MEMORIA TABASQUEÑA
EL TREN MAYA Y LA ESPERANZA DE DESARROLLO SOCIAL PARA EL SURESTE MEXICANO
En la memoria de la cultura occidental el tren significa industrialización, progreso y desarrollo. La consolidación del capitalismo no puede entenderse sin lo que significó el tren, como medio que aceleró la circulación de mercancías, la comercialización, la venta de productos, el transporte de personas y el trabajo. El tren, para el liberalismo significó progreso y modernidad; aunque, también se convirtió en el principal instrumento que sirvió para la extracción de materias primas, el medio por el cual, países ricos y colonialistas saquearon los recursos naturales de naciones pobres y ocupadas militarmente.
En México, el tren fue el medio a través del cual el porfiriato intentó establecer rutas comunicativas entre la provincia y centro del país; entre los centros productores de materias primas: oro, plata, maderas, ganado, productos agrarios, etc., y los puertos marítimos por donde se exportaban. Para los porfiristas, el tren fue su principal instrumento para legitimar su proyecto de desarrollo y su idea de progreso.
Los porfiristas establecieron contratos con compañías extranjeras y capital privado para la construcción de líneas férreas que comunicaran el norte, el bajío, Oaxaca y Veracruz, con la ciudad de México. El tren cambió la dinámica económica de México y aceleró la producción, la comercialización y el consumo. Aunque, ese cambio solo benefició a las oligarquías agrarias, comerciales, militares y políticas, que autoritariamente gobernaron y administraron al país bajo un sistema que explotó al pueblo y, que llevó a la miseria a los sectores populares. Y desde luego, desde esa época, el sureste mexicano se quedó olvidado en el desarrollo nacional.
En la Revolución, los trenes sirvieron para transportar tropas federales; luego, los revolucionarios se apoderaron de las líneas férreas y las usaron para avanzar del norte y el bajío hacia el centro del país. En ese proceso, las vías del tren de Oaxaca y Veracruz tuvieron una historia relacionada con el movimiento revolucionario. Mientras, Tabasco, Chiapas, Campeche, Yucatán y lo que hoy es Quintana Roo, no tuvieron grandes experiencias, relacionadas con el uso de vías para la lucha armada; porque en esos estados solo se construyeron tramos de vías y estaciones de distancia corta, para el transporte de materias primas.
En la consolidación del Estado Postrevolucionario, desde el gobierno del general Cárdenas se intentó vincular al sur de México a través de un proyecto carretero y ferroviario; la propuesta la continuó el presidente Ávila Camacho y, la concretaron Miguel Alemán y Ruiz Cortínez. El primero, terminó de construir e inauguró el Ferrocarril del Sureste en 1951 y, el segundo, inauguró la carretera del Circuito del Golfo, que vincularon vía terrestre al sur con el centro del país.
En ese tiempo, el sureste empezó a incorporarse al desarrollo nacional a partir del Proyecto de Desarrollo Estabilizador que impulsó Ruiz Cortínez y López Mateos; pero siempre, de manera inferior, con relación al desarrollo del norte y del centro del país. En ese contexto, se desarrolló la idea de que el norte y el centro del país eran las zonas ricas y más productivas y, el sur era pobre. Luego, la realidad demostró lo contrario, empezó a acelerarse la extracción del petróleo en el sur de Veracruz, Tabasco y Campeche, la economía mexicana descansó en la producción petrolera; y aunque del sur se extrajo la mayor cantidad de petróleo durante más de cuarenta años, bajo la hegemonía del PRI, la mayoría de los ciudadanos del sureste, siguieron siendo pobres.
Los gobiernos del PRIAN, siguieron sacando petróleo del sureste al iniciar el siglo XXI, pero el desarrollo social integral no llegó a los sectores populares, que solo recibieron apoyos básicos para sobrevivir en el sur de Veracruz, Tabasco, Chiapas y Campeche, mientras Yucatán y Quintana Roo, siguieron con su propia dinámica económica. En esas circunstancias, el sureste de México ha sido en los últimos 40 años sinónimo de opulencia para muy pocos y, miseria para la mayoría del pueblo.
Por ello, por ser un proyecto integral, por la forma en que se construyó, por la manera en que generó empleos, por el rescate del patrimonio cultural, por haber integrado a empresarios e instituciones públicas; pero sobre todo, por la transparencia en el uso y manejo de los recursos económicos y por ser un bien público de los mexicanos, la inauguración del Tren Maya nos hace tener certeza y esperanza, de que en el sureste mexicano habrá mayor progreso y que esperemos que sea con justicia social.
En México, el tren fue el medio a través del cual el porfiriato intentó establecer rutas comunicativas entre la provincia y centro del país; entre los centros productores de materias primas: oro, plata, maderas, ganado, productos agrarios, etc., y los puertos marítimos por donde se exportaban. Para los porfiristas, el tren fue su principal instrumento para legitimar su proyecto de desarrollo y su idea de progreso.
Los porfiristas establecieron contratos con compañías extranjeras y capital privado para la construcción de líneas férreas que comunicaran el norte, el bajío, Oaxaca y Veracruz, con la ciudad de México. El tren cambió la dinámica económica de México y aceleró la producción, la comercialización y el consumo. Aunque, ese cambio solo benefició a las oligarquías agrarias, comerciales, militares y políticas, que autoritariamente gobernaron y administraron al país bajo un sistema que explotó al pueblo y, que llevó a la miseria a los sectores populares. Y desde luego, desde esa época, el sureste mexicano se quedó olvidado en el desarrollo nacional.
En la Revolución, los trenes sirvieron para transportar tropas federales; luego, los revolucionarios se apoderaron de las líneas férreas y las usaron para avanzar del norte y el bajío hacia el centro del país. En ese proceso, las vías del tren de Oaxaca y Veracruz tuvieron una historia relacionada con el movimiento revolucionario. Mientras, Tabasco, Chiapas, Campeche, Yucatán y lo que hoy es Quintana Roo, no tuvieron grandes experiencias, relacionadas con el uso de vías para la lucha armada; porque en esos estados solo se construyeron tramos de vías y estaciones de distancia corta, para el transporte de materias primas.
En la consolidación del Estado Postrevolucionario, desde el gobierno del general Cárdenas se intentó vincular al sur de México a través de un proyecto carretero y ferroviario; la propuesta la continuó el presidente Ávila Camacho y, la concretaron Miguel Alemán y Ruiz Cortínez. El primero, terminó de construir e inauguró el Ferrocarril del Sureste en 1951 y, el segundo, inauguró la carretera del Circuito del Golfo, que vincularon vía terrestre al sur con el centro del país.
En ese tiempo, el sureste empezó a incorporarse al desarrollo nacional a partir del Proyecto de Desarrollo Estabilizador que impulsó Ruiz Cortínez y López Mateos; pero siempre, de manera inferior, con relación al desarrollo del norte y del centro del país. En ese contexto, se desarrolló la idea de que el norte y el centro del país eran las zonas ricas y más productivas y, el sur era pobre. Luego, la realidad demostró lo contrario, empezó a acelerarse la extracción del petróleo en el sur de Veracruz, Tabasco y Campeche, la economía mexicana descansó en la producción petrolera; y aunque del sur se extrajo la mayor cantidad de petróleo durante más de cuarenta años, bajo la hegemonía del PRI, la mayoría de los ciudadanos del sureste, siguieron siendo pobres.
Los gobiernos del PRIAN, siguieron sacando petróleo del sureste al iniciar el siglo XXI, pero el desarrollo social integral no llegó a los sectores populares, que solo recibieron apoyos básicos para sobrevivir en el sur de Veracruz, Tabasco, Chiapas y Campeche, mientras Yucatán y Quintana Roo, siguieron con su propia dinámica económica. En esas circunstancias, el sureste de México ha sido en los últimos 40 años sinónimo de opulencia para muy pocos y, miseria para la mayoría del pueblo.
Por ello, por ser un proyecto integral, por la forma en que se construyó, por la manera en que generó empleos, por el rescate del patrimonio cultural, por haber integrado a empresarios e instituciones públicas; pero sobre todo, por la transparencia en el uso y manejo de los recursos económicos y por ser un bien público de los mexicanos, la inauguración del Tren Maya nos hace tener certeza y esperanza, de que en el sureste mexicano habrá mayor progreso y que esperemos que sea con justicia social.