Salinas no dice nada sobre el destino del petróleo ni de Petróleos Mexicanos (Pemex), cuya respuesta provino extrañamente -desde Toluca durante un congreso empresarial- de parte de John Dimitri Negroponte, el bushiano exzar del espionaje estadunidense. Afirmó Negroponte, que “en el proceso de negociación del TLCAN, el entonces presidente Carlos Salinas de Gortari ofreció a su contraparte de Estados Unidos, George Bush padre, abrir la industria petrolera mexicana a la inversión extranjera, reveló este martes John Dimitri Negroponte, entonces embajador de Washington y testigo del ofrecimiento” (reseña de la La Jornada 27 de septiembre de 2010). Esta estrujante revelación llamó poderosamente la atención ya que Salinas, había escrito, en sus voluminosas memorias, que cuando daddy Bush le solicitó el petróleo de México, él pidió a cambio el libre paso de personas en la transfrontera. Alguno de los dos miente: Negroponte o Salinas. ¿Cuál habrá sido el papel de Adrián Lajous Vargas –exdirector de Pemex y hoy director de la depredadora petrolera trasnacional Schlumberger– en planificar la entrega del petróleo mexicano?
El exzar del espionaje bushiano que participó en un panel junto a Andrés Rosental Gutman –medio hermano de Jorge Castañeda Gutman y cuñado del Andrés Holzer Newman, propietario del célebre Edificio Omega de Paseo de la Reforma (donde tiene su asiento el Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales) y presunto operador del infame Irán-Contras (contrabando y trueque triangulados de cocaína y armas entre Estados Unidos, Israel y los Contras de Nicaragua). Imperturbable, Negroponte agregó que la propuesta de Salinas “ocurrió durante una conversación que los mandatarios tuvieron en San Diego, California, en momentos en que se negociaba el TLCAN. Había testigos de ambas delegaciones, entre ellos Herminio Blanco Mendoza, jefe del equipo negociador mexicano”. Ya nadie podía detener las revelaciones de Negroponte: “Hubo una conversación en San Diego. El presidente Salinas dijo: ‘¿Por qué no incluimos, o permitimos como parte del TLC, inversión extranjera en el sector energético?’”. Negroponte abundó sobre la eventual ampliación al área energética del TLCAN. “Es algo delicado y muy político. Cuando en México haya más importación que exportación de petróleo, quizá haya una discusión interna sobre cómo enfrentar el problema. Por el momento, nosotros tenemos que respetar que éste es un tema que los mexicanos tienen que discutir antes de abordar la cuestión en un plano bilateral, concluyó”. Guste o disguste, Negroponte está en su papel. Podemos estar de acuerdo o desacuerdo con él, pero no ocultó sus cartas sobre el apetito de Estados Unidos por los energéticos mexicanos. Estados Unidos desea sin tapujos los hidrocarburos de México –que paulatinamente ha cercado, para no decir hipotecado, mediante la extensión del TCLAN a la Alianza para la Seguridad y Prosperidad de América del Norte, luego la desnacionalización de la banca (sin la cual no se pueden conseguir créditos para explorar, perforar y extraer petróleo; quizá el punto más exquisitamente sensible de todos), el Plan México (rebautizado Iniciativa Mérida) y próximamente la deglución militar de México mediante el Comando Norte de Estados Unidos y Canadá.
Si toda “política es geopolítica”, como perora Salinas, entonces no se ha enterado de que el mundo volvió a cambiar mas dramáticamente ahora que en 1989. Han pasado 22 años y Salinas no evoluciona, sino, peor aún, involuciona. Nadie está exigiendo la absurda ruptura de relaciones con Estados Unidos, pero en la nueva fase multipolar de regionalizaciones complejas y traslapes creativos a México se le han abierto ventanas de oportunidad para repensar el TLCAN (sobre todo el rubro agrícola) en términos menos desventajosos, así como explotar mas autónomamente sus riquísimos yacimientos de petróleo y plata. “Entre el Norte y el Sur”, Salinas y sus hijos putativos (desde el punto de vista neoliberal) que le siguieron en el poder, Zedillo, Fox y Calderón, se equivocaron al haber apostado todo en el “Norte” y haber abandonado el “Sur” (lo cual alcanzó niveles sicóticos con la dupla Fox-Castañeda. Curiosamente, hoy el “Sur” es libre, innovativo y creativo, cuyos mandatarios, en particular los de Suramérica, entendieron antes y mejor los alcances de la nueva era multipolar (ejemplo, el BRIC, Brasil, Rusia, India y China).
