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La Verdad del Sureste

MÉXICO ANTE LATINOAMÉRICA: LA CUMBRE DE LA CELAC


 

El 28 de enero tuvo lugar en La Habana, la II Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). Esta organización fue constituida en 2010, y ha abierto a la región un foro que permite, de manera mancomunada, buscar un margen mayor de independencia y desarrollo, que eran inalcanzables en el marco de la OEA, identificada con los intereses estadounidenses. El tema central que guió la agenda fue “La lucha contra la pobreza, el hambre y la desigualdad”, y responde a la cruda realidad de nuestros pueblos. En su discurso inaugural, el presidente de Cuba (país que tuvo en 2013 la presidencia Pro Témpore de la CELAC), citando estudios conjuntos con la CEPAL, esbozó los grandes retos que, sobre el tema a discusión, enfrenta la organización: hay en Latinoamérica 164 millones de pobres, 66 millones de ellos en la indigencia. La riqueza está sumamente concentrada: el 10 por ciento más rico de la población dispone del 32 por ciento de los ingresos, y el 40 por ciento más pobre sólo percibe el 15 por ciento; y recordó que Latinoamérica es la región con más desigualdad en el mundo. Para enfrentar el problema, planteó la necesidad de la cobertura universal de salud, la elevación de salarios, alfabetización universal, seguridad alimentaria, vivienda digna y educación superior, pero advirtió que esto será posible sólo a condición de ejercer una auténtica soberanía sobre los recursos naturales de los países y de revisar los términos de las relaciones con las empresas transnacionales. 
    En el marco del encuentro, y en alusión directa al tema central, el presidente de México, Lic. Enrique Peña Nieto, asumió en su intervención un compromiso con los objetivos de la CELAC; dijo que: “Es responsabilidad de todos los gobiernos que integramos a América Latina y el Caribe, que el crecimiento económico que estamos logrando, no signifique una mayor concentración de riqueza en unas cuantas manos. De ahí la importancia de compartir experiencias y mejores prácticas para revertir la desigualdad social”. A mi juicio, la posición expresada por el presidente en su discurso fue correcta; el problema será su concreción práctica, que reclama acciones firmes y sostenidas por parte del gobierno y de la sociedad organizada. A reserva de lo que se haga al respecto, de entrada es correcto admitir el problema, por lo demás, inocultable, y asumir el compromiso de resolverlo; también es positivo buscar un acercamiento con los países de nuestra región, con la que nos vincula no sólo la geografía, sino profundas raíces históricas, idioma y una cultura comunes; en esta misma tesitura, y si no se trata sólo de un golpe mediático, es también correcto el acercamiento con Cuba, y lo fue el rendir homenaje al presidente uruguayo, el señor José Mujica, por su incansable lucha de toda una vida.
    México debe reencontrarse con su región, de la cual ha estado alejado al menos en las últimas dos décadas. En lo económico, por ejemplo, Latinoamérica es destino de sólo 6.8 por ciento de nuestras exportaciones, mientras privilegiamos la relación comercial con los Estados Unidos, país al que en el año 2000 enviamos el 88 por ciento de nuestras exportaciones; ciertamente, en los últimos años, y debido a la crisis norteamericana, se ha reducido un poco ese porcentaje, afectando, de paso, nuestro crecimiento. A esa economía nos hemos atado, sufriendo sus mismos padecimientos y pagando sus consecuencias. Mientras tanto, y siguiendo otro camino, muchas naciones latinoamericanas se desarrollan y ganan en soberanía respecto a la tutela del FMI y de las empresas transnacionales, en otro marco de alianzas estratégicas. Entre los años 2009 y 2013, el crecimiento promedio del PIB en la región fue de 2.75 por ciento, nada espectacular, pero permitió reducir el índice de pobreza de 33.5 a 27.9 por ciento (CEPAL, 2013). Por cierto, en el contexto de la Cumbre, la presidenta Dilma Rousseff inauguró un puerto para contenedores en El Mariel, Cuba, con financiamiento brasileño por un monto total de 957 millones de dólares. También China está influyendo fuertemente en el desempeño económico de la región: entre los años 2000 y 2010, Latinoamérica y el Caribe aumentaron su comercio con el país asiático en más de mil por ciento (CEPAL, China y América Latina: hacia una nueva fase del vínculo económico y comercial), y se espera que este año China desplazará a Europa como segundo receptor de las exportaciones de Latinoamérica.
    Pero la región no sólo importa por su efecto potencial en el crecimiento mexicano, sino por su experiencia en materia de desarrollo, pues ahí se aplica en nuestros tiempos una estrategia económica progresista y novedosa, que privilegia los intereses nacionales frente al dominio del capital mundial, y con una clara orientación popular, destinando una parte creciente de la riqueza al beneficio de los más pobres. A este respecto, el presidente uruguayo sintetizó así la razón de ser y los retos de la CELAC: “Tenemos que integrarnos por nuestro propio desarrollo, pero el desarrollo no es sólo sumar riquezas, aumentar consumo… ¡es la lucha por la felicidad humana!”; pero advirtió sobre la magnitud de los obstáculos, empezando con la herencia cultural que arrastramos: “Si tendrá peso, el peso cultural invasor de esta cultura no precisa solo cañones […] No se puede subestimar la enorme capacidad de dominación cultural que tiene todo esto. […] hemos vivido más de un siglo mirando para Europa, para Estados Unidos, para cualquier lado, casi no nos mirábamos entre nosotros”. Y vaya que hay grandes obstáculos al desarrollo de la región; está, por ejemplo, el bloqueo económico a Cuba. Lo dicho por Mujica es muy real, y perfectamente aplicable a México, que desde la instauración del modelo neoliberal buscó con renovado afán congraciarse con la potencia del norte, aislándose de Latinoamérica y perdiendo un honroso liderazgo que antaño tuvimos. Como dijera Alan Riding, aunque aquí al revés, nos convertimos en vecinos distantes de Latinoamérica. Pero hoy se abre una magnífica oportunidad de reencuentro (habrá que ver si el gobierno mexicano avanza en esa ruta), mas ahora no con arrogancia, como pretendieran antes otros gobiernos, sino respetando el derecho soberano de cada país a elegir su propio camino.
Una consideración final que vale. Obviamente, al insistir en la importancia de la integración de México a Latinoamérica, nadie en su sano juicio estaría sugiriendo ignorar nuestra realidad en materia de relaciones con los Estados Unidos, nuestro vecino, con el que compartimos una frontera de 3 mil 185 kilómetros de longitud, la línea divisoria internacional más cruzada del mundo; es lugar común ponderar la importancia que para nosotros tienen tanto el mercado como una buena relación con el país del norte, donde, además, viven doce millones de compatriotas. Pero la necesidad ineluctable de esa relación no implica forzosamente que debamos seguir siendo de facto una colonia norteamericana. 

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