PAPA CALIENTE LA RENUNCIA DE RATSINGER
( PRIMERA DE DOS PARTES)
Por siglos, la iglesia católica ha mantenido a sus fieles en el más grande oscurantismo espiritual; eso le ha convenido, pues la ignorancia es una cadena invisible que amarra cruelmente el pensamiento del hombre ó la mujer. Por esa ignorancia, el hombre católico, tira el cigarro y lo aplasta antes de entrar a su iglesia y vuelve a prender otro, cuando sale de escuchar la misa. Por esa ignorancia, el joven o la joven, en la mañana del domingo va a su misa y en la noche enfilan sus pasos a la disco. Confunden fe, con religión; ignoran que la fe según el apóstol PABLO: “es la certeza de lo que se espera, la seguridad de lo que no se ve”. Si el católico entendiera lo que es la fe, no necesitaría una imagen o un bulto, para que sus ruegos llegaran hasta la presencia del DIOS en que dicen creer. La fe pues, es el fundamento de todo aquel que diga que tiene su mirada puesta en DIOS y uno de los objetivos por lo que su hijo vino a la tierra como un hombre mortal, es que el hombre sea salvo y esto quiere decir, que al final del camino, pueda compartir con su hacedor, la vida eterna.
El católico vive en una confusión espiritual permanente; todo en su religión lo conduce a la diversión. El nacimiento de JESUCRISTO, lo celebra entre regalos y borracheras; su muerte la utilizan para la holgura y el esparcimiento en los lugares de recreo, combinado con bebidas alcohólicas. En suma, desconocen su lado espiritual. No en vano, el gran MAHATMA GANDI decía que admiraba a JESUCRISTO, pero no a los cristianos; y otro pensador oriental: SANDHU SINGH, decía que un día se encontraba a la orilla de un rio y dentro del agua vio una piedra que le atrajo su atención y la sacó; la golpeó con otra piedra y la partió en dos. Se dio cuenta que por dentro estaba seca, a pesar que aquella piedra seguramente había permanecido por muchos años dentro del agua. Entonces pensó, que lo mismo les ocurría a los hombres y mujeres que por siglos han estado sumergidos en el cristianismo, pero que esta doctrina no ha penetrado en ellas ó en ellos. Y así es, desde siglos, a los jerarcas católicos no les ha convenido que su feligresía se quite la venda de los ojos. Por eso, allá por mediados del siglo XIX, cuando aparece el Manifiesto del PARTIDO COMUNISTA en la URSS, éste señalaba a la religión como el opio de los pueblos; solo que cuando se hablaba de religión, la religión a la que se refería era la religión católica, porque era la predominante y cuando MAHATMA GANDI y SANDHU SINHG hablan de cristianos, no hacen la separación entre el catolicismo y el protestantismo. Aunque esto no quiera decir, que dentro de las religiones no católicas, no existan verdaderas aberraciones religiosas.
Nadie sabe, quien le dio a los sacerdotes católicos, la Patente de Corso sobre el evangelio de CRISTO, pero hay historiadores de las religiones, que señalan al siglo IV , en el papado de SILVESTRE I, que al convertirse eL rey CONSTANTINO junto con su madre, al catolicismo, este rey, puso en manos de la iglesia una colosal fortuna, que de hecho, SILVESTRE I se transformó en el primer papa rico del catolicismo. Y fue tan grande esa fortuna, que el mismo DANTE ALIGHIERI, dice en su obra LA DIVINA COMEDIA, en su paso por “el infierno”: “Ah Constantino, cuanta miseria haz causado, no por hacerte cristiano, sino por la dote, que el primer papa rico aceptó que le entregaras”. De ahí nacen muchos males en el catolicismo: la corrupción y toda una serie de actos totalmente reprobables, en medio de una inmoralidad desbordada. El Papa ADRIANO VI, hombre de gran honestidad de los muy contados en el catolicismo; elegido en 1552 y conocido como el último papa extranjero por ser de origen holandés, le escribía a su delegado en Holanda: “Considero oportuno que digáis, que reconocemos con entera franqueza, que a lo largo de muchos años, los episodios más aborrecibles se han dado cita en torno a la santa sede. Las cosas sagradas han sido maltratadas y se han transgredido las ordenanzas. La situación ha ido de mal en peor. Por lo tanto, no es de sorprender que la ruindad haya descendido de la cabeza a los miembros; de los Papas a las jerarquías. Todos nosotros, dignatarios y clerecía, nos hemos apartado un gran trecho del buen camino… Así las cosas, podéis prometer en nuestro nombre que, antes que nada y con la mayor diligencia, trataremos de reformar lo que es quizá la fuente de la que manan todos los males: la Curia romana”. A los pocos meses de haber hecho estas afirmaciones, el Papa ADRIANO moría. Según se dijo, había sido envenenado por su propio médico.
Un poco más de 400 años, en 1978, entre el 28 y el 29 de agosto, misteriosamente muere el Papa JUAN PABLO I, cuyo nombre era ALBINO LUCIANI. Italiano de nacimiento, electo el 26 de agosto de ese mismo 1978, ejerciendo un papado de tan solo 33 días. Su muerte, para el vaticano fue natural pero de origen desconocido, pero extramuros de la llamada santa sede, su muerte había sido parte de un complot para eliminarlo, pues el vaticano se encontraba hundido en medio de una corrupción que invadía toda su estructura financiera. ALBINO LUCIANI era un hombre de gran sencillez y humildad cuyo propósito era regresar a la iglesia católica, a los años anteriores a SILVESTRE I, el primer Papa rico. Su sueño era darle a sus feligreses una nueva iglesia: la iglesia de los pores. Después de la muerte de GIOVANNI MONTINI BAPTISTA mejor conocido como PABLO VI y en el proceso de elegir al nuevo Papa, ALBINO LUCIANI ni tan siquiera figuraba dentro de los candidatos de peso para suceder al finado PABLO VI, sin embargo, desde la primera votación, obtuvo 23 votos, abajo del cardenal SIRI que obtuvo 25 votos.
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