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La Verdad del Sureste

México SA Mexicana, cuatro años

Gastón ¿en la picota? El PRI y el avestruz


Ca rlos Fernández-  Vega 

 

Con la cara más dura  que una piedra, el 2  de agosto de 2010 el  entonces director general  de Mexicana de Aviación,  Manuel Borja, declaró a los  medios de comunicación  que la crisis financiera por  la que atravesaba la aerolínea  era resultado de “los  costosos contratos colectivos  de trabajo de pilotos  y sobrecargos”, y de ninguna  manera producto de  malos manejos financieros  por parte de los propietarios  (Gastón Azcárraga  Andrade, el principal). De  hecho, aseguraba, “la empresa  es viable, porque su  problema es operativo, no  financiero”. 

 

Entre esa declaración  y el concurso mercantil  sólo transcurrieron  unos cuantos minutos,  mientras Gastón Azcárraga  ya había desaparecido  de la escena del crimen, la  aerolínea clavaba el pico  tras el riguroso saqueo de  que fue objeto y 8 mil 500  trabajadores se quedaban  en la calle. Casi cuatro  años después de un concurso  mercantil por demás  desaseado, por decirlo suave,  se declaró la quiebra de  la empresa y se giró orden  de aprehensión en contra  del empresario a quien la  parejita presidencial, Vicente  y Martita, prácticamente  le regaló la otrora  aerolínea insignia.  Como se ha comentado  en este espacio,  lo sucedido con Mexicana  de Aviación no es nuevo,  como tampoco el saqueo y  la quiebra de una empresa  perteneciente al oneroso  circuito privatización-estatización-  reprivatizaciónreestatización  (etcétera,  etcétera). De hecho, esa ha  sido la norma en muchísimos  casos de paraestatales  privatizadas. Concretamente  en el de la aerolínea  el circuito fue primero extranjero;  después de capital  foráneo y nacional; más  adelante sólo nacional, con  participación minoritaria  del gobierno; sólo de éste;  fue “rescatada” y “saneada”  con recursos públicos  para reprivatizarla; de nueva  cuenta quedó en manos  del gobierno, el que –ya financieramente  limpia– la  regresó a manos privadas, y  de estas a las gubernamentales,  para retornar a particulares  y de allí al concurso  mercantil y la quiebra.  Cuatro años después de la  cínica declaración de Manuel  Borja (en septiembre  de 2013 la PGR solicitó a Interpol  ficha roja para ubicar  a nivel internacional al ex  director de Mexicana y a dos  ex consejeros de la empresa,  por presunta defraudación  fiscal), los trabajadores de  la aerolínea siguen en la calle.  Nadie les echó un lazo y  dos de sus sepultureros gozan  de hueso y permanecen  intocados: Javier Lozano, ex  secretario calderonista del  Trabajo, y Juan Molinar Horcasitas,  ex secretario calderonista  de Comunicaciones  y Transportes.

 

Uno en el  Senado, otro en la cúpula  panista.  Por su parte, uno de  los hombres más ricos del  país, Gastón Azcárraga, acumula  un rosario de acusaciones  y ha sido “retenido” por  las autoridades migratorias  estadunidenses, más por razones  de vencimiento de visado  que por los delitos relacionados  con la fraudulenta  operación con Mexicana de  Aviación. Igual le renuevan  el permiso de estancia y cómodamente  se queda allá.  En vía de mientras, un poco  de historia sobre la más reciente  reprivatización de  Mexicana de Aviación, la  misma que en 1994 logró  reestatizar Gastón Azcárraga  Tamayo, padre de Gastón  Azcárraga Andrade, quien  desde diciembre de 2005 se  convirtió en dueño y señor  de la aerolínea, hoy en quiebra.  Dicha reprivatización  favoreció ampliamente  al presidente del Grupo Posadas  –Azcárraga Andrade–,  quien no sólo la obtuvo  a precio de regalo, sino que  minutos después de firmar  el contrato de traspaso revendió  a otros “hombres de  negocios” una buena rebanada  del pastel accionario  de la aerolínea, cuyo “rescate”  (Fobaproa de por medio)  costó, cuesta, al erario miles  de millones de pesos.  En los primeros nueve  meses como propietario  de Mexicana de Aviación,  Azcárraga Andrade y socios  despidieron a mil 800  trabajadores de confianza  y sindicalizados; vendieron  la torre insignia de la aerolínea  (en la calle de Xola, por  alrededor de 80 millones de  dólares) y recortaron 25 por  ciento el salario del personal  que libró la reducción de  plantilla, al tiempo que exigió,  y logró, que el gobierno  federal le “regresara” una  cantidad “por ajustes” en el  precio de venta. 

 

El 20 de diciembre de  2005 se oficializó que Grupo  Posadas, propiedad de Gastón  Azcárraga Andrade, fue  el ganador de la “puja” por  la citada empresa: 94.5 por  ciento de las acciones pasaron  a ser propiedad del corporativo  hotelero, mediante  el supuesto pago de 165.5  millones de dólares.  Cintra (entonces  concentrador de las aerolíneas  “rescatadas” por el  erario) y el IPAB (el “rescatador”,  heredero del Fobaproa)  reconocieron a Posadas  como ganador, y ese 20  de diciembre firmaron el  contrato de compraventa de  las acciones, cuyo precio en  la Bolsa Mexicana de Valores  artificialmente se desplomó  en alrededor de 40  por ciento en unos cuantos  días, obviamente previos  a tal firma. Se trataba de  abaratar, aún más, la “venta”.  Tras adquirir 94.5 por  ciento de los títulos, el citado  grupo –propietario, en  singular– revendió parte de  las acciones a siete inversionistas  que no participaron  en la licitación, cuyas empresas  fueron constituidas  pocos días antes del anuncio  oficial del ganador y que  se convirtieron en propietarios,  en plural. Una de ellas,  Administradora Profesional  de Hoteles, constituida 12  días antes de conocerse, públicamente,  el nombre del  nuevo dueño de Mexicana  de Aviación.  Minutos después de firmar  el contrato de compraventa,  Azcárraga Andrade (en ese  tiempo ex presidente del oscuro  Consejo Mexicano de  Hombres de Negocios) repartió  el pastel de Mexicana  de Aviación: Grupo Posadas,  29.6 por ciento de las acciones;  Administradora Profesional  de Hoteles, 20.08; Administradora  Corporativa  Empresarial, de Angel Losada  Moreno (Grupo Gigante),  20.08; Gastón Azcárraga  Andrade, 2.86; Juan Gallardo  Thurlow (Grupo Embotelladoras  Unidas), 10.44; Ixe  Banco (del que fue accionista  Isaac Saba, del Grupo  Xtra, único “contrincante”  en la citada “puja”), 2.46 por  ciento, y “otros accionistas”,  9.49 por ciento.  Lo demás es historia  conocida: saquearon y  destrozaron la aerolínea, finalmente  la quebraron, culparon  a los trabajadores (los  únicos que han pagado, y  con creces, por algo que  ni de lejos se comieron)  y Gastón se fue tranquilamente…  hasta que se le  venció la visa gringa.  Las rebanadas del  pastel  Y ya entrados en cápsulas  de memoria, el 23 de  agosto de 2010 el grupo  parlamentario del PRI en  el Senado de la República  acusaba al gobierno de  Felipe Calderón de “manipular  información para  esconder el colapso económico  al que se enfila el  país”.  Lo peor, subrayaba,  “es que el gobierno de  Calderón aplica la política  del avestruz; en realidad,  la administración panista  no sabe qué hacer”. Pues  bien, ahora sucede lo mismo,  pero con el gobierno  tricolor, pero aquellos  guardan silencio.  Twitter: @cafevega  D.R.: cfvmexico_sa   

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