MEMORIA TABASQUEÑA
EL SIGNIFICADO DEL 2 DE OCTUBRE DE 1968 EN LA HISTORIA DE MÉXICO
Cada 2 de octubre escucho distintas interpretaciones y discursos que intentan abordar y darle un significado a la masacre cometida por el Estado mexicano contra los estudiantes, en la Plaza de las Tres Culturas, el 2 de octubre de 1968. Las interpretaciones sociolingüísticas van desde las narraciones de los que vivieron los hechos, hasta las tesis que sostienen los que han analizado el hecho desde la ciencia política, la sociología, la historia o las ciencias de la educación.
En esa dinámica, también se exponen muchos dichos, versiones sin sustento y que ficcionan la realidad histórica; junto a ellas, se difunden ideas falsas y aparecen sujetos que dicen que estuvieron en el contexto de ese hecho. Tampoco, faltan los que consultaron alguna fuente en internet: “La Noche Tlatelolco” de Poniatowska; “Los días y los años” de González de Alba; a Monsiváis, Revueltas, Guevara Niebla, etc., que repiten su contenido y difunden el hecho, sin ninguna conciencia y, menos, evidencias acerca de lo que significó ese día para la historia de México.
Así, desde la historia y teniendo como base diversas investigaciones realizadas por los historiadores, con base en las fuentes documentales: archivos, periódicos y revistas, fotografías, etc., es necesario decirle a las nuevas generaciones que el 2 de octubre marca y definió la historia de México hasta nuestros días y, que su significado histórico define los procesos, la cultura política y las banderas de los movimientos sociales, que han transformado la realidad del país, hasta el presente.
El 2 de octubre de 1968, terminó de desenmascarar al Estado mexicano, le demostró a la sociedad su carácter autoritario, represivo y antidemocrático. La represión a los estudiantes, en la plaza de las Tres Cultural, fue parte de una serie de hechos violentos y represivos ejecutados por el Estado, con los que quiso callar las protestas sociales de campesinos, obreros, maestros y estudiantes, actos que el Estado ejecutó bajo la hegemonía del PRI, desde 1958.
Por ello, el 2 de octubre y el movimiento estudiantil, obrero y campesino, del que forma parte, significa una ruptura histórica; porque con ese hecho, diversos sectores se dan cuenta de que, ante el proyecto del Estado, sus estructuras y sus mecanismos de acción, había que resistirse y, luchar políticamente y con las armas, contra él. Y en el proceso de esa coyuntura, se van a legitimar todos los movimientos antisistémicos en México, que buscaran luchar contra el ejercicio del poder que mantenía el PRI y el PAN.
También, en ese proceso surgieron los movimientos de oposición, que se van a constituir en organizaciones y estructuras partidarias que, clandestinamente e institucionalmente, lucharán por el poder en México. Organizaciones que se constituirán en partidos, que marcarán y definirán los procesos electorales en nuestro país; ello, sin duda, redefinió y cambió la cultura política de muchos mexicanos.
Al mismo tiempo, la generación del 68, la represión y los asesinatos de los jóvenes el 2 de octubre, nos demostró que el país y el mundo, vivían bajo una perspectiva autoritaria, tanto en el bloque del socialismo real, como del capitalismo, que no era capaz de escuchar a una nueva generación, que demandaba respeto a los derechos civiles, alto a la guerra y respeto a la naturaleza. Una nueva generación que luchó contra el armamentismo, el neocolonialismo, la guerra de Vietnam, los derechos de los afroamericanos y, que clamaba nuevos espacios, para expresarse y convertirse en sujetos de determinación histórica.
En la dinámica de lo que significa históricamente el 2 de octubre, como proceso, se definió la ruta histórica, de la lucha política de muchos mexicanos, que asumieron la responsabilidad y el compromiso de cambiar las estructuras institucionales del país. En oposición a la cultura política burocrática y clientelar del sistema político mexicano. Ciudadanos que se organizaron y decidieron luchar contra las injusticias sociales, la impunidad y la corrupción pública.
Por ello, en nuestra memoria y conciencia histórica, debemos reconocer que las transformaciones que vivimos en el presente, tienen su origen y su sustento en las demandas, luchas y experiencias de los jóvenes universitarios que fueron reprimidos el 2 de octubre de 1968. Por ello, los recordamos y nos negamos a olvidarlos cada año.
En esa dinámica, también se exponen muchos dichos, versiones sin sustento y que ficcionan la realidad histórica; junto a ellas, se difunden ideas falsas y aparecen sujetos que dicen que estuvieron en el contexto de ese hecho. Tampoco, faltan los que consultaron alguna fuente en internet: “La Noche Tlatelolco” de Poniatowska; “Los días y los años” de González de Alba; a Monsiváis, Revueltas, Guevara Niebla, etc., que repiten su contenido y difunden el hecho, sin ninguna conciencia y, menos, evidencias acerca de lo que significó ese día para la historia de México.
Así, desde la historia y teniendo como base diversas investigaciones realizadas por los historiadores, con base en las fuentes documentales: archivos, periódicos y revistas, fotografías, etc., es necesario decirle a las nuevas generaciones que el 2 de octubre marca y definió la historia de México hasta nuestros días y, que su significado histórico define los procesos, la cultura política y las banderas de los movimientos sociales, que han transformado la realidad del país, hasta el presente.
El 2 de octubre de 1968, terminó de desenmascarar al Estado mexicano, le demostró a la sociedad su carácter autoritario, represivo y antidemocrático. La represión a los estudiantes, en la plaza de las Tres Cultural, fue parte de una serie de hechos violentos y represivos ejecutados por el Estado, con los que quiso callar las protestas sociales de campesinos, obreros, maestros y estudiantes, actos que el Estado ejecutó bajo la hegemonía del PRI, desde 1958.
Por ello, el 2 de octubre y el movimiento estudiantil, obrero y campesino, del que forma parte, significa una ruptura histórica; porque con ese hecho, diversos sectores se dan cuenta de que, ante el proyecto del Estado, sus estructuras y sus mecanismos de acción, había que resistirse y, luchar políticamente y con las armas, contra él. Y en el proceso de esa coyuntura, se van a legitimar todos los movimientos antisistémicos en México, que buscaran luchar contra el ejercicio del poder que mantenía el PRI y el PAN.
También, en ese proceso surgieron los movimientos de oposición, que se van a constituir en organizaciones y estructuras partidarias que, clandestinamente e institucionalmente, lucharán por el poder en México. Organizaciones que se constituirán en partidos, que marcarán y definirán los procesos electorales en nuestro país; ello, sin duda, redefinió y cambió la cultura política de muchos mexicanos.
Al mismo tiempo, la generación del 68, la represión y los asesinatos de los jóvenes el 2 de octubre, nos demostró que el país y el mundo, vivían bajo una perspectiva autoritaria, tanto en el bloque del socialismo real, como del capitalismo, que no era capaz de escuchar a una nueva generación, que demandaba respeto a los derechos civiles, alto a la guerra y respeto a la naturaleza. Una nueva generación que luchó contra el armamentismo, el neocolonialismo, la guerra de Vietnam, los derechos de los afroamericanos y, que clamaba nuevos espacios, para expresarse y convertirse en sujetos de determinación histórica.
En la dinámica de lo que significa históricamente el 2 de octubre, como proceso, se definió la ruta histórica, de la lucha política de muchos mexicanos, que asumieron la responsabilidad y el compromiso de cambiar las estructuras institucionales del país. En oposición a la cultura política burocrática y clientelar del sistema político mexicano. Ciudadanos que se organizaron y decidieron luchar contra las injusticias sociales, la impunidad y la corrupción pública.
Por ello, en nuestra memoria y conciencia histórica, debemos reconocer que las transformaciones que vivimos en el presente, tienen su origen y su sustento en las demandas, luchas y experiencias de los jóvenes universitarios que fueron reprimidos el 2 de octubre de 1968. Por ello, los recordamos y nos negamos a olvidarlos cada año.