Palabras de Vida
El mejor premio al triunfo no es una medalla
El verdadero deportista es aquel que se prepara sin descanso, no se distrae ni pierde tiempo en distracciones hasta lograr el premio a su esfuerzo.
Sin duda alguna la satisfacción que siente el atleta es indescriptible puede vérsele en el rostro precisamente en el momento de recibir el premio a su dedicación, constancia y más que nada decisión. Pero que triste es ver el rostro de quienes a pesar de estar preparados quedan eliminados de la competencia. Como pudimos ver en los juegos olímpicos próximos a concluir
“¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. Así que, yo de esta manera peleo, no como quien golpea al aire, sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado.”1Corintios 9; 24-25-26-27. Esta porción bíblica nos enseña que no solo se debe participar sino también ganar.
Nada se obtiene sin trabajar arduamente, todo lo que tiene valor se logra con mucho esfuerzo. En las olimpiadas se distinguieron algunos hombres a quienes se les califico como los más veloces del mundo. Y no solamente hombres sino también mujeres que compitieron en diferentes ramas deportivas con el único deseo de ser los mejores. Estos a la verdad se limitaron de muchas cosas solo para obtener una medalla que ni siquiera de oro, ni plata ni de bronce purose dice que eran. Más sin embargo quienes conquistaron alguna de esas medallas se sintieron triunfadores.
Para que se preparan el atleta? Sin duda alguna para ganar, eso tiene en su mente siempre que entrena sin descanso y se abstienen de muchas cosas con el único deseo de conquistar la medalla de oro, plata o bronce que lo distinguirán como el mejor del mundo.
En el párrafo anterior con respecto a lo dicho por el apóstol pablo inspirado por el Espíritu Santo podemos separar puntos importantes que relacionan a un deportista deseoso de conquistar la presea más importante que todo el oro del mundo y es la salvación eterna. Por lo tanto hay que tener bien claro que los atletas que conquistan la corona corruptible se preparan sin descanso cuanto más los atletas que anhelan la corona incorruptible deben estar más preparados pues el galardón es mejor que todas las medallas del mundo y solo la conquistan los valientes que no tienen miedo ni se avergüenzan de obtenerse de las cosas de este mundo. Y se están preprando día a día con el único fin de ser coronados por el rey de reyes que es Jesucristo el Salvador del mundo.
El apóstol pablo corrió, peleo la buena batalla para alcanzar la corona incorruptible que comparado con los atletas que corren solo por obtener medallas corruptibles.
Para ganar es necesario primeramente fijarse una meta y con disciplina y constancia pelear y conquistar el triunfo en caso de ser cristiano llevar una vida modelo en el servicio de Dios nada es imposible si ya se ha tomado una decisión. Para poder participar en los juegos olímpicos los atletas se imponen a un duro entrenamiento con la mentalidad de recibir una medalla de oro que les haga sentir importantes hombres o mujeres campeones de todo el mundo, solo que esta medalla en realidad no es verdaderamente de oro. En cambio el cristiano que lucha, sufre adversidades, resiste la tentación y esta firme en la fe y puestos los ojos en cristo no voltea para atrás es el que obtendrá el premio mayor con la única diferencia que este será incorruptible y durará para siempre.
Los que prosiguen la carrera hacia el blanco perfecto olvidando lo que quedo atrás serán dignos de recibir el galardón que Jesucristo a prometido a los que no le dejan a pesar de tantos sufrimientos siguen firme en su camino. Esto no quiere decir que el cristiano es ya una persona perfecta, claro que no es así, todavía mientras este aquí en la tierra esta sujeta a cometer errores pero no por esto se va hundir. Sino al contrario tiene que levantarse y seguir corriendo hasta lograr su objetivo para que no sea eliminado de la carrera.
Pablo estaba seguro hacia donde quería llegar ya había fijado su meta, no iba a aventurarse sin rumbo fijo todos sus viajes estaban preparados y con propósitos. Adopto una disciplina dura no quería ser eliminado, descalificado por lo que tenía que luchar para no perder el premio que le estaba esperando al terminar la batalla. “Golpeo mi cuerpo obligo a mi cuerpo a que me sirva”. 1 corintios 9-27. Podríamos decir que toda competencia es dolorosa. El buen deportista sabe bien que sin dolor no tendrá el premio. Los que triunfan deben soportar el sufrimiento hasta límites increíbles, obligando a sus piernas a continuar corriendo aun cuando ya no puedan más.
No se está hablando aquí de la salvación, que naturalmente es gratuita y nadie nos puede quitar, sino de una recompensa que recibiremos de acuerdo a nuestro comportamiento aquí en la tierra, una recompensa a nuestra manera de vivir la fe que un día experimentamos.
En este sentido debemos ser ambiciosos, y correr de tal manera, que obtengamos el premio. Ser perseverantes en nuestra fe, en esta vida, que Cristo nos ponga a su derecha junto con los corderos que fueron fieles y que recibirán su recompensa.
Como en toda carrera, se necesita una preparación. Alguien no preparado no puede emprender una carrera. Se necesitan técnicas para que nuestro correr sea provechoso, y sobre todo mucha constancia, para que no sean esfuerzos puntuales que no llevan a nada, sino un trabajo constante que nos llevará a la meta, victoriosos. ¿Quieres ganar la carrera?, presta atención a los consejos que Dios nos da. Primero es necesario entrenarse como lo hacen los deportistas para ir a los juegos olímpicos y después de haber participado siguen entrenándose para seguir compitiendo. Los verdaderos atletas suelen levantarse de madrugada a realizar ejercicios, tienen dietas especiales, no participan en actividades distractoras para que cuando lleguen los días de los juegos olímpicos estuvieran en óptimas condiciones de participar en la competencia para las cuales se han preparado. Los griegos tenían un entrenamiento que empezaba a los siete años, cuando los niños comenzaban ir al colegio, estudiaban las asignaturas básicas como lectura, escritura, matemáticas, música, poesía, danza, aprendían a tocar un instrumento musical y paralelamente, tenían un duro entrenamiento físico, lucha, boxeo, carreras, lanzamiento de jabalina y disco. Eran las materias básicas.
A los dieciséis años se les agregaban los estudios de literatura, filosofía y política. Un duro entrenamiento, dejando muchas cosas de lado, para obtener una corona de pino. Solían correr en el estadio completamente desnudo, pues querían desprenderse literalmente de todo lo que les pudiera estorbar en la carrera. No sentían vergüenza, porque sabían lo que significaba poder correr sin ningún impedimento.
El creyente también participa de una carrera, y no puede enfrentarse a ella sin un buen entrenamiento. Hay algunas cosas de las cuales debe abstenerse; no porque sean malas, sino porque dificultan y entorpecen la carrera. El propio Pablo les recuerda esto a los corintios “Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen; no me dejaré dominar por ninguna de ellas. 1ª Corintios 6,12.
El cristiano que sabe desprenderse de las cosas que le entorpecen su carrera, llega a la meta con derecho a premio. Un cristiano que en público práctica la abstinencia y luego a solas las hace nunca alcanzará la meta.
El que aún no es cristiano yo le invito a entrenarse y a desprenderse de aquellas cosas que lo limitan a no creer en las promesas de Dios. Y así alcanzar la recompensa o el premio a su esfuerzo y constancia porque lo que el mundo ofrece se acabará aun que nos guste mucho. Todo será destruido. Comentarios [email protected].