Movimiento Ciudadano y la doble cara de Karla Rabelo
Después de varios días de rumores, que intencionalmente dejó correr, Karla Rabelo Estrada rompió el silencio para anunciar que sí, que es cierto que renuncia a Morena, para ser candidata de Movimiento Ciudadano a la alcaldía de Huimanguillo.
Se marcha como lo han hecho otros: renegando del partido que la hizo diputada local y federal, sin más merito que su cercanía a quien hasta hace poco era el fiel de la balanza en Morena, el que decidía quién iba a tal o cual cargo de elección popular.
Se va porque quiere ser alcaldesa de su natal municipio, aspiración legítima, pero esa postulación no la tendrá en Morena, no porque le hayan cerrado el paso, como aseguró en una entrevista, sino porque sabe que no ganó la encuesta, y como no le favoreció la descalifica al decir que es una simulación.
Es la justificación más socorrida por quienes han seguido el mismo camino. Nada nuevo bajo el sol. Hace apenas unos meses, noviembre para ser precisos, afirmó que no se iría de Morena aunque no ganara la encuesta y que se iba a sumar al ganador.
Sin embargo, sus propias palabras la desmienten. El 23 de noviembre, después de registrarse para contender por la alcaldía de Huimanguillo, dijo que no era una mujer “de doble cara” y resulta que desde hace dos meses, confesado por ella misma, ya estaba en tratos con Movimiento Ciudadano.
Gerardo Gaudiano Rovirosa, que es el encargado de pepenar aspirantes frustrados, y Jorge Álvarez Máynez, candidato presidencial, acercaron a Rabelo con el dueño de la franquicia, Dante Delgado.
En la entrevista radiofónica, ella jura y perjura que tocó puertas en Morena y ninguna se le abrió, que buscó a Javier May Rodríguez y el café que el precandidato a la gubernatura le prometió nunca se dio, pero al mismo tiempo tejía su candidatura con el partido naranja, jugaba a dos bandas.
En el proceso interno nacional de Morena, ella se la jugó con quien pensó que sería el candidato presidencial. Tan segura estaba, que no le importó que, en un arranque de cólera, le diera un codazo que se hizo viral en las redes virtuales.
Su gallo fue derrotado e, inevitablemente, sus aspiraciones fueron a la baja, como en la Bolsa Mexicana de Valores. No basta tener una cara bonita, ser blanca y rubia, parecerse a Barbie, para ganar una candidatura. Hace falta mucho más que eso: principios, convicciones, vocación de servicio, congruencia ideológica, lealtad al movimiento no a personas, y más que nada, estar al lado del pueblo.
En la contienda interna en Tabasco, apostó por Raúl Ojeda y también perdió. Nadie le reprocha que se haya encantado por esas dos opciones, estaba en todo su derecho. Lo que no es bien visto en Morena, es que se apele a un derecho que no se ha ganado con trabajo político, exigir una candidatura y amagar con irse a otro partido si no se cumplen sus deseos.
En la entrevista radiofónica, Rabelo Estrada dice que no era un “capricho” suyo la candidatura en Morena. Sus acciones dicen lo contrario. Claro que era un capricho que ahora se verá cumplido bajo las siglas de otro partido.
La actitud de la legisladora federal se podría decir que es congruente con su origen. Su padre César Ernesto Rabelo Dagdug cambió de camiseta dos veces. Había sido dos veces alcalde con el PRI y cuando su partido le negó una tercera candidatura en 2006, renunció. Se fue al PAN y perdió la elección. Intentó llegar a la presidencia municipal, ahora con el PVEM en 2015, y también salió derrotado. O sea, Karla Rabelo lo trae en sus genes políticos. No hay congruencia ni honestidad políticas, sino una simple y vulgar ambición por el poder.
Se marcha como lo han hecho otros: renegando del partido que la hizo diputada local y federal, sin más merito que su cercanía a quien hasta hace poco era el fiel de la balanza en Morena, el que decidía quién iba a tal o cual cargo de elección popular.
Se va porque quiere ser alcaldesa de su natal municipio, aspiración legítima, pero esa postulación no la tendrá en Morena, no porque le hayan cerrado el paso, como aseguró en una entrevista, sino porque sabe que no ganó la encuesta, y como no le favoreció la descalifica al decir que es una simulación.
Es la justificación más socorrida por quienes han seguido el mismo camino. Nada nuevo bajo el sol. Hace apenas unos meses, noviembre para ser precisos, afirmó que no se iría de Morena aunque no ganara la encuesta y que se iba a sumar al ganador.
Sin embargo, sus propias palabras la desmienten. El 23 de noviembre, después de registrarse para contender por la alcaldía de Huimanguillo, dijo que no era una mujer “de doble cara” y resulta que desde hace dos meses, confesado por ella misma, ya estaba en tratos con Movimiento Ciudadano.
Gerardo Gaudiano Rovirosa, que es el encargado de pepenar aspirantes frustrados, y Jorge Álvarez Máynez, candidato presidencial, acercaron a Rabelo con el dueño de la franquicia, Dante Delgado.
En la entrevista radiofónica, ella jura y perjura que tocó puertas en Morena y ninguna se le abrió, que buscó a Javier May Rodríguez y el café que el precandidato a la gubernatura le prometió nunca se dio, pero al mismo tiempo tejía su candidatura con el partido naranja, jugaba a dos bandas.
En el proceso interno nacional de Morena, ella se la jugó con quien pensó que sería el candidato presidencial. Tan segura estaba, que no le importó que, en un arranque de cólera, le diera un codazo que se hizo viral en las redes virtuales.
Su gallo fue derrotado e, inevitablemente, sus aspiraciones fueron a la baja, como en la Bolsa Mexicana de Valores. No basta tener una cara bonita, ser blanca y rubia, parecerse a Barbie, para ganar una candidatura. Hace falta mucho más que eso: principios, convicciones, vocación de servicio, congruencia ideológica, lealtad al movimiento no a personas, y más que nada, estar al lado del pueblo.
En la contienda interna en Tabasco, apostó por Raúl Ojeda y también perdió. Nadie le reprocha que se haya encantado por esas dos opciones, estaba en todo su derecho. Lo que no es bien visto en Morena, es que se apele a un derecho que no se ha ganado con trabajo político, exigir una candidatura y amagar con irse a otro partido si no se cumplen sus deseos.
En la entrevista radiofónica, Rabelo Estrada dice que no era un “capricho” suyo la candidatura en Morena. Sus acciones dicen lo contrario. Claro que era un capricho que ahora se verá cumplido bajo las siglas de otro partido.
La actitud de la legisladora federal se podría decir que es congruente con su origen. Su padre César Ernesto Rabelo Dagdug cambió de camiseta dos veces. Había sido dos veces alcalde con el PRI y cuando su partido le negó una tercera candidatura en 2006, renunció. Se fue al PAN y perdió la elección. Intentó llegar a la presidencia municipal, ahora con el PVEM en 2015, y también salió derrotado. O sea, Karla Rabelo lo trae en sus genes políticos. No hay congruencia ni honestidad políticas, sino una simple y vulgar ambición por el poder.