concepto racional y exacto del universo y de la vida social.”
La reforma estableció que los estados, los municipios y la federación eran los únicos autorizados para impartir la educación primaria, secundaria y normal; reafirmó, que la educación primaria sería obligatoria y, que el estado la daría gratuitamente. También señaló que, el Estado podía otorgar permisos, para que impartieran esa educación algunos planteles particulares, siempre y cuando se apegaran a los siguientes criterios:
“I.- Las actividades y enseñanzas de los planteles particulares deberán ajustarse, sin excepción alguna, a lo preceptuado en el párrafo inicial de este artículo, y estarán a cargo de personas que en concepto del Estado tengan suficiente preparación profesional, conveniente moralidad e ideología acorde con este precepto. En tal virtud, las corporaciones religiosas, los ministros de los cultos (…) y las asociaciones o sociedades ligadas directamente o indirectamente con la propaganda de un credo religioso no intervendrán de forma alguna en escuelas primarias, secundarias o normales, ni podrán apoyarlas económicamente.
II.- La formación de planes, programas y métodos de enseñanza corresponderá en todo caso al Estado.”
En resumen, el proyecto de la educación socialista que oficialmente, empezó a coordinar el funcionamiento del sistema educativo mexicano, a partir de 1934, buscó formar a las nuevas generaciones con contenidos que provenían de una experiencia social concreta: la Revolución Mexicana, los movimientos reaccionarios y contrarrevolucionarios de la década de los veinte, como la rebelión de Adolfo de la Huerta, la Guerra Cristera, el asesinato de Obregón, la crisis del capitalismo, etc.
También, con contenidos pedagógicos, que provenían de prácticas educativas que se opusieron a la cultura conservadora, elitista, discriminatoria y excluyente de los darwinistas y evolucionistas positivistas. Con principios filosóficos y educativos, que provenían del laicismo educativo del siglo XIX y, que se reivindicaron bajo una perspectiva social en la reforma educativa de la Constitución de 1917.
Así, como parte de un proceso de reivindicación y transformación social, la educación socialista impulsada por el gobierno del general Cárdenas, también se alimentó de una experiencia histórica concreta, de ejercicios, prácticas y relaciones pedagógicas realizadas, en Sonora, Tamaulipas, Yucatán, Veracruz, Tabasco, el Distrito Federal, etc. La Educación socialista aprobada en México en 1934, fue producto de una lucha social, de prácticas pedagógicas y de teorizaciones educativas, que ubicaron, que dicha perspectiva debía impulsarse en todo el país, para consolidar el proyecto del estado posrevolucionario.
Desde luego, que la idea de utilizar esa tendencia educativa, para formar a los mexicanos contra los dogmatismos y los vicios, con principios de solidaridad, ética y conciencia social, utilizando el conocimiento y la técnica para propiciar el desarrollo individual y colectivo, asustó a los conservadores, a las oligarquías y a los grupos religiosos que, en el contexto de la Segunda Guerra mundial, solo les quedó replegarse y amortiguar su resistencia al proyecto cardenista.