PERIODISMO CORRUPTO Y PERIODISMO SERIO AGENOR GONZÁLEZ VALENCIA
El hombre, en su evolución como ser social, no es estático. Ha sido un ser inconforme y ello le ha per-mitido inventar medios de comunicación que en la época actual asombran por su alta tecnología y por el contacto logrado entre emisores y receptores no obstante las distancias geográficas, que esos medios parecen borrar.
El periodismo escrito, radiofónico, o televisivo tiene un inmenso poder de penetración entre los habitantes de un municipio, Estado, una región, un país, un continente o el mundo. Todo depende del al¬cance que en la proyección tenga el órgano de difusión. Por eso los grupos de interés se han preocupado por controlarlo. Hoy en día las noticias están manipuladas por las grandes agencias informativas. En muchos aspectos vivimos desinformados porque las noticias nos llegan “maquilladas”, o distorsiona¬das. Las cadenas publicitarias responden a líneas políticas de quienes tienen el monopolio de la infor¬mación. Al público no llega siempre la verdad de los acontecimientos. Se sabe que quien primero capta las noticias tiene el poder político de revelarlas, ocultarlas, distorsionarlas, comunicar unas partes, pero otras no, reservarse inclusive el momento oportuno de la verdad o darle la interpretación que más con¬venga a los intereses que representa.
La publicidad política no corresponde a la improvisación. Responde, sí, a un programa planea¬do profesionalmente. Se va a ofrecer algo al público. Ese ofrecimiento debe estar animado de convicción. Para vencer hay que convencer. El periodista convence con el prestigio de su pluma, por la verticalidad de sus actos, por la imagen pública que haya logrado conquistar.
Existe un periodismo de entretenimiento, como también existe un periodismo morboso, un periodismo corrupto, y un periodismo serio.
En la antesala de los procesos electorales prolifera el periodismo de ocasión, de aquellos arri¬bistas que medran con las páginas de descrédito, de calumnias, de difamación para “ablandar” a sus víctimas o para dañar la imagen pública, mediante paga, de algún opositor.
El periodismo serio es el que forma opinión. Es el que tiene credibilidad. Es el que realmente se convierte en termómetro de las reacciones públicas. Cobra tal fuerza por mérito propio, que se le respeta en todo ámbito social.
El periodismo efímero, el del chisme, el transitorio, el del momento, daña y se le teme por la impunidad con la que actúa. Es el periodismo del chantaje, del soborno. El más brillante de esta especie es el que publica páginas en blanco. Es el que cobra por callar. Por no decir nada. Por ocultar la verdad.
Tabasco se ha distinguido por ser cuna de grandes periodistas. El tabasqueño tiene afición por las letras del molde. Nos gusta la comunicación. Afortunadamente todos nos conocemos. Se sabe quién es quién. Y si hay quienes se regocijan con el rumor y el desprestigio, también hay quienes lo reprueban y quienes se inclinan por un periodismo serio, respetable y convincente.
El periodismo es alta tensión, peligrosa en manos irresponsables; quienes lo fomentan, a la larga suelen arrepentirse porque se revierte contra ellos.
Los sabios de Sión aconsejaban controlar a la prensa. El periodismo es política. Quien lo con¬trola, controla el poder.
[email protected]
El periodismo escrito, radiofónico, o televisivo tiene un inmenso poder de penetración entre los habitantes de un municipio, Estado, una región, un país, un continente o el mundo. Todo depende del al¬cance que en la proyección tenga el órgano de difusión. Por eso los grupos de interés se han preocupado por controlarlo. Hoy en día las noticias están manipuladas por las grandes agencias informativas. En muchos aspectos vivimos desinformados porque las noticias nos llegan “maquilladas”, o distorsiona¬das. Las cadenas publicitarias responden a líneas políticas de quienes tienen el monopolio de la infor¬mación. Al público no llega siempre la verdad de los acontecimientos. Se sabe que quien primero capta las noticias tiene el poder político de revelarlas, ocultarlas, distorsionarlas, comunicar unas partes, pero otras no, reservarse inclusive el momento oportuno de la verdad o darle la interpretación que más con¬venga a los intereses que representa.
La publicidad política no corresponde a la improvisación. Responde, sí, a un programa planea¬do profesionalmente. Se va a ofrecer algo al público. Ese ofrecimiento debe estar animado de convicción. Para vencer hay que convencer. El periodista convence con el prestigio de su pluma, por la verticalidad de sus actos, por la imagen pública que haya logrado conquistar.
Existe un periodismo de entretenimiento, como también existe un periodismo morboso, un periodismo corrupto, y un periodismo serio.
En la antesala de los procesos electorales prolifera el periodismo de ocasión, de aquellos arri¬bistas que medran con las páginas de descrédito, de calumnias, de difamación para “ablandar” a sus víctimas o para dañar la imagen pública, mediante paga, de algún opositor.
El periodismo serio es el que forma opinión. Es el que tiene credibilidad. Es el que realmente se convierte en termómetro de las reacciones públicas. Cobra tal fuerza por mérito propio, que se le respeta en todo ámbito social.
El periodismo efímero, el del chisme, el transitorio, el del momento, daña y se le teme por la impunidad con la que actúa. Es el periodismo del chantaje, del soborno. El más brillante de esta especie es el que publica páginas en blanco. Es el que cobra por callar. Por no decir nada. Por ocultar la verdad.
Tabasco se ha distinguido por ser cuna de grandes periodistas. El tabasqueño tiene afición por las letras del molde. Nos gusta la comunicación. Afortunadamente todos nos conocemos. Se sabe quién es quién. Y si hay quienes se regocijan con el rumor y el desprestigio, también hay quienes lo reprueban y quienes se inclinan por un periodismo serio, respetable y convincente.
El periodismo es alta tensión, peligrosa en manos irresponsables; quienes lo fomentan, a la larga suelen arrepentirse porque se revierte contra ellos.
Los sabios de Sión aconsejaban controlar a la prensa. El periodismo es política. Quien lo con¬trola, controla el poder.
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