México Sur-Sureste: El Tren Maya y la posibilidad de un desarrollo cultural regional
El proyecto del Tren Maya a través de más de mil 500 kilómetros de vías terrestres no sólo tiene que ver con el desarrollo de la economía y el turismo en la región sureste del país, también significa el avance cultural entre los cinco estados que comprenden el paso de este medio de transporte.
La riqueza tradicional y cultural de los estados de Tabasco, Chiapas, Campeche, Yucatán y Quintana Roo debe fortalecerse en aras de mantener una identidad compartida no sólo por las raíces mayas, sino que debe trascender hasta las expresiones artísticas que se hallan en cada uno de los 40 municipios en la región.
Al integrarse las culturas de cada pueblo, compartir el conocimiento, los usos y costumbres de las 181 localidades que se enlazarán de alguna manera por el Tren Maya debe originar más oportunidades de crecimiento en la colectividad cultural de esta zona, pues al fin y al cabo se trata de que la cultura maya muestre su grandeza y la comparta con las demás entidades de la república mexicana.
En este sentido tendrán que involucrarse no sólo los gobiernos de cada estado y sus respectivos institutos o secretarías de cultura y turismo, sino los colectivos independientes, todos con el objetivo de crear un gran movimiento turístico-cultural que propicie la solidez y la unidad de una sociedad que ha permanecido dispersa a falta de propuestas que busquen el desarrollo sin distinciones de ninguna índole. El compromiso es grande y habrá que asumirlo si en verdad queremos crecer no solo como individuos o grupos colectivos que buscan un fin común; proponer y llevar a cabo los proyectos no competen únicamente a los gobiernos, también corresponde a los creadores independientes y que haya una verdadera comunicación entre unos y otros sin engaños ni simulación, que ya esto último ha hecho daño en las últimas cuatro décadas y nos ha sumido en el rezago.
Si crecemos culturalmente nuestra educación también mejorará y por ende el desarrollo y crecimiento de los pueblos circundantes, tendremos una madurez democrática más participativa que no sólo vea por sus propios intereses sino que tome en cuenta a los ciudadanos en general aplicando aquello de la horizontalidad participativa de la que se habla en el ámbito académico y cultural en estos días.
El sureste también existe, asimismo sus diferencias y contrariedades, sin embargo esta será una gran oportunidad para buscar que en todos los ámbitos culturales se dé el entusiasmo y el deseo de intercambiar el conocimiento de nuestras tradiciones y costumbres, de mostrar la creatividad artística de los pueblos y sus habitantes, ese gran conglomerado tan pleno de colorido y majestuosidad que debe traer consigo el crecimiento económico, político, ecológico-turístico y social.
La riqueza tradicional y cultural de los estados de Tabasco, Chiapas, Campeche, Yucatán y Quintana Roo debe fortalecerse en aras de mantener una identidad compartida no sólo por las raíces mayas, sino que debe trascender hasta las expresiones artísticas que se hallan en cada uno de los 40 municipios en la región.
Al integrarse las culturas de cada pueblo, compartir el conocimiento, los usos y costumbres de las 181 localidades que se enlazarán de alguna manera por el Tren Maya debe originar más oportunidades de crecimiento en la colectividad cultural de esta zona, pues al fin y al cabo se trata de que la cultura maya muestre su grandeza y la comparta con las demás entidades de la república mexicana.
En este sentido tendrán que involucrarse no sólo los gobiernos de cada estado y sus respectivos institutos o secretarías de cultura y turismo, sino los colectivos independientes, todos con el objetivo de crear un gran movimiento turístico-cultural que propicie la solidez y la unidad de una sociedad que ha permanecido dispersa a falta de propuestas que busquen el desarrollo sin distinciones de ninguna índole. El compromiso es grande y habrá que asumirlo si en verdad queremos crecer no solo como individuos o grupos colectivos que buscan un fin común; proponer y llevar a cabo los proyectos no competen únicamente a los gobiernos, también corresponde a los creadores independientes y que haya una verdadera comunicación entre unos y otros sin engaños ni simulación, que ya esto último ha hecho daño en las últimas cuatro décadas y nos ha sumido en el rezago.
Si crecemos culturalmente nuestra educación también mejorará y por ende el desarrollo y crecimiento de los pueblos circundantes, tendremos una madurez democrática más participativa que no sólo vea por sus propios intereses sino que tome en cuenta a los ciudadanos en general aplicando aquello de la horizontalidad participativa de la que se habla en el ámbito académico y cultural en estos días.
El sureste también existe, asimismo sus diferencias y contrariedades, sin embargo esta será una gran oportunidad para buscar que en todos los ámbitos culturales se dé el entusiasmo y el deseo de intercambiar el conocimiento de nuestras tradiciones y costumbres, de mostrar la creatividad artística de los pueblos y sus habitantes, ese gran conglomerado tan pleno de colorido y majestuosidad que debe traer consigo el crecimiento económico, político, ecológico-turístico y social.