PAPA CALIENTE LA CRUZ ROJA ESTÁ EN. . .
Tenía una herida en la parte derecha de la frente, eran como cinco centímetros por donde manaba sangre en abundancia. Dos o tres compañeros me llevaron a la enfermería de La escuela. Sobre la mesa, de esas que utilizan los doctores, un muchacho estaba siendo atendido. Me tocó mi turno y el paramédico me indicó que me acostara y me pusieron una gaza muy transparente que me cubría toda la cara. Por un altoparlante se escuchó una advertencia: “si no salen en tres minutos, vamos a volar la puerta y los vamos a sacar a chingadazos”. Pasado el tiempo perentorio, se escuchó un estruendo que cimbró todo el edificio. Recordaba el piquete de soldados que caminaban hacia nosotros antes que me hirieran y al soldado que caminaba al frente con una bazuca al hombro, cuando a través de la gaza vi que un muchachito delgado y de baja estatura, entró corriendo y se metió en lo que yo supuse que era un medio baño, Detrás del jovencito entraron corriendo dos paracaidistas y sus fusiles con sus bayonetas caladas. Con los fusiles rompieron la puerta y sacaron al muchacho al que golpeaban inmisericordemente con sus armas. Alguien se lo llevó y dos paracaidistas se quedaron en la puerta de la enfermería con sus fusiles apuntando hacia donde estábamos, yo el herido y los dos paramédicos a los que veía claramente por las mallas de la gaza. Uno era moreno, de complexión robusta y de estatura regular, el otro era blanco, alto y entrado en años.
“Páseme las agujas”- dijo el paramédico moreno y entendí, que era el que tenía la autoridad. El paramédico mayor de edad me quedaba a la altura de mi cabeza; se agachó y pronto se volvió a erguir. “No puedo encontrar”, dijo y me di cuenta que no era mexicano, su acento era inglés. Se le notaba su nerviosismo. Le tomé la mano y le dije que no se preocupara, que a él no le pasaría nada, que el problema era para nosotros los estudiantes Entonces, el paramédico mexicano que estaba por la parte de mis pies le dijo a los paracaidistas: “por favor señores, pueden bajar sus armas, mi compañero está nervioso”. Entonces, vino la respuesta de un zopenco, de un irracional parecido a un hombre: “¿quién jijo de su puta madre les dijo que se metieran aquí?”. Entonces vino la respuesta del paramédico mexicano, que lo elevó al nivel de Don GUILLERMO PRIETO y dijo: “señor –aún le dijo señor a un irracional- la CRUZ ROJA está en donde hay heridos, sean civiles o sean militares”. Aquella respuesta fue como cubeta de agua fría y aquellos aprendices de gorilas bajaron las armas. Me suturaron y el paramédico me dijo: “ya estás listo muchacho”. Mi intuición me hizo ponerme las dos manos detrás de la nuca, me baje de la mesa y me fui a la puerta y pasé entre los dos “gloriosos miembros del cuerpo de paracaidistas del ejército mexicano”. Caminé hacia la puerta del edificio sintiendo casi el frio de las bayonetas y escuchaba el grito de angustia de decenas de muchachos, los improperios de la soldadesca, tiros de pistolas y el ladrido furioso de muchos perros. Ese fue el inicio del movimiento estudiantil de 1968.
El edificio que albergaba a la escuela nacional preparatoria No. 3 “maestro JUSTO SIERRA” es hasta hoy un edificio centenario; estaba a oscuras, habían cortado la corriente eléctrica; la oscuridad era casi total, salvo por los claros que entraban por las ventanas que daban a la calle. Cuando llegué a la puerta de entrada, me di cuenta que la bazuca había volado una hoja de la puerta centenarias; más tarde, cuando por presiones de nuestro rector, el ingeniero JAVIER BARROS SIERRA fuimos liberados y cuando regresé a mi escuela, pude percatarme de los cientos de balazos que había recibido su fachada. Pero nunca olvidé la respuesta valiente de aquel joven paramédico: “La CRUZ ROJA está donde quiera que haya heridos”. Y todos lo sabemos, la escuchamos casi a diario con su ulular que nos indica que va a donde de seguro hay un herido, o muchos heridos; pero nunca reparamos en todas las dificultades por la que atraviesa para su sostenimiento. Esta benemérita institución, fue fundada en 1849 en Ginebra Suiza, por HENRI DUNANT y desde 1986 es reconocida como CRUZ ROJA y MEDIA LUNA ROJA, que es como se le conoce en los países del medio oriente. Su existencia representa una posibilidad de vida, no únicamente para los heridos en algún accidente, sino para la gran mayoría de personas que en un apuro de salud, necesitan ser atendidas médicamente. Cada año se realizan campañas para recabar fondos, pues las necesidades son muchas y variadas y la verdad, es que no hay recursos que alcancen para hacerla verdaderamente funcional; y ahí es donde entra la capacidad de dirección de quien la administre.
En días reciente, el licenciado MARIO RAFAEL BUSTILLOS rindió un informe de labores al frente de esta institución, el informe es bastante significativo, si consideramos que se incrementaron las adquisiciones de vehículos así como materiales y equipos, pero como decía líneas arriba, ningún recurso es suficiente, ante las necesidades de una población altamente vulnerable socialmente hablando; por lo que nadie debía marginarse en apoyar a una institución como la CRUZ ROJA, que hace el bien sin mirar a quién. Todos debemos ser sensibles ante la solicitud de ayuda para una institución que a nivel mundial, representa no únicamente salud, sino ayuda humanitaria para países que viven en situación de hambre. Tabasco pues, no puede quedarse atrás en el apoyo a nuestra CRUZ ROJA, pues no está de más repetir lo que dijo aquel paramédico valiente: “La CRUZ ROJA está, donde quiera que hay heridos. . . “