MEMORIA TABASQUEÑA
Los socialistas tabasqueños durante el garridismo
En México, la mayoría de los medios de comunicación son privados; por lo tanto, tienen una historia y cultura, en la que ven el uso de la información, para sus intereses privados y financieros; poco les importa cumplir una función comunicativa, con una perspectiva social y apegados a la veracidad; es decir, difundir las noticias y realizar reportajes con objetividad y, aplicando los métodos y las técnicas de las ciencias de la comunicación. Por ello, con exacerbada ignorancia, mintiendo y distorsionando la realidad, televisión Azteca ha difundido una serie de ideas falsas sobre los nuevos libros de texto gratuitos; en especial, ha divulgado que los nuevos libros promueven “el virus del socialismo”.
A la mayoría de tabasqueños, esos planteamientos, les hacen “lo que el viento a Juárez”; los tabasqueños que conocen su historia, que tienen conciencia de quiénes fueron sus bisabuelos y abuelos, no se inmutan, ni escandalizan porque les digan que “el fantasma del comunismo” se promueve en los nuevos libros. Muchos tabasqueños saben que antes, durante y después del garridismo, sus bisabuelos y abuelos fueron socialistas y, defendieron en el trabajo, la política, la familia y la educación, las ideas socialistas.
Tabasco vivió una transformación social muy importante en el siglo XX, que se empezó a impulsar sólidamente a partir de la hegemonía garridista en 1923. Esa transformación se legitimó con ideas racionalistas, cooperativistas y socialistas, que empezaron a escucharse a partir del discurso y la práctica de varios tabasqueños durante la Revolución Mexicana, que adquirió matices sociales durante el gobierno de Francisco J. Múgica.
Discursos y prácticas que tuvieron distintos significados en las transiciones que vivió Tabasco: la de 1917 con la promulgación de la Constitución; la de 1919 con la lucha política local y la aprobación de la constitución estatal de 1919; y la de 1923-24, con la rebelión de Adolfo de la Huerta. En esa experiencia histórica, los dirigentes del estado posrevolucionario, identificaron el discurso del racionalismo y del socialismo, como un argumento que legitimó la aplicación de políticas sociales específicas y, les sirvió de sustento, para aglutinar a las masas y construir organizaciones sociales que los sostuvieron en el poder.
Así, en Tabasco, entre las décadas de los 20’s y los 50’s, podemos identificar un sin número de hombres y mujeres, que fueron políticos, funcionarios, periodistas, obreros, comerciantes, abogados, ingenieros, maestros, estudiantes, etc., que asumieron posiciones socialistas y difundieron sus ideas en mítines, discursos, periódicos, revistas, libros, informes, poemas o tesis de investigación académica. Un hecho que sirve como botón de muestra de que eso fue una realidad: es el Primer Congreso de Estudiantes Socialistas de México, realizado en Tabasco en julio de 1934; en cuyo evento se debatió sobre el marxismo y futuro del socialismo.
Hasta el momento, no tenemos una lista completa de los tabasqueños que enarbolaron el socialismo en esos años, pero sí podemos asegurar que muchos de sus representantes tuvieron una formación sólida sobre el tema y, entre 1920 y 1930 están los nombres de: Marcelino Cabieces, Garrido Canabal, Trinidad Malpica, Miguel Paredes Campos, Ochoa Lobato, Raimundo Poveda, Tomás Taracena, Ana Santa María, Arnulfo Pérez, Arnulfo Giorgana, Pablo Azcona, Ana María Vidal, Nereyda Gutiérrez, Manuel Ugarte, Eluterio Pérez, Joaquín Camelo, Santiago Caparroso, Consuelo Martínez, María D. Pérez, Alcides Caparroso, etc.
Entre 1930 y 1938 están, entre otros muchos más, los antes señalados (con excepción de los que fueron asesinados) y Carlos Alberto Madrazo Becerra, Julián A. Manzur, Reynalda Hernández, Antonio Suárez, Julián Urrutia Burelo, Roberto Fitzpatrick, Calixto N. Ramírez, Luis Hernández, Celerina O. de González, Carmelinda Pacheco de Haedo, Límbano Correa, Aureliano Mier, Soledad G. Cruz, Armenia Fernández, Agapito Domínguez, Mayitza Drusso Garrido, Antonio Ocampo, María Luisa Ch. de Ramírez Garrido, Francisco Trujillo, etc.
Para esos tabasqueños, su simpatía, adhesión o militancia socialista se dio vinculada al Partido Socialista Radical Tabasqueño, el Partido Feminista, las Ligas de Resistencia, los Camisas Rojas, los sindicatos o las asociaciones de maestros. Para ellos, ser socialista implicaba asumir un discurso y prácticas sociales contra el fanatismo religioso, los vicios, la corrupción y la impunidad. Implicaba, luchar por un sistema social más justo que tuviera como sustento la participación política, la educación, la cooperación, la solidaridad, el trabajo cooperativista y la justicia social.
Así, los que nos quieren espantar con el supuesto fantasma del socialismo, carecen de memoria histórica y de conciencia social, porque desconocen nuestra historia tabasqueña y la vida de nuestros bisabuelos.
A la mayoría de tabasqueños, esos planteamientos, les hacen “lo que el viento a Juárez”; los tabasqueños que conocen su historia, que tienen conciencia de quiénes fueron sus bisabuelos y abuelos, no se inmutan, ni escandalizan porque les digan que “el fantasma del comunismo” se promueve en los nuevos libros. Muchos tabasqueños saben que antes, durante y después del garridismo, sus bisabuelos y abuelos fueron socialistas y, defendieron en el trabajo, la política, la familia y la educación, las ideas socialistas.
Tabasco vivió una transformación social muy importante en el siglo XX, que se empezó a impulsar sólidamente a partir de la hegemonía garridista en 1923. Esa transformación se legitimó con ideas racionalistas, cooperativistas y socialistas, que empezaron a escucharse a partir del discurso y la práctica de varios tabasqueños durante la Revolución Mexicana, que adquirió matices sociales durante el gobierno de Francisco J. Múgica.
Discursos y prácticas que tuvieron distintos significados en las transiciones que vivió Tabasco: la de 1917 con la promulgación de la Constitución; la de 1919 con la lucha política local y la aprobación de la constitución estatal de 1919; y la de 1923-24, con la rebelión de Adolfo de la Huerta. En esa experiencia histórica, los dirigentes del estado posrevolucionario, identificaron el discurso del racionalismo y del socialismo, como un argumento que legitimó la aplicación de políticas sociales específicas y, les sirvió de sustento, para aglutinar a las masas y construir organizaciones sociales que los sostuvieron en el poder.
Así, en Tabasco, entre las décadas de los 20’s y los 50’s, podemos identificar un sin número de hombres y mujeres, que fueron políticos, funcionarios, periodistas, obreros, comerciantes, abogados, ingenieros, maestros, estudiantes, etc., que asumieron posiciones socialistas y difundieron sus ideas en mítines, discursos, periódicos, revistas, libros, informes, poemas o tesis de investigación académica. Un hecho que sirve como botón de muestra de que eso fue una realidad: es el Primer Congreso de Estudiantes Socialistas de México, realizado en Tabasco en julio de 1934; en cuyo evento se debatió sobre el marxismo y futuro del socialismo.
Hasta el momento, no tenemos una lista completa de los tabasqueños que enarbolaron el socialismo en esos años, pero sí podemos asegurar que muchos de sus representantes tuvieron una formación sólida sobre el tema y, entre 1920 y 1930 están los nombres de: Marcelino Cabieces, Garrido Canabal, Trinidad Malpica, Miguel Paredes Campos, Ochoa Lobato, Raimundo Poveda, Tomás Taracena, Ana Santa María, Arnulfo Pérez, Arnulfo Giorgana, Pablo Azcona, Ana María Vidal, Nereyda Gutiérrez, Manuel Ugarte, Eluterio Pérez, Joaquín Camelo, Santiago Caparroso, Consuelo Martínez, María D. Pérez, Alcides Caparroso, etc.
Entre 1930 y 1938 están, entre otros muchos más, los antes señalados (con excepción de los que fueron asesinados) y Carlos Alberto Madrazo Becerra, Julián A. Manzur, Reynalda Hernández, Antonio Suárez, Julián Urrutia Burelo, Roberto Fitzpatrick, Calixto N. Ramírez, Luis Hernández, Celerina O. de González, Carmelinda Pacheco de Haedo, Límbano Correa, Aureliano Mier, Soledad G. Cruz, Armenia Fernández, Agapito Domínguez, Mayitza Drusso Garrido, Antonio Ocampo, María Luisa Ch. de Ramírez Garrido, Francisco Trujillo, etc.
Para esos tabasqueños, su simpatía, adhesión o militancia socialista se dio vinculada al Partido Socialista Radical Tabasqueño, el Partido Feminista, las Ligas de Resistencia, los Camisas Rojas, los sindicatos o las asociaciones de maestros. Para ellos, ser socialista implicaba asumir un discurso y prácticas sociales contra el fanatismo religioso, los vicios, la corrupción y la impunidad. Implicaba, luchar por un sistema social más justo que tuviera como sustento la participación política, la educación, la cooperación, la solidaridad, el trabajo cooperativista y la justicia social.
Así, los que nos quieren espantar con el supuesto fantasma del socialismo, carecen de memoria histórica y de conciencia social, porque desconocen nuestra historia tabasqueña y la vida de nuestros bisabuelos.