VILLAHERMOSA, TABASCO, 25 DE ABRIL DE 2011/ Les cuento que ando indignadísima desde que fui la semana pasada a la boda de una prima en Tabasco. Y no por la boda en sí, la fiesta estuvo bien bonita, sino por las condiciones en las que se encuentra la colonia de Los Aguilares, del Municipio de Cunduacán, en la que viven ahora los recién casados.
Resulta que desde hace ya casi siete años la empresa Consorcio de Arquitectura y Ecología (CARESA) les está haciendo la vida imposible a los habitantes de esta colonia. Esta empresa fue contratada en 2004 por Petróleos Mexicanos (PEMEX) para realizar el tratamiento de los desechos que se generan en la perforación de los pozos petroleros. Estos desechos consisten en grandes cantidades de lodo impregnado con hidrocarburos.
La cuestión es que, sin contar con los permisos de uso de suelo correspondientes, CARESA comenzó a depositar estos residuos en una parcela de ocho hectáreas que se encuentra pegadita a los terrenos comunitarios. Además, este depósito se hizo a cielo abierto, sin las medidas técnicas mínimas para asegurar que los contaminantes no perjudicaran a la población y al medio ambiente. Y pues como se imaginarán, todo esto resultó en la contaminación de la zona con el consecuente daño para la comunidad. Así, los habitantes de Los Aguilares empezaron a sentir un fuerte olor a petróleo durante días enteros, los niños comenzaron a sufrir afectaciones en la piel, diarreas y vómitos. El agua de los pozos se contaminó de aceite, por lo que ahora tienen que comprar agua entubada, y la papaya, la sandía, el plátano, entre otros cultivos, dejaron de darse en la cantidad y calidad con que se daban antes de la llegada de la empresa. Y esta situación la llevan sufriendo siete años sin que las autoridades competentes hagan gran cosa al respecto y pese a las denuncias que la comunidad y los compañeros del Comité de Derechos Humanos de Tabasco (CODEHUTAB) han venido realizando.
Pero no se vayan a creer que este es el único caso que escuché. Muchos de los invitados al festejo de la boda, que venían de otras comunidades de diferentes municipios del estado, se quejaban de los daños y la contaminación que la industria petrolera les causa desde hace ya muchos años. Y de cómo PEMEX y otras instituciones de los gobiernos federal, estatal y municipal hacen muy poco para prevenir, mitigar, resarcir y compensar estos daños.
Otro caso que me comentó uno de los asistentes fue el de la comunidad de Nuevo Torno Largo en el Municipio de Paraíso. Las viviendas de esta comunidad están separadas de algunos “mecheros” de PEMEX únicamente por el río Seco. Estos mecheros diariamente queman gas procedente de los pozos petroleros. El problema es que este gas viene acompañado de metales pesados, como son el cromo y el plomo, los cuales son muy perjudiciales para la salud y el medio ambiente. Y resulta que la población del lugar está sufriendo las consecuencias, pues cada vez hay más personas que presentan problemas en la piel, en las vías respiratorias e incluso hay quienes desarrollan cáncer.
Para demostrar que lo que me contaba era bien cierto, el señor me mostró la primera plana de un periódico, en el cual se hablaba de una investigación que llevó a cabo el CODEHUTAB con una red de especialistas (epidemiólogos, médicos pediatras, biólogos, sociólogos y abogado). Dicha investigación señaló que, en Nuevo Torno Largo, de 50 niños a los que se les tomó muestras de sangre, el 10 por ciento presentan alteraciones genéticas que los hace a ellos, y a su descendencia, más vulnerables a problemas de salud como trastornos mentales, deformaciones, leucemia y otros tipos de cáncer. Pero además, se hizo el mismo estudio en otra comunidad donde no hay actividad petrolera y de los 50 niños, ¡ninguno mostró este tipo de alteraciones! Yo en ese momento les dije, sin contener mi indignación, ¡pues hay que luchar para que PEMEX se vaya de Tabasco y ustedes puedan vivir tranquilos! Pero desde el Consejo de Comunidades Unidas de Centla me explicaron que no buscan eso, ya que saben que PEMEX y el petróleo generan uno de cada tres pesos que el Gobierno utiliza para desarrollar programas sociales, construir carreteras, hospitales y escuelas. Que lo único que piden es que en PEMEX se aseguren de usar la tecnología adecuada para que la actividad petrolera no contamine a las comunidades y al medio ambiente. También quieren que PEMEX le dé mantenimiento adecuado a sus instalaciones para evitar accidentes y explosiones, que compense por los daños que se produce y que genere empleo. De igual forma, piden a los tres niveles de gobierno que parte de los recursos públicos procedentes del petróleo y de los impuestos, sean utilizados para el desarrollo y bienestar de las comunidades y para el cumplimiento de sus derechos. Y pues no pude menos que darles la razón. Pero además, me surgieron varias preguntas, ¿no que PEMEX es de todas y todos los mexicanos? ¿No que todas y todos nos beneficiamos de los recursos que genera? Pues entonces, ¡exijamos que se atiendan los problemas y reivindicaciones de las comunidades cuanto antes y que se atiendan bien!
Resulta que desde hace ya casi siete años la empresa Consorcio de Arquitectura y Ecología (CARESA) les está haciendo la vida imposible a los habitantes de esta colonia. Esta empresa fue contratada en 2004 por Petróleos Mexicanos (PEMEX) para realizar el tratamiento de los desechos que se generan en la perforación de los pozos petroleros. Estos desechos consisten en grandes cantidades de lodo impregnado con hidrocarburos.
La cuestión es que, sin contar con los permisos de uso de suelo correspondientes, CARESA comenzó a depositar estos residuos en una parcela de ocho hectáreas que se encuentra pegadita a los terrenos comunitarios. Además, este depósito se hizo a cielo abierto, sin las medidas técnicas mínimas para asegurar que los contaminantes no perjudicaran a la población y al medio ambiente. Y pues como se imaginarán, todo esto resultó en la contaminación de la zona con el consecuente daño para la comunidad. Así, los habitantes de Los Aguilares empezaron a sentir un fuerte olor a petróleo durante días enteros, los niños comenzaron a sufrir afectaciones en la piel, diarreas y vómitos. El agua de los pozos se contaminó de aceite, por lo que ahora tienen que comprar agua entubada, y la papaya, la sandía, el plátano, entre otros cultivos, dejaron de darse en la cantidad y calidad con que se daban antes de la llegada de la empresa. Y esta situación la llevan sufriendo siete años sin que las autoridades competentes hagan gran cosa al respecto y pese a las denuncias que la comunidad y los compañeros del Comité de Derechos Humanos de Tabasco (CODEHUTAB) han venido realizando.
Pero no se vayan a creer que este es el único caso que escuché. Muchos de los invitados al festejo de la boda, que venían de otras comunidades de diferentes municipios del estado, se quejaban de los daños y la contaminación que la industria petrolera les causa desde hace ya muchos años. Y de cómo PEMEX y otras instituciones de los gobiernos federal, estatal y municipal hacen muy poco para prevenir, mitigar, resarcir y compensar estos daños.
Otro caso que me comentó uno de los asistentes fue el de la comunidad de Nuevo Torno Largo en el Municipio de Paraíso. Las viviendas de esta comunidad están separadas de algunos “mecheros” de PEMEX únicamente por el río Seco. Estos mecheros diariamente queman gas procedente de los pozos petroleros. El problema es que este gas viene acompañado de metales pesados, como son el cromo y el plomo, los cuales son muy perjudiciales para la salud y el medio ambiente. Y resulta que la población del lugar está sufriendo las consecuencias, pues cada vez hay más personas que presentan problemas en la piel, en las vías respiratorias e incluso hay quienes desarrollan cáncer.
Para demostrar que lo que me contaba era bien cierto, el señor me mostró la primera plana de un periódico, en el cual se hablaba de una investigación que llevó a cabo el CODEHUTAB con una red de especialistas (epidemiólogos, médicos pediatras, biólogos, sociólogos y abogado). Dicha investigación señaló que, en Nuevo Torno Largo, de 50 niños a los que se les tomó muestras de sangre, el 10 por ciento presentan alteraciones genéticas que los hace a ellos, y a su descendencia, más vulnerables a problemas de salud como trastornos mentales, deformaciones, leucemia y otros tipos de cáncer. Pero además, se hizo el mismo estudio en otra comunidad donde no hay actividad petrolera y de los 50 niños, ¡ninguno mostró este tipo de alteraciones! Yo en ese momento les dije, sin contener mi indignación, ¡pues hay que luchar para que PEMEX se vaya de Tabasco y ustedes puedan vivir tranquilos! Pero desde el Consejo de Comunidades Unidas de Centla me explicaron que no buscan eso, ya que saben que PEMEX y el petróleo generan uno de cada tres pesos que el Gobierno utiliza para desarrollar programas sociales, construir carreteras, hospitales y escuelas. Que lo único que piden es que en PEMEX se aseguren de usar la tecnología adecuada para que la actividad petrolera no contamine a las comunidades y al medio ambiente. También quieren que PEMEX le dé mantenimiento adecuado a sus instalaciones para evitar accidentes y explosiones, que compense por los daños que se produce y que genere empleo. De igual forma, piden a los tres niveles de gobierno que parte de los recursos públicos procedentes del petróleo y de los impuestos, sean utilizados para el desarrollo y bienestar de las comunidades y para el cumplimiento de sus derechos. Y pues no pude menos que darles la razón. Pero además, me surgieron varias preguntas, ¿no que PEMEX es de todas y todos los mexicanos? ¿No que todas y todos nos beneficiamos de los recursos que genera? Pues entonces, ¡exijamos que se atiendan los problemas y reivindicaciones de las comunidades cuanto antes y que se atiendan bien!