Municipios antorchistas y el freno a su desarrollo
En las últimas semanas, el país entero ha sido testigo de la campaña nacional que ha iniciado el Movimiento Antorchista y en la que se hace extensa denuncia sobre los atropellos que el gobernador del Estado de México, Dr. Eruviel Ávila Villegas, comete contra los afiliados a esta gran organización.
Entre las diversas injusticias sustentadas por sus denunciantes, destacan: el incumplimiento de numerosas obras comprometidas por el entonces candidato a la gubernatura en un evento masivo en el que, imitando a su predecesor inmediato, firmó de puño y letra ante notario público y teniendo como testigos a más de 80 mil antorchistas, obras que beneficiarían a cientos de miles de habitantes de 58 municipios de la entidad; la creciente ola de violencia en contra de trabajadores del volante simpatizantes de dicha organización y que en el transcurso de un año ha cobrado seis bajas por asesinato, incluido su abogado defensor, así como múltiples pérdidas de bienes materiales tales como quema y suspensión de sus unidades y constantes amenazas; la reciente desaparición de don Manuel Serrano Vallejo, humilde vendedor de periódicos y padre de la presidenta municipal del municipio de Ixtapaluca, Maricela Serrano Hernández y, finalmente, la retención de recursos económicos para dos municipios mexiquenses, cuya característica común, además de la pobreza en la que vive la mayoría de sus habitantes, radica en ser gobernados por presidentes antorchistas: Chimalhuacán e Ixtapaluca.
Aunque todos los puntos arriba mencionados merecen particular atención, por razón de espacio, sólo me referiré en estas líneas al último de ellos.
El municipio de Chimalhuacán es gobernado por un presidente antorchista desde el año 2000, luego de un trágico evento orquestado también desde altas esferas de poder y en el que esta organización contó, uno por uno, a sus decenas de heridos y diez muertos con nombre y apellido. Asimismo, gobierna desde el primer día del 2013, en que hizo formal posesión de las instalaciones, el municipio de Ixtapaluca con Serrano Hernández a la cabeza.
Todo el oriente mexiquense ha sido testigo de la radical transformación positiva que en tan sólo trece años ha logrado el movimiento antorchista con apoyo de algunas organizaciones aliadas con las que encabezan el nuevo Chimalhuacán: bandera blanca en alfabetización de su población, erradicación casi total de las inundaciones en época de lluvias, pavimentaciones diarias en algunos años de gobierno, totalidad del servicio de agua potable, mejoramiento del transporte colectivo, entre otros que permitieron, en las pasadas elecciones, la votación más alta en todo el estado para un presidente municipal afiliado al revolucionario institucional.
Y el mismo fenómeno amenaza con repetir el antorchismo en Ixtapaluca, como lo hizo en Tecomatlán, paraíso enclavado en la Mixteca Baja poblana, primer municipio gobernado por Antorcha y cuna de este mismo movimiento. Hoy Tecomatlán es un pueblo modelo a nivel nacional, pues abatió en tiempo récord problemas que son el constante dolor de cabeza de cualquier gobierno: vivienda, servicios, educación, salud, esparcimiento, deporte, cultura, casi inexistente nivel delincuencial, población libre de vicios, etc. Así lo reconocen propios y ajenos.
No es casual que una de las medidas represivas que utilice el gobernador sea el bloqueo económico. Hasta el ciudadano menos educado en esta materia sabe que, sin dinero, no hay municipio que pueda solventar las obras prometidas a la población.
Es una vergüenza que gobiernos como el mexiquense actual priven a la población de Ixtapaluca, por ejemplo, de 450 millones en recursos que con total certeza serán empleados íntegramente en beneficios para el pueblo.
El antorchismo nacional se ha unido para exigir el cese al bloqueo a municipios antorchistas y para reprobar la conducta de gobiernos represores y enemigos del progreso del pueblo. Hoy más que nunca, todos somos antorchistas del Estado de México.