MEMORIA TABASQUEÑA
LA FORMACIÓN CULTURAL: UNA HERRAMIENTA PARA LA TOMA DE CONCIENCIA Y LA CONVIVENCIA SOCIAL
El Estado tiene la responsabilidad, a través de su sistema de regulación y el funcionamiento eficaz de las instituciones, de proporcionarnos seguridad social; tiene la obligación de establecer políticas públicas que nos permitan convivir, interactuar y realizar nuestras actividades cotidianas en paz, en la perspectiva de que vivamos en un estado de bienestar social efectivo, con armonía y prosperidad, en el que nos autorrealicemos y seamos capaces de cumplir con nuestras aspiraciones de vida.
En un modelo de desarrollo de corte liberal, esa es la principal promesa, es una de las premisas históricas que definen al liberalismo. En el caso de México y, bajo la perspectiva de un gobierno que asume como uno de sus ejes el llamado “Humanismo Mexicano”, los postulados del liberalismo relacionados con las libertades ciudadanas, el desarrollo, la prosperidad, la justicia, la convivencia y la seguridad social, adquieren un mayor contenido de compromiso y preocupación por las problemáticas humanas.
En Tabasco, muy pocos gobiernos se han preocupado por impulsar políticas de desarrollo integrales, en las que el desarrollo económico e industrial se articule a la formación de los ciudadanos, con la perspectiva de propiciar relaciones de convivencia social, a partir de que los sujetos tomen conciencia del momento histórico que están viviendo y, asuman responsabilidades y compromisos sociales, ante los problemas inmediatos que experimentan. Como parte de un proceso, en el que actúen socialmente refrendando principios e intereses sociales de convivencia.
El último gobernador que estableció una política pública de formación cultural de los tabasqueños, que se articulara a los cambios urbanos, económicos e industriales que Tabasco estaba viviendo, fue Enrique González Pedrero. Los gobiernos posteriores, vieron en la formación cultural de los ciudadanos, un elemento que no les convenía, porque consideraban que formar a los tabasqueños con saberes y prácticas que los hicieran críticos, que les ayudaran a tomar conciencia de su condición social, implicaba formar críticos a sus gobiernos y a sus actos de corrupción e impunidad.
Así, durante más de tres décadas, salvo honrosas propuestas, los gobiernos de Tabasco no han sido capaces de establecer diversas políticas públicas de formación cultural de los tabasqueños; con proyectos específicos que contribuyan a la formación de una ciudadanía comprometida con su entorno social; una ciudadanía que refrende, en relaciones y prácticas cotidianas, principios sociales, valores, argumentos y principios, que en la vida publica y privada, propicien el diálogo, el respeto, el acuerdo y la convivencia.
También, en las últimas tres décadas conozco infinidad de propuestas que se le han realizado a funcionarios del Instituto de Cultura (ahora Secretaria de Cultura), a funcionarios del gabinete en turno, a diputados federales y locales, a senadores y presidentes municipales, para rescatar y difundir el patrimonio cultural y, para impulsar acciones concretas que formen a los tabasqueños en el arte, el teatro, la fotografía, la música, la historia, la antropología, la literatura, etc., propuestas que terminaron en el pragmatismo y las inercias de políticos, funcionarios improvisados o, que solo buscaban hacer negocios.
Por ello, en Tabasco hace falta que los pocos ciudadanos y organizaciones que tienen una vida independiente, relacionada con la creación, producción y difusión cultural, insistan en que se impulsen nuevas políticas públicas de formación cultural que se dirijan a los distintos sectores sociales. El Estado deberá articular esas propuestas al quehacer cotidiano que realizan diversas instituciones educativas, en una propuesta que englobe diferentes programas, que formen parte de su programa general de gobierno y que lleven la formación cultural al pueblo.
Para llevar a cabo nuevas políticas públicas de formación cultural, para los distintos sectores sociales de Tabasco, se deberá seleccionar a nuevos recursos humanos, que profesionalmente realicen su trabajo con eficiencia: con creatividad, compromiso y con un uso honesto de los recursos; sujetos que definan estrategias concretas para la aplicación de programas específicos.
Para lograrlo, se deberá romper con la burocracia y las inercias ineficientes, que hoy se reproducen en la secretaría de cultura, patrimonio cultural, las casas de cultura, etc., a partir de diagnósticos y evaluaciones sobre la funcionalidad de cada dependencia. Y las actividades de formación, deberán salir a la calle, ir a las rancherías, villas y colonias.
Muchos estados del país tienen políticas públicas de formación cultural creativas y eficientes, que nos deben servir como ejemplo, para generar relaciones de aprendizaje y convivencia, que nos permitan ser una sociedad más crítica y comprometida con su dinámica social, que exija y se comprometa a vivir en paz y en bienestar social.
En un modelo de desarrollo de corte liberal, esa es la principal promesa, es una de las premisas históricas que definen al liberalismo. En el caso de México y, bajo la perspectiva de un gobierno que asume como uno de sus ejes el llamado “Humanismo Mexicano”, los postulados del liberalismo relacionados con las libertades ciudadanas, el desarrollo, la prosperidad, la justicia, la convivencia y la seguridad social, adquieren un mayor contenido de compromiso y preocupación por las problemáticas humanas.
En Tabasco, muy pocos gobiernos se han preocupado por impulsar políticas de desarrollo integrales, en las que el desarrollo económico e industrial se articule a la formación de los ciudadanos, con la perspectiva de propiciar relaciones de convivencia social, a partir de que los sujetos tomen conciencia del momento histórico que están viviendo y, asuman responsabilidades y compromisos sociales, ante los problemas inmediatos que experimentan. Como parte de un proceso, en el que actúen socialmente refrendando principios e intereses sociales de convivencia.
El último gobernador que estableció una política pública de formación cultural de los tabasqueños, que se articulara a los cambios urbanos, económicos e industriales que Tabasco estaba viviendo, fue Enrique González Pedrero. Los gobiernos posteriores, vieron en la formación cultural de los ciudadanos, un elemento que no les convenía, porque consideraban que formar a los tabasqueños con saberes y prácticas que los hicieran críticos, que les ayudaran a tomar conciencia de su condición social, implicaba formar críticos a sus gobiernos y a sus actos de corrupción e impunidad.
Así, durante más de tres décadas, salvo honrosas propuestas, los gobiernos de Tabasco no han sido capaces de establecer diversas políticas públicas de formación cultural de los tabasqueños; con proyectos específicos que contribuyan a la formación de una ciudadanía comprometida con su entorno social; una ciudadanía que refrende, en relaciones y prácticas cotidianas, principios sociales, valores, argumentos y principios, que en la vida publica y privada, propicien el diálogo, el respeto, el acuerdo y la convivencia.
También, en las últimas tres décadas conozco infinidad de propuestas que se le han realizado a funcionarios del Instituto de Cultura (ahora Secretaria de Cultura), a funcionarios del gabinete en turno, a diputados federales y locales, a senadores y presidentes municipales, para rescatar y difundir el patrimonio cultural y, para impulsar acciones concretas que formen a los tabasqueños en el arte, el teatro, la fotografía, la música, la historia, la antropología, la literatura, etc., propuestas que terminaron en el pragmatismo y las inercias de políticos, funcionarios improvisados o, que solo buscaban hacer negocios.
Por ello, en Tabasco hace falta que los pocos ciudadanos y organizaciones que tienen una vida independiente, relacionada con la creación, producción y difusión cultural, insistan en que se impulsen nuevas políticas públicas de formación cultural que se dirijan a los distintos sectores sociales. El Estado deberá articular esas propuestas al quehacer cotidiano que realizan diversas instituciones educativas, en una propuesta que englobe diferentes programas, que formen parte de su programa general de gobierno y que lleven la formación cultural al pueblo.
Para llevar a cabo nuevas políticas públicas de formación cultural, para los distintos sectores sociales de Tabasco, se deberá seleccionar a nuevos recursos humanos, que profesionalmente realicen su trabajo con eficiencia: con creatividad, compromiso y con un uso honesto de los recursos; sujetos que definan estrategias concretas para la aplicación de programas específicos.
Para lograrlo, se deberá romper con la burocracia y las inercias ineficientes, que hoy se reproducen en la secretaría de cultura, patrimonio cultural, las casas de cultura, etc., a partir de diagnósticos y evaluaciones sobre la funcionalidad de cada dependencia. Y las actividades de formación, deberán salir a la calle, ir a las rancherías, villas y colonias.
Muchos estados del país tienen políticas públicas de formación cultural creativas y eficientes, que nos deben servir como ejemplo, para generar relaciones de aprendizaje y convivencia, que nos permitan ser una sociedad más crítica y comprometida con su dinámica social, que exija y se comprometa a vivir en paz y en bienestar social.